domingo, 11 de octubre de 2020

CRÓNICAS PANDÉMICAS 3. ¡Sálvese el que pueda!

 

¡Sálvese el que pueda!

Malos tiempos para priorizar el bien colectivo. Aunque estamos inmersos en una crisis social que afecta a todos y cuya solución pasa por arbitrar medidas globales a través de una acción colectiva armonizada; parece evidente la complejidad que supone la traducción efectiva de las medidas preventivas necesarias.

 

La problemática añadida a la pandemia, por el covid19, es la facilidad de su transmisión. A diferencia de otras grandes crisis sanitarias (como el SIDA), no precisa de un ejercicio más o menos de voluntad o activo para enfermar. Basta con bajar la alerta. Confiar en exceso de personas y espacios más o menos familiares ha acabado con muchas personas confinadas u hospitalizadas si han mostrado síntomas; y con muchos otros, convertidos sin quererlo, en agentes transmisores de manera asintomática; en un viaje que se muestra fundamentalmente individual. Al menos precisa de una estrategia personal.

                                                  

Esta acción individualizada  se puede manifestar de dos maneras. Por un lado, siendo conscientes de la dimensión profunda del problema, entender que hay que observar una conducta activa de prevención y no solo por nosotros mismos sino también hacia los demás, en especial cuando nos relacionamos con personas en especial riesgo, como nuestros mayores. Todo ello sin entrar en pánico, que nunca ayuda, hay que manejarse con sensatez, evitando el máximo la exposición a situaciones y personas de riesgo, y tomando las medidas de prevención que se han mostrado eficaces.

 

Por otro lado, desgraciadamente asistimos a tener que convivir con personas irresponsables que tienen comportamientos absolutamente egoístas y negligentes, por acción o por omisión. Estamos rodeados de expertos médicos y viró

logos por todos lados, de negacionistas de la evidencia, de propagadores de mensajes esotéricos o ultrarreales que se obstinan en convencernos de que no hay que hacer caso a todo esto, que no es para tanto.

 

A todo ello hay que añadir el lamentable espectáculo de los dirigentes políticos y el conflicto de fondo que plantea que hay que elegir entre economía o salud. Ante todo ello, lo que decía el clásico: “que dios nos pille confesados”.

 

29 septiembre 2020

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