¡Sálvese el que pueda!
Malos tiempos para
priorizar el bien colectivo. Aunque estamos inmersos en una crisis social que afecta
a todos y cuya solución pasa por arbitrar medidas globales a través de una
acción colectiva armonizada; parece evidente la complejidad que supone la
traducción efectiva de las medidas preventivas necesarias.
La problemática añadida a
la pandemia, por el covid19, es la facilidad de su transmisión. A diferencia de
otras grandes crisis sanitarias (como el SIDA), no precisa de un ejercicio más
o menos de voluntad o activo para enfermar. Basta con bajar la alerta. Confiar
en exceso de personas y espacios más o menos familiares ha acabado con muchas
personas confinadas u hospitalizadas si han mostrado síntomas; y con muchos
otros, convertidos sin quererlo, en agentes transmisores de manera
asintomática; en un viaje que se muestra fundamentalmente individual. Al menos
precisa de una estrategia personal.
Esta acción
individualizada se puede manifestar de
dos maneras. Por un lado, siendo conscientes de la dimensión profunda del
problema, entender que hay que observar una conducta activa de prevención y no
solo por nosotros mismos sino también hacia los demás, en especial cuando nos
relacionamos con personas en especial riesgo, como nuestros mayores. Todo ello
sin entrar en pánico, que nunca ayuda, hay que manejarse con sensatez, evitando
el máximo la exposición a situaciones y personas de riesgo, y tomando las
medidas de prevención que se han mostrado eficaces.
Por otro lado,
desgraciadamente asistimos a tener que convivir con personas irresponsables que
tienen comportamientos absolutamente egoístas y negligentes, por acción o por
omisión. Estamos rodeados de expertos médicos y viró
logos por todos lados, de
negacionistas de la evidencia, de propagadores de mensajes esotéricos o
ultrarreales que se obstinan en convencernos de que no hay que hacer caso a
todo esto, que no es para tanto.
A todo ello hay que añadir
el lamentable espectáculo de los dirigentes políticos y el conflicto de fondo
que plantea que hay que elegir entre economía o salud. Ante todo ello, lo que
decía el clásico: “que dios nos pille confesados”.
29 septiembre 2020
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