miércoles, 8 de abril de 2020

SILENTE ENEMIGO


SILENTE ENEMIGO, que no osas mirarnos cara a cara y atacas desde nuestra propia debilidad, sin necesidad de posar tus garras transmisoras en nuestros inermes cuerpos. Corremos, nos ocultamos, intentamos sortearte pero ahí estás, siempre presente. Desde tu invisibilidad, desde nuestra ceguera, en una contienda desigual, tu manto extiendes por doquier y acaba envolviendo nuestro espacio vital hasta hacerlo asfixiante, desesperante desde nuestra activa impotencia. Tu principal arma: nuestro miedo. Tus espinas coronarias nos perforan sin tocarnos. Tus envenenados dardos nos llegan de negligentes inconscientes que, cual danza maldita, pasan por nuestro lado, una y otra vez;  invaden nuestras barreras  y debilitando nuestras defensas, amenazan seriamente nuestra existencia. Dramática liturgia cotidiana, persistente resistencia numantina, responsable coherencia con la vida, en manos de ajenos cómplices tuyos, instrumento necesario para tu dominio, cooperantes homicidas, suicidas y asesinos por dejación de su propio compromiso y renuncia vital, autómatas del yoísmo, dispensadores de dolor y de muerte silenciosa que hora tras hora va adueñándose del paisaje.
El temor, la duda, la incerteza, el miedo, la desesperanza y la oscuridad ganan la partida poco a poco. Cada suspiro, cada respiración, cada temblor, cada ruido que emite nuestro desestabilizado interior, cada calentura, cada pálpito nos paraliza el organismo que se irradia de flujo eléctrico  paralizante y ensombrece nuestra razón como si desde un elevado precipicio estuviésemos a punto de emprender un viaje al abismo.  En pocas jornadas, nuestra insatisfactoria vida rutinaria se ha esfumado y el anhelo de su retorno se antoja incierto. Conscientes de nuestra frágil debilidad, de caminar por un alambre cual funambulista, apretamos nuestras manos fuertemente y suspiramos por cada día traspasado sin novedades. Las desastrosas y deprimentes imágenes en las que los medios se recrean, cual buitres que sobrevuelan la presa, nos empequeñecen y nos atolondran. Suspiramos profundamente desde nuestro aislado encierro voluntario, mientras miramos desconfiadamente a nuestro alrededor e intuimos tu presencia omnipresente tras nuestros cristales, contando eternamente las jornadas, esperando impacientes que de nuevo amanezca.
Aquí y ahora, 21 marzo 2020

NEGROS NUBARRONES SE CIERNEN SOBRE EL HORIZONTE.


NEGROS NUBARRONES SE CIERNEN SOBRE EL HORIZONTE.

Duros tiempos de supervivencia para la población de un planeta ya tocado por una variada sintomatología perversa. La pandemia de coronavirus es la última prueba, una más,    que la naturaleza nos envía como señal de la ignorada debilidad de una humanidad presa de los designios interesados de una parte de ella. La crisis humanitaria, solo en ciernes, presagia una hecatombe de alcance inimaginable y que puede dejar en ridículas las cifras de anteriores catástrofes y conflictos bélicos. La globalización pasa factura a ese desarrollismo capitalista infernal que nos hace más vulnerables a este tipo de desgracias.
El primer mundo, principalmente, tiembla ante el empuje homicida de un virus (de oscura procedencia) que amenaza con hacer temblar nuestros pilares existenciales y nuestra propia supervivencia personal. El tercer mundo, ya ocupado en sus múltiples y cotidianas pandemias económicas y médicas, asiste desarmado a lo que parece ser se avecina como puntilla a su delicada existencia.
Los noticiarios catastróficos, con informaciones verídicas y fabricadas, se encargan de insuflarnos el pánico en nuestros tuétanos y mostrarnos un futuro apocalíptico. La manera de combatir al invisible asesino también nos da una dimensión de la madurez de nuestras sociedades y de la valía de nuestros gobernantes y políticos, en general. Las sociedades avanzadas (económicamente) no estábamos preparadas para abordar una crisis de estas características: la improvisación y sobre todo las carencias resultado de las políticas austericidas y genocidas de gobiernos que gestionaban principalmente los intereses de los más favorecidos nos han acabado convirtiendo a los mortales ciudadanos en cobayas y agentes pasivos de decisiones cambiantes por momentos. De nuevo, como en todas las crisis, los más perjudicados serán los mismos de siempre. A los que logremos sobrevivir nos esperan oscuros tiempos y sacrificios aún inimaginables (como si no fuera ya suficiente lo padecido tras la crisis capitalista de 2008). Ahora, lo prioritario es seguir adelante, velar por los nuestros y confiar que el paso de los días atenúe y diluya la acción mortífera de ese virus.
Esta crisis está haciendo aflorar, como suele suceder en todas, lo mejor y lo peor de nuestra sociedad. Las actitudes irresponsables de unos cuantos, el síndrome del francotirador desde algunos balcones son meras anécdotas comparadas con los múltiples ejemplos de solidaridad activa que, una vez más, fluye desde muchos corazones y que va más allá del aplauso de las ocho o el canto a coro del Resistiré, y no me refiero a las hipócritas aportaciones (limosnas) que los ricachones y modernos de moda hacen de modo público, si no a los silenciosos Compatriotas (éstos sí con mayúscula) que en su acción van más allá de su egoísmo propio y están pendientes del vecino necesitado o limitado, procurando una ayuda que los servicios públicos no llegan a abordar. Suelen ser personas no sobradas de recursos pero que entienden muy bien un concepto muy manido  hoy en día pero mal utilizado en muchos casos: la solidaridad. Acto de compartir lo poco que se tiene. De manera totalmente altruista y sin necesidad de publicitarse. Un acto ejemplar de empatía y de compromiso social. Las redes están llenas de ejemplos.
A un nivel referencial superior podemos ver y analizar el comportamiento de los gobiernos en su gestión de la crisis humanitaria, en relación a sus propios pueblos y a los demás. Por alguna razón la pandemia se está cebando más en algunos países (Italia, España,…) que en otros. La incapacidad para dar respuesta inmediata a las necesidades de prevención y cuidado ha acabado sobrepasando el sistema público de estos países y ha constatado la necesaria ayuda cooperativa de otros países, sobre todo de los menos afectados. Y es aquí principalmente donde se ha mostrado la verdadera cara de cada cual y su papel en la contribución de soluciones. Los gobiernos capitalistas de Alemania, Holanda, la mayoría de europeos del centro y norte del continente y sobre todo los EE.UU. y Gran Bretaña han priorizado por una opción egoísta y nada empática con sus socios del sur: España e Italia principalmente y mucho menos, por tanto, con pueblos de otra área geográfica. Se ha desatado una política de rapiñaje alrededor de los medios de prevención y de tratamiento sanitarios, reteniendo materiales o robándolos directamente, unos a otros. Está claro que no estábamos preparados ni para una posible catástrofe de este alcance ni que contáramos con una base productiva y empresarial que pudiese reaccionar de manera inmediata. Las prioridades y las orientaciones del mercado iban en otro sentido.
Por otro lado, tenemos el proceder de otros países con filosofías de base bastante distintas, como el caso de China que sin titubeos supo reaccionar a tiempo y de manera drástica para contener la pandemia en su territorio y que ahora capitanea la producción de todo tipo de materiales y cuya acción va mucho más allá del mero interés egoísta y de mercadeo capitalista (por mucho que haya de criticable a otros niveles). El resto del mundo mira hacia sus aeropuertos y puertos con los ojos clavados en esos, tan cotidianos, contenedores chinos donde ahora llegan los medios para hacer frente a la pandemia, muchas veces de manera altruista y exclusivamente solidaria. También envían equipos médicos, con maquinaria y profesionales especializados. La imagen de los camiones del ejército ruso (el enemigo comunista) circulando por las calles de Italia llevando materiales y profesionales sanitarios a las áreas más castigadas del país, también es bastante expresiva y sintomática. Mientras, el pueblo y el gobierno italiano siguen esperando la colaboración de sus “socios” europeos y atlantistas, la llegada de la ayuda y la aplicación de políticas que contribuyan a abordar la gran crisis social que junto a la médica está provocando esta epidemia. Lo mismo podemos decir para España.
Pero si hay que poner en valor una especial contribución y una lección humanitaria y solidaria sin igual es la que está aportando el pueblo cubano, a través del envío (una vez más) de brigadas de profesionales sanitarios no solo a países pobres, carentes de medios, que ya cuentan con la tradicional colaboración cubana (en América Latina o África); si no que han brindado la participación de sus contrastados profesionales a cualquier país que lo precise. En un hecho sin precedentes los tenemos actuando en plena Europa capitalista: en Italia y Andorra, donde son recibidos entre aplausos por la población y a la espera que gobiernos “falsamente orgullosos”, como el nuestro, den curso a las muchas peticiones que desde diferentes territorios se está haciendo reclamando la presencia de estos profesionales solidarios, bregados en muchas luchas de este tipo por territorios de todo el planeta, haciendo frente de manera resolutiva a epidemias como el ébola.
Cuba, una vez más, nos muestra el camino solidario, su capacidad de compartir los escasos recursos que tienen allá donde sean necesarios. Como forma intrínseca e identitaria de lo que es la concepción socialista de la sociedad y de la humanidad. Cuando uno comparte lo poco que tiene es solidaridad, si da algo de lo que le sobra es limosna. 60 años de ejemplo contra viento y mareas, a pesar del genocida bloqueo al que la administración yanqui los tiene sometidos, en medio de dificultades de todo tipo que han hecho al pueblo cubano resistente y persistente. Cuba tiene 9 médicos por cada 1.000 habitantes. En la actualidad hay 28.000 médicos cubanos en 59 países, en 37 de ellos haciendo frente al COVI-19. Especialmente valorados por su alta capacitación resolutiva acostumbrados a manejarse en situación de escasez de recursos y de limitaciones de todo tipo, van donde nadie quiere ir: a las favelas brasileñas, a los barrios marginales y pobres de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, a los países más pobres de África, orgullosos de su cubanidad y de su acción cooperante y solidaria.
Mientras, el guardián de occidente, pone en marcha todos sus recursos chantajistas y violentos para impedir esta acción solidaria, obligando a gobiernos títeres, como en Brasil, Bolivia, Ecuador y otros a renunciar a los miles de médicos cubanos que garantizaban un acceso sanitario a los más pobres de la sociedad. Además, haciendo gala de su concepción colonialista de las relaciones internacionales amenaza a empresas y países para evitar cualquier tipo de relación comercial con Cuba, negando no solo la llegada de materias primas y suministros esenciales a la isla, si no acentuando la presión del bloqueo para impedir que lleguen las ayudas envidas por países hermanos para atender la pandemia en el territorio. A la par que ponen en marcha una amenazante operación contra Venezuela, reactivan su presencia en Siria e Irak y movilizan sus tropas, no para ayudar a los países necesitados por la crisis humanitaria si no para extender su dominio imperialista aprovechando las circunstancias. Mientras, en su territorio, la mayoría de su población queda abandonada a merced del virus dando pie a una de las peores crisis sociales que ha vivido el gigante yanqui. Cuestión de prioridades.
Abril 2020