El futuro de nuestros hijos
La inacabable crisis
sanitaria que impregna todos los espacios públicos y privados nos señala a
determinados colectivos como los más afectables por sus consecuencias. Los
mayores, los de riesgo médico, el personal sanitario que debe enfrentar en
primera línea la pandemia, los trabajadores
de la educación, etc. Pero pienso que poca atención se está poniendo en
nuestros niños y jóvenes en edad de formación; que, como se suele decir
tópicamente, son el futuro.
Estamos de acuerdo que en
estos momentos la prevención es lo primero y que una gran parte de los esfuerzos
han de dirigirse a evitar los contagios, pero el impacto psicológico-emocional
y educativo va a ser muy elevado. Por un lado, las medidas de seguridad obligan
a cercenar el libre y necesario desenvolvimiento con el que han de crecer y
desarrollarse los más pequeños, limitando su movilidad y su necesaria
curiosidad táctil y de contacto con sus pares, siempre bajo la atenta
supervisión de adultos, se antoja como un importante condicionante para su
normal desarrollo, más cuando la situación se alarga n el tiempo y no hay visos
de finalización.
En edades superiores, al
tema de la rigidez en las relaciones personales y sociales, se une la
incidencia que puede darse en la adquisición del currículum académico
correspondiente. Han sido y son muchos meses de desconcierto y descontrol, con
la imposición de la moda on line y la relajación a la hora de evaluar la
adquisición de esos conocimientos; además de la lógica alegría de los
estudiantes por la manga ancha, cuando no aprobación general, con la que la administración
educativa ha intentado enfriar la traumática situación, se antoja como
perjudicial esta laxitud en el nivel de exigencias académicas que, a la postre,
pueden ser negativamente determinantes en el futuro educativo, laboral e
incluso personal para muchos de nuestros niños y jóvenes.
Para los universitarios
que han acabado o están prontos a finalizar en estos meses sus estudios de
grado o máster la previsión no parece más halagüeña. Y no sólo por las dificultades añadidas que
comporta el cambio en los hábitos de estudio, el imperio de las nuevas
tecnologías. Los nuevos sistemas de evaluación a distancia ponen en cuestión la
valoración posterior de estos estudios en el mundo laboral. Existe un evidente
peligro de descrédito que puede caer sobre todas las titulaciones
universitarias o profesionales obtenidas durante este tiempo, por lo que el
enorme esfuerzo que la inmensa mayoría de los universitarios (y sus familias)
realizan puede resultar estéril o considerablemente afectado, con su
implicación sobre la vida futura de nuestros hijos.
3 Octubre 2020
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