¡NO PASARÁN!
A estas alturas de la historia, ver como lo estamos
viendo, estampas de exaltación nazi-fascista por todos los rincones del país,
energúmen@s que a cara descubierta y que con la complicidad de la mayoría de
los medios de comunicación, hacen alarde de su defensa de la dictadura
franquista y no se retraen en insultar y vilipendiar a las víctimas de la
dictadura y a sus perseguidos y asesinados dirigentes, nos da una dimensión de
hasta qué punto sigue presente un franquismo que pretendidamente había fenecido
con la llegada de la transición.
Nada más lejos de la
realidad. Los poderes del estado que sostenían las profundas estructuras del
régimen y que habían parasitado todas las esferas de la administración y de
influencia, no dan muestras de haber dejado atrás su papel activo en la
consolidación de la dictadura y hacer efectiva de manera real y no solo
teórica, de su apuesta por la democracia que suponía la nueva época, tras la
muerte de Franco.
Casi 45 años después, se
hace evidente que el dicho de “atado y bien atado”, que se le atribuye al
genocida, no era tan solo una frase recurrente.
El poder económico, como
viene siendo tradicional, pone a su servicio todos los recursos precisos para evitar el recorte de su influencia y,
como es lógico, de sus beneficios. Desde todos los frentes, los poderes
fácticos se emplean a fondo para frenar el alcance de las reformas de tinte
progresista que el gobierno social-comunista, como le llaman, intenta poner en
marcha. Medidas que distan mucho de ser auténticamente revolucionarias, pero
que suponen algunas mejoras puntuales, muy necesarias precisamente en unos
momentos tan duros como los actuales, donde tantas personas están quedando
desprotegidas y desvalidas ante la grave crisis económica asociada a la grave
crisis sanitaria del covid-19.
La derecha política, con
sus diferentes expresiones nacionales y nacionalistas, se presta encantada para
intentar dar el estoque final a un gobierno desbordado por la enormidad y
complejidad de la problemática actual. Con el necesario y machacón apoyo de la
mayoría de los medios de comunicación, tienen puesta en marcha, de manera
permanente y sostenida, una campaña de desprestigio, acoso e intoxicación
informativa difícilmente soportable.
La catástrofe generada por
el covid-19 es una oportunidad para poner en marcha, como ya pasara en los años
30 en la II República, una acción coordinada de acoso y derribo al gobierno,
aunque para ello tengan que utilizar como rehenes a los ciudadanos. No es una
pugna política honesta. Aunque se llenen la boca y las manos de patriotismo
banderil, no hay tregua ni para unir esfuerzos de cara a combatir lo que
debería ser para todos, la prioridad absoluta: la pandemia.
Llenan los jardines, las
playas y otros espacios públicos de miles de banderitas como expresión de la
“acción criminal de este gobierno dictatorial”. Da igual que cada una de ellas
simbolice a una de las víctimas del
virus letal y que muchas de ellas hayan sido a consecuencia directa
precisamente del quebranto provocado en los servicios públicos por los recortes
aplicados por estos partidos que hoy pretenden abanderar la crítica a la acción
gubernamental. Ejercicio de cinismo, hipocresía y mentira continua.
Todo vale para echar abajo
al gobierno, incluso retomar prácticas golpistas y llamamientos a las fuerzas
oscuras para que tomen cartas en el
asunto. A plena luz y sin esconderse amenazan y nos avisan. Se les ve
envalentonados y aunque se parapetan en la bandera “constitucional”, cada vez
se ven más aguiluchos e incluso directamente banderas pro-nazis, aumentan los
signos de exaltación franquista y su activismo contra la recuperación de la
memoria histórica. Proliferan las pintadas en monumentos o figuras
republicanas, destrozos en carteles de señalización de lugares representativos,
pintadas amenazantes en las fachadas de los locales de los partidos de
izquierda. Hacen todo lo posible por hacerse visibles en las calles y entre
gritos de “No a la dictadura”, que increíblemente estos energúmenos dirigen al
legítimo gobierno actual, no les importa participar activamente de la
exaltación del régimen criminal franquista. La misma realidad que sufrieron
nuestros abuelos y que sabemos cómo acabó.
No parece que tengamos
clara la estrategia a seguir frente a esta “nueva cruzada” que amenaza con llevarse
por delante no sólo la aplicación de la suave Ley de Memoria Democrática, sino
al propio gobierno, que está claro es el objetivo final. Hay quien defiende que
no se debe entrar al trapo contra estas provocaciones, que se les ignore y que
como un azucarillo acabará diluyéndose. Otros plantean una reacción abierta y
clara, con el antifascismo como base y baluarte de la acción progresista.
Estaría bien aprender de
la historia. La II República no se tomó en serio las amenazas golpistas ni la
agresiva actividad de los falangistas y fascistas de la época. Quizá lo peor
sería seguir mirándonos el ombligo y no aunar un esfuerzo unitario que priorice
la denuncia y el combate contra ese fascismo que nunca nos dejó e intenta cual
ave fénix resurgir de sus cenizas. No se apagaron bien y ahí tenemos el
resultado.
15 octubre 2020
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