ARRUGAS,
CANAS,…., DIGNIDAD.
Vivimos tiempos convulsos. Lo peor de
la crisis ha pasado, dicen. El coste está amortizado, dicen. Los grandes
problemas actuales son más profundos, dicen. Los pajaritos cantan y las nubes
se levantan. Tras los grandes titulares televisivos y las grandilocuentes
palabras de unos y otros; en nombre pretendidamente de todos nosotros nos
señalan las pautas de los acontecimientos y como directores de orquesta marcan
el compás para que bailemos en su fiesta nacional. Unos y otros.
Mientras compiten por ver quién
concentra más banderas y participantes por metro cuadrado o haber quién la
tiene más grande (la bandera, claro);
unas cuantas personas valientes, semana tras semana, desde hace muchos meses,
pasean sus arrugas y sus canas, marea tras marea, marcha tras marcha,
reivindicando unos derechos básicos pisoteados y no recuperados tras el
genocidio económico de los últimos diez años que ha multiplicado las cifras de
desamparados y de excluidos sociales.
Con frío o calor, con cansancio,
rabia y frustración acumuladas; pero, con una enorme dignidad, muchos de
nuestros mayores, nuestros yayos y yayas, muchas veces desde la soledad y el
abandono por parte de los que deberían abanderar esas reivindicaciones, han
sacrificado su tranquilidad, su comodidad, a sí mismo y a los suyos para
intentar hacer visible en nuestras calles, la dura realidad de muchos de sus
conciudadanos y las tragedias que se viven, aún hoy en día, en muchos hogares.
Trascendiendo, la mayoría de veces su
propia situación, reivindican derechos fundamentales para todos, tan
descabellados como pedir una jubilación, un trabajo, una sanidad, una educación
dignas y nos dan un ejemplo de compromiso inconmensurable. No saben hacer otra
cosa. Son los mismos que años atrás tuvieron que romperse la cara contra el
franquismo, los que tuvieron que batallar en las fábricas y en los barrios y
que forzaron la consecución de esos derechos humanos básicos pero fundamentales
que los gobiernos neoliberales, de un color y de otro, han mandado al traste en
los últimos años.
Quizá no sean grandes entendidos de
la macro y la microeconomía, de las coyunturas y demás monsergas tertulianas con
que nos aburren y nos adormecen desde las altas esferas. Desde su humildad,
desde su sencillez, desde el compromiso activo y real, desde su coherencia sólo
entienden una cosa: la lucha es el único camino. Si los ves…únete. Es por ti, por mí, por
todos.
diciembre 2018