domingo, 25 de octubre de 2020

¡NO PASARÁN!

 

¡NO PASARÁN!

 

A estas  alturas de la historia, ver como lo estamos viendo, estampas de exaltación nazi-fascista por todos los rincones del país, energúmen@s que a cara descubierta y que con la complicidad de la mayoría de los medios de comunicación, hacen alarde de su defensa de la dictadura franquista y no se retraen en insultar y vilipendiar a las víctimas de la dictadura y a sus perseguidos y asesinados dirigentes, nos da una dimensión de hasta qué punto sigue presente un franquismo que pretendidamente había fenecido con la llegada de la transición.

 

Nada más lejos de la realidad. Los poderes del estado que sostenían las profundas estructuras del régimen y que habían parasitado todas las esferas de la administración y de influencia, no dan muestras de haber dejado atrás su papel activo en la consolidación de la dictadura y hacer efectiva de manera real y no solo teórica, de su apuesta por la democracia que suponía la nueva época, tras la muerte de Franco.

 

Casi 45 años después, se hace evidente que el dicho de “atado y bien atado”, que se le atribuye al genocida, no era tan solo una frase recurrente.

 

El poder económico, como viene siendo tradicional, pone a su servicio todos los recursos precisos  para evitar el recorte de su influencia y, como es lógico, de sus beneficios. Desde todos los frentes, los poderes fácticos se emplean a fondo para frenar el alcance de las reformas de tinte progresista que el gobierno social-comunista, como le llaman, intenta poner en marcha. Medidas que distan mucho de ser auténticamente revolucionarias, pero que suponen algunas mejoras puntuales, muy necesarias precisamente en unos momentos tan duros como los actuales, donde tantas personas están quedando desprotegidas y desvalidas ante la grave crisis económica asociada a la grave crisis sanitaria del covid-19.

 

La derecha política, con sus diferentes expresiones nacionales y nacionalistas, se presta encantada para intentar dar el estoque final a un gobierno desbordado por la enormidad y complejidad de la problemática actual. Con el necesario y machacón apoyo de la mayoría de los medios de comunicación, tienen puesta en marcha, de manera permanente y sostenida, una campaña de desprestigio, acoso e intoxicación informativa difícilmente soportable.

 

La catástrofe generada por el covid-19 es una oportunidad para poner en marcha, como ya pasara en los años 30 en la II República, una acción coordinada de acoso y derribo al gobierno, aunque para ello tengan que utilizar como rehenes a los ciudadanos. No es una pugna política honesta. Aunque se llenen la boca y las manos de patriotismo banderil, no hay tregua ni para unir esfuerzos de cara a combatir lo que debería ser para todos, la prioridad absoluta: la pandemia.

 

Llenan los jardines, las playas y otros espacios públicos de miles de banderitas como expresión de la “acción criminal de este gobierno dictatorial”. Da igual que cada una de ellas simbolice a  una de las víctimas del virus letal y que muchas de ellas hayan sido a consecuencia directa precisamente del quebranto provocado en los servicios públicos por los recortes aplicados por estos partidos que hoy pretenden abanderar la crítica a la acción gubernamental. Ejercicio de cinismo, hipocresía y mentira continua.

 

Todo vale para echar abajo al gobierno, incluso retomar prácticas golpistas y llamamientos a las fuerzas oscuras para que tomen cartas en el  asunto. A plena luz y sin esconderse amenazan y nos avisan. Se les ve envalentonados y aunque se parapetan en la bandera “constitucional”, cada vez se ven más aguiluchos e incluso directamente banderas pro-nazis, aumentan los signos de exaltación franquista y su activismo contra la recuperación de la memoria histórica. Proliferan las pintadas en monumentos o figuras republicanas, destrozos en carteles de señalización de lugares representativos, pintadas amenazantes en las fachadas de los locales de los partidos de izquierda. Hacen todo lo posible por hacerse visibles en las calles y entre gritos de “No a la dictadura”, que increíblemente estos energúmenos dirigen al legítimo gobierno actual, no les importa participar activamente de la exaltación del régimen criminal franquista. La misma realidad que sufrieron nuestros abuelos y que sabemos cómo acabó.

 

No parece que tengamos clara la estrategia a seguir frente a esta “nueva cruzada” que amenaza con llevarse por delante no sólo la aplicación de la suave Ley de Memoria Democrática, sino al propio gobierno, que está claro es el objetivo final. Hay quien defiende que no se debe entrar al trapo contra estas provocaciones, que se les ignore y que como un azucarillo acabará diluyéndose. Otros plantean una reacción abierta y clara, con el antifascismo como base y baluarte de la acción progresista.

 

Estaría bien aprender de la historia. La II República no se tomó en serio las amenazas golpistas ni la agresiva actividad de los falangistas y fascistas de la época. Quizá lo peor sería seguir mirándonos el ombligo y no aunar un esfuerzo unitario que priorice la denuncia y el combate contra ese fascismo que nunca nos dejó e intenta cual ave fénix resurgir de sus cenizas. No se apagaron bien y ahí tenemos el resultado.

 

15 octubre 2020

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