martes, 14 de febrero de 2023

Tomi

 


Nos acaba de dejar nuestro querido compañero Tomi. Un ejemplo de compromiso incondicional. Son muchas las cosas que se pueden explicar sobre él. Os dejo aquí el capítulo que dedicado a él incluimos en el libro ME LO DECÍA MI PAPÁ, fabricado mano a mano con él y que recoge muchos aspectos no tan conocidos de su vida plena. Ahora, de la mano de su querida Primi caminan en la eternidad de la memoria. Seamos dignos discípulos de Tomi. Patria o muerte, venceremos. 




Capítulo 7. En nombre del amor: ¡viva el marxismo-leninismo!


Tomás Marín Martínez, (a) Tomi. (1925) Luchador antifranquista y activista internacionalista.


195 años son muchos para repartir entre solo dos personas. Miro a mi Primi sentada en el sofá

de nuestro comedor, con sus 100 y no puedo evitar el emocionarme y recordar aquella tarde

en el salón de baile Cibeles cuando quedé prendado de ella. Al segundo baile se selló nuestra

unión para siempre. Era 1955, yo tenía 30 años, ella 35. 65 años después aquí estamos, más

unidos que nunca. La edad y sus achaques limitan enormemente nuestras actividades. Vivimos

de alquiler en un quinto piso de un humilde edificio de Hospitalet, sin ascensor, lo que nos

obliga desde hace ya tiempo a reducir al máximo nuestras salidas. Primitiva hace más tiempo,

ha estado más delicada. Yo me encargo de la compra y de las tareas de casa. Un servicio de

catering nos resuelve el tema de las comidas. Mi modesta pensión nos permite tener todo lo

que necesitamos. Desde hace un tiempo mi dedicación es exclusiva para mi Primi y apenas

salgo. Alguna visita y el teléfono me mantienen en contacto con el exterior. Si tengo que salir

por algo muy excepcional me organizo con nuestro único hijo, que ahora tiene 63 años y me

releva durante mi ausencia.

Abandoné mi activa vida asociativa hace unos pocos años, después de toda una existencia

dedicada al compromiso por los demás. También parece ser que ella me ha abandonado a mí.

Los ritmos alocados de la realidad actual descuidan las relaciones personales y los viejos

acabamos siendo desplazados al rincón del recuerdo y de la historia.

Mi nombre es Tomás Marín Martínez pero todos me conocen por Tomi. Vine al mundo gracias

a Braulia y a Juan, en Povedilla, provincia de Albacete, en tierras manchegas, conocidas por el

buen queso, excelente vino y exclusivas navajas. También por los caballeros hidalgos e

ingeniosos. Mi pueblo apenas ha tenido unos cientos de almas. Al pie de la sierra de Alcaraz,

no era territorio de fácil subsistencia. El gran contraste de temperaturas, con inviernos polares

y veranos tropicales ha forjado una fortaleza innata en sus gentes. La mayor parte de ellos se

han dedicado al duro trabajo agrícola, compatibilizando pequeñas propiedades familiares poco

productivas con el oficio de jornalero, para trabajar en las mejores tierras, evidentemente en

manos de unos pocos terratenientes.

Mi padre, trabajador ejemplar, cuidaba un pequeño trozo de tierra donde criaba uno de los

mejores vinos de la comarca. Su actividad laboral principal la desarrollaba para el coronel

Navarro Flores, uno de los cinco caciques de la zona, como encargado de su finca, dedicada

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fundamentalmente a la explotación vinícola. Su familia, con siete hijos le imponía un nivel de

sacrificio enorme. Ni siquiera ser el mejor especialista le garantizaba un salario justo.

Nací en 1925, 6 años antes de la proclamación de la Segunda República. Eran tiempos movidos

y de lucha jornalera. Mi padre, militante del partido comunista, era discreto, no eludía su

compromiso y siempre se caracterizó por su honradez y su entrega por los demás. Conservaba

su trabajo porque su labor era imprescindible para que la explotación agraria tirara adelante.

Con la guerra, la huida del coronel y su familia por el fracaso del alzamiento en estas tierras

albaceteñas, se colectivizaron sus propiedades y acabaron convirtiéndolas en un aeródromo

militar. Tuvieron que arrancar las cepas que mi padre había cuidado con tanto cariño, aunque

lo hizo de manera que no fuese irreversible el proceso si más adelante se decidía volver a la

producción vitícola. Tal y como pasaría.

Recuerdo muy bien la época republicana. Mi paso por la escuela y mi maestro Cándido Ortiz,

comunista también, enseñó muchas cosas y principalmente a pensar y el amor por la cultura.

Como tantos otros maestros republicanos acabaría purgado y muriendo en la cárcel. No llegué

a completar los estudios primarios. Apenas tuve tiempo de aprender a leer y a escribir, pero el

anhelo por aprender me atrapó y me formé de manera autodidacta. Me encantaba leer sobre

todos los temas especialmente la geografía y las matemáticas. Recuerdo también que me

gustaba ir al local de la CNT donde había mucha actividad cultural y política. Después vino la

guerra y tras ella la dura etapa de la represión. Nos dejaron un poco en paz porque mi padre

era el mejor para su trabajo. El coronel que recuperó sus tierras volvió a llamarlo para volver a

activar la explotación agrícola. Yo tenía 14 años cuando triunfaron los fascistas y ya tenía

bastante formada la ideología que me acompañaría toda la vida. La muerte de mi hermano

José Miguel combatiendo en Lérida por la República sería el colofón.

Mi padre, a pesar de las circunstancias adversas se había significado como republicano, seguía

en su afán de defender a los más desfavorecidos y finalmente acabó siendo despedido.

Como algunas otras familias de la zona ayudábamos lo que podíamos a las partidas guerrilleras

que proseguían la lucha en las montañas. Recuerdo la sensación que me invadía cuando tenía

la oportunidad de contactar con algún maqui. De buenas ganas me hubiera ido con ellos, pero

la situación estaba complicada. Las fuerzas represivas fascistas se empleaban a fondo y no era

fácil tener alguna actividad militante de compromiso. Nosotros estábamos muy vigilados.

Durante el período de la II guerra mundial, en el que teníamos depositadas tantas ilusiones

que después se vieron frustradas, seguíamos atentos todos los acontecimientos y leía con

ansias los diarios para ver cómo evolucionaba la ofensiva contra el nazismo. La alegría por el

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triunfo aliado duró bien poco cuando nos convencimos de que no cumplirían con su

compromiso de echar a Franco del poder. Había que seguir resistiendo.

Me centré durante mi juventud en trabajar lo máximo posible y colaborar con la economía

familiar tan maltrecha. Eran los duros tiempos del hambre, la miseria y el estraperlo. Con 21

años tuve que incorporarme al servicio militar donde estuve 33 meses. Acabé destinado en

Baleares, en Mahón; donde gané los galones de cabo primero y el sueldo correspondiente de

300 pesetas que en el año 1949 era una buena ayuda para la casa. Volví con 24 años al pueblo,

donde permanecí un par de años más hasta que me tocó recorrer el camino de la emigración,

como a la mayoría de mis paisanos.

En 1951 llegué a Barcelona con tres de mis hermanos. El resto de la familia se quedó en

Povedilla. Un buen amigo que ya andaba por Barcelona, me aconsejó ir a esta ciudad. Como

todos los emigrantes o exiliados económicos, como me gusta decir, no veníamos a Cataluña a

hacer turismo. Tampoco nos recibían con los brazos abiertos. Tuve que hacer de todo para

sobrevivir. Comencé trabajando de conserje en un hotel de vendedor de turrón de jijona en

navidad para las pastelerías de la ciudad, ganando apenas 25 pesetas a la semana. Recuerdo

que siempre iba pringado del aceite que soltaba el turrón blando. Pasé por Blanes donde

trabajé en la empresa textil Safa gracias a unos paisanos que también eran comunistas. Volví a

Barcelona y trabajé de peón en la construcción, de mozo en un almacén de conservas y de

vigilante en un garaje.

Con unos ahorros conseguí comprarme una radio con la que cada noche, en el silencio de la

oscuridad, escuchaba la Pirenaica, Radio España Independiente. La voz de Dolores Ibárruri, la

Pasionaria, sonaba como música celestial para mi espíritu ansioso de información y

conocimiento.

Me saqué el carnet de conducir y el de taxista. Era 1957. Seguía con mi pasión por la lectura. El

primer libro revolucionario que leí y que me llegó al alma fue La Madre de Máximo Gorki. Me

lo regaló un librero de la Diagonal, pues teníamos una parada de taxis junto a su librería. El

hombre había observado mi devoción por la literatura y con qué ojos miraba el escaparate de

su establecimiento. Habíamos acabado teniendo largas conversaciones sobre temas literarios y

descubrimos que teníamos conexiones más allá de los libros. Eran tiempos peligrosos para la

cultura y determinados libros solo se conseguían clandestinamente. Después vendría El Capital

de Carlos Marx, un libro que no me he cansado de releer y de divulgar. A pesar de mi poca

preparación académica era como un compendio de conocimiento sobre el capitalismo y una

herramienta fundamental para conocer las características del sistema que debíamos derrocar.

Todo el mundo habla de él pero a mí me encanta ponerlos en un compromiso cuando me

dicen que lo han leído. Les pregunto: ¿Cómo empieza el libro? Nadie lo recuerda, sé que no es

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el Quijote o el Manifiesto Comunista, pero por su importancia no estaría de más que no solo se

hubiese releído por encima, sino que se debía haber estudiado concienzudamente, al menos

los que se consideraban militantes comunistas. Me gusta darles la cita literal: “La riqueza de

las sociedades con que impera el régimen capitalista de producción se nos aparece como un

inmenso arsenal de mercancías y la mercancía como su forma elemental”.

Hasta 1990 mi ocupación laboral única fue de taxista. Llevo ya casi 30 años jubilado, pero aún

conservo el espíritu y me encanta ejercerlo cuando paseo por las calles de Barcelona. Me

gusta ir a las paradas de taxi y charlar con los compañeros, del pasado y del presente que

bastante complicado lo tienen con la competencia desleal de los nuevos operadores de

transporte de viajeros. Les hablo de las huelgas y luchas en tiempos del franquismo y escucho

sus preocupaciones actuales.

En 1955 yo con 30 y Primi con 35 años, nos casamos e iniciamos nuestra vida en común.

Tuvimos un primer hijo que por desgracia perdimos pero la vida nos compensó con otro, del

que nos sentimos enormemente orgullosos. Uní mi vida a una maravillosa y bella mujer, nacida

en Cuba, de inmigrantes zamoranos que tuvieron que regresar, con sus 7 hijos, cuando ella

tenía tan solo tres años. Mi vinculación con Cuba comenzaba a forjarse, hasta tal punto que

acabaría siendo el eje de mi actividad y compromiso político y solidario. Hemos viajado a la isla

23 veces. La vinculación con la gente de allí ha sido enorme, al igual que el reconocimiento

oficial por mi entrega a la causa revolucionaria cubana. He recibido el más alto honor con el

que el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) distingue a los amigos solidarios de

Cuba.

Mi actividad antifranquista estuvo presente desde el primer momento en Barcelona.

Colaboraba con el PCE y el PSUC como enlace y militante de base. Mi buzón de correos se

usaba de estafeta para repartir comunicados y materiales a militantes del partido. Siempre

rehuí los cargos y nunca tuve aspiraciones a ser dirigente y mucho menos cuando llegaron los

años de la legalidad y otras formas de hacer política y politiqueo, se instalaron en nuestra

organización. Formaba parte del STATC el sindicato de los taxistas en Cataluña.

A nivel personal no opté por lo que la mayoría de los compañeros hacían: contratar a

conductores o echar más horas que el reloj para sacar el máximo provecho de sus licencias. La

mayoría hicieron sus buenos dineros, se compraron sus propiedades en Barcelona o en sus

lugares de origen en plan vuelta del hijo pródigo. Yo nunca me sentí atraído por ese afán. De

hecho, no tenemos ni piso en propiedad. Hacía mi jornada y dedicaba el resto del tiempo a mi

actividad política, sindical o solidaria. Durante casi 25 años fui todos los días al consulado de

Cuba en Barcelona; donde de manera totalmente altruista, me acabé ocupando de las

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cuestiones de papeleo y como chófer de los compañeros cubanos que, desgraciadamente

desarrollaban su actividad diplomática con gran limitación de recursos, pero con una dignidad

encomiable. Nada que ver con lo que es el cuerpo consular de los demás países y la vida de

privilegiados que se pegan la mayoría.

Formaba parte del Casal de Amistad Cataluña-Cuba, dedicado a divulgar las bonanzas de la

revolución cubana y a denunciar el hostigamiento criminal del imperialismo yanqui, el cual

mediante atentados y sabotajes y con el genocida bloqueo instaurado desde 1960 y que ha

sido una espada de Damocles siempre, ha limitado el desarrollo económico y las posibilidades

de aquel pedacito de territorio tan digno y de sus gentes. Es algo totalmente inhumano y que

contrasta enormemente con la entrega solidaria que a pesar de tantos condicionantes

negativos, siempre ha mantenido Cuba con el resto de pueblos sometidos o sojuzgados por los

regímenes imperialistas o títeres, en los cinco continentes. La fragante injusticia cometida

contra este pueblo acabó convirtiéndonos a muchos en combatientes revolucionarios al otro

lado del océano. Estos años me han permitido conocer a compañeros maravillosos como los

Zapa, Cristóbal y el malogrado Fernando, un ejemplo para todos; al combatiente del Moncada

y siempre presente, Pedro Trigo, Constantino y a tantos y tantos compañeros más que

acabamos formando una enorme familia, compartiendo centenares de actividades solidarias e

intentando contrarrestar la infecta propaganda de los servidores del imperialismo yanqui

contra un humilde pueblo que no se ha dejado avasallar. Han pasado muchos años desde que

se inició esta actividad solidaria y hoy, más que nunca ha de seguir activa ante el paso adelante

que EE.UU. y sus lacayos han emprendido no solo contra Cuba sino contra todos aquellos

países y pueblos que no aceptan su tutela interesada. Como Cuba, Venezuela, Bolivia,

Nicaragua, Irán, Siria, Palestina, Sahara y muchos otros forman parte del objetivo estratégico

de dominación absoluta de la economía y de los recursos económicos del planeta que, como

siempre, las grandes élites económicas mundiales con sus instrumentos políticos y militares en

acción tienen en marcha. El ejemplo de dignidad y de resistencia que Cuba está dando al

mundo es una llama de ilusión para todos los que aspiramos a la construcción de un mundo

más justo. Y no podemos permanecer impasibles.

Por mi actividad clandestina en tiempos del franquismo, me tocó probar como a muchos más

el sabor de la represión y la dureza de las cárceles del régimen fascista. Me había salvado de

muchas; pero, a causa de la detención de un militante en Madrid le encontraron una lista de

nueve compañeros clandestinos, ocho en Madrid y uno en Barcelona. El de Barcelona, era yo,

el enlace. Me detuvieron un 7 de julio y me llevaron a celebrar los Sanfermines a las

dependencias de la tristemente célebre Via Layetana. La Brigada Político Social se ocupaba de

estos temas y con sus métodos bien conocidos de presión y tortura intentaron que delatara a

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mis compañeros en Barcelona, a los que utilizaban mi buzón como estafeta. No me sacaron ni

palabra y finalmente me dejaron marchar. Yo sabía que aquello era una estrategia para que los

llevara hacia ellos. Mi experiencia de taxista se iba a imponer. Conseguí escurrir el bulto de sus

seguimientos y puse en alerta a los compañeros. Como es lógico no iba a salir indemne. Acabé

frente al Tribunal de Orden Público (TOP), llamado con anterioridad, tribunal para la represión

de la masonería y el comunismo, ni más ni menos; y, en tiempos de la transición, blanqueado

como Audiencia Nacional. Se encargaba de darle apariencia jurídica a las tropelías represivas

del sistema. Junto a mis otros ocho compañeros nos procesaron por actividades

propagandísticas y políticas contra el orden establecido. Total, que me condenaron a tres años

de prisión y a una multa de 50.000 pesetas por ser militante comunista. Así acabé en la prisión

Modelo de Barcelona, una de las joyas de la corona franquista, con las expectativas de pasar

tres añitos de mi vida entre aquellas paredes.

Eran los últimos años de vida de Franco y el régimen, en lugar de aflojar la soga la había

apretado más. La lucha era máxima y las cárceles estaban, llenas a rebosar de antifranquistas

de diversas ideologías, aunque siempre ha predominado la anarquista y la comunista en sus

diferentes versiones. Aquella saturación había acabado convirtiendo a las cárceles en una

escuela de activismo y de preparación política.

Finalmente solo estuve tres meses porque me pilló una de las amnistías que comenzaron a

aplicarse y que sirvieron para sacar a muchos presos a la calle. Como contraprestación a lo que

era verdaderamente una ley de punto final que el régimen propició y que la llamada oposición

democrática aceptó, en nombre de la tan manoseada reconciliación nacional, permitiendo que

los asesinos y torturadores fascistas se fueran de rositas. No hacía mucho tiempo de la caída

de Julián Grimau, Salvador Puig Antich o los últimos cinco fusilados del franquismo.

Tres meses aunque puedan parecer poco tiempo comparado con los largos encierros de otros

camaradas luchadores, era una situación dura de afrontar. La experiencia carcelaria es sin

duda un trago difícil de digerir. Nuestras vidas cotidianas, las relaciones familiares y afectivas,

nuestra vida laboral, la simple libertad de movimiento, las pequeñas cosas de la vida, etc.

Adquieren una dimensión extraordinaria.

Todos sabíamos y éramos conscientes a lo que nos exponíamos con nuestro compromiso

político, lo que suponía caer en las garras represivas del aparato policial y la dureza del pase

por las prisiones franquistas. También éramos conocedores de que el período más crítico era el

de la detención y los interrogatorios en comisaria que se alargaban días y días; donde algunos

compañeros nuestros se dejaron la vida o los que mayormente probamos las más salvajes de

las técnicas de tortura aprendidas de los nazis. Por ello el paso por el tribunal y acabar en la

cárcel era un mal menor. El hecho de que hubiese tantos antifranquistas encerrados y la

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experiencia adquirida a lo largo de los años propició la construcción de una red de apoyo y

recursos impresionantes. Las duras condiciones de vida, la escasez de recursos para mantener

una mínima dignidad personal en higiene, alimentación o cuidados médicos era afrontada

desde la organización colectiva. Por mucho que la dirección de la prisión intentase evitarlo, la

mayoría de los partidos clandestinos funcionaban en las cárceles y en colaboración con el

exterior procuraban cuidarse de los suyos. Fue esencial en los años más duros del franquismo.

Se procuraba acompañamiento legal, recursos económicos a través de colectas que llegaban

de todas las partes del mundo, principalmente del exilio y ayuda también para los familiares de

los presos. Éramos una gran familia.

Cuando yo pasé por la Modelo de Barcelona el clima era efervescente. A consecuencia de la

enorme actividad sindical y política en aquellos años críticos, la represión había llenado las

prisiones de sindicalistas y militantes de izquierdas. Tuve oportunidad de conocer a muchos

camaradas, a algunos históricos luchadores y también pude dar rienda suelta a mi actividad

favorita, leer y aprender. El partido organizaba cursos de alfabetización y de formación política

para mejorar nuestra preparación y dotarnos de conocimientos esenciales para una exitosa

militancia. Aquí se consolidó mi pasión por la filosofía marxista-leninista. Había leído algunas

cosas pero me di cuenta de mi analfabetismo político y de la riqueza intelectual que formaba

parte esencial de la doctrina comunista: el materialismo histórico, el materialismo dialéctico, la

economía política, la filosofía, etc.; así como de la necesidad de su conocimiento. Allí conocí a

Engels y Lenin, también pude entender mejor a Marx. Me convertí en un devorador de libros y

de documentos. Cuanto más leía más era consciente de mi desconocimiento. Y así ha sido

hasta la fecha. Sigo leyendo cada día y no solo repasando a los clásicos, además he leído obras

de Mao Tse-Tung, de Ho Chi Ming, de Kim Il Sung, de Fidel Castro, del Ché y de muchos otros

revolucionarios que dejaron constancia escrita de sus planteamientos. También he aprendido

que para combatir al enemigo y a sus agentes también es preciso conocerlo. Así que intento

leer obras de autores no marxistas para estudiar sus planteamientos. Toda esta pasión ha

acabado por convertir en un rincón muy especial una habitación de mi casa, donde guardo mi

tesoro, una gran biblioteca que me encanta enseñar cuando me visitan los amigos.

Entre los camaradas he llegado a ser una especie de Pepito Grillo porque no he

desaprovechado ningún foro ni ninguna actividad para hacer mi reivindicación y mi alegato

revolucionario en defensa de unos principios ideológicos que considero han sido despreciados

y cuya vigencia estoy seguro que sigue presente. A medida que la sociedad nuestra sigue

siendo totalmente desigualitaria y donde los desheredados, como siempre, son vapuleados

por los bancos, por los empresario y por las administraciones al servicio de los poderosos.

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La izquierda actual se maneja dentro del sistema y no se plantea transformaciones radicales

que son muy necesarias, contentándose con que les dejen administrar parcelitas de poder

para lograr, como mucho, cambios cosméticos y no de fondo. Nada nuevo porque este ha sido

siempre el proceder de la socialdemocracia desde su existencia. Faltan voces auténticamente

revolucionarias e incomodan las voces críticas.

Cuando pido la palabra se echan a temblar. Llevo siempre tarjetitas con anotaciones y con

citas de los clásicos que suelo leer. Muchos ponen cara de: ¡el Tomi ataca de nuevo!

Reconozco que en el fragor de la batalla a veces me cuesta soltar el micro. Me siento como un

poeta al que han dado la oportunidad de recitar alguno de sus versos. La pasión me puede y

me duele no tener capacidades comunicativas mejores para poder exteriorizar todo eso que

tengo en mi interior con unas palabras más accesibles para todos. Los compañeros no se lo

toman a mal porque ya me conocen y creo que a pesar de todo, me tienen en una buena

consideración. Han sido muchos años de lucha y no sólo de discursos y buenas palabras. Mi

compromiso y honestidad han sido muy claros.

Como muchos otros compañeros de lucha, algunos de los cuales ya nos han dejado, encaro

mis últimos años de vida un tanto decepcionado. He vivido los momentos duros de la lucha

antifranquista donde nos jugábamos la vida y la libertad para derribar un régimen genocida

ilegítimo. Han sido muchos los miles de compañeros que quedaron por el camino para

conseguir una democracia plena y una sociedad igualitaria. La realidad es que pocos han

recogido el estandarte para proseguir esa batalla sin cuartel contra el capitalismo y el

imperialismo que campan a sus anchas de nuevo, tras la caída de la URSS, llevando su brazo

asesino a todos los rincones del planeta donde hayan recursos económicos de los que

apropiarse y que tutelan a las llamadas democracias occidentales, donde intervienen y marcan

los hilos de la política y la economía, manipulando a las poblaciones con el control de los

medios de comunicación. Nuestro país es un evidente ejemplo de ello.

Ya no oigo voces críticas, altavoces contestatarios que griten a los vientos la evidencia: por

mucho que nuestras sociedades tecnológicas hayan avanzado y presenten una cara de

modernidad, la esencia de las relaciones de poder y de control de la riqueza, la generación de

plusvalías y el trato digno de las personas siguen bajo un prisma similar a aquél que describían

Marx y Engels en la obra más relevante que jamás se ha escrito en la literatura liberadora, hace

más de 150 años: el Manifiesto Comunista. Será necesario volver a despertar ese fantasma que

recorría Europa y volver a los orígenes ideológicos para construir las herramientas adecuadas

que acaben con la política, en minúscula, al servicio de la gestión del capitalismo; y se vuelva a

hacer Política, con mayúscula, como verdadera arma de liberación de los oprimidos. Ojalá que

sea posible.

Desde mi destierro ya obligado y junto a la mujer que me ha hecho el hombre más feliz y

orgulloso del mundo, disfrutando intensamente de nuestro amor y nuestra compañía, con mis

queridos libros y mis recuerdos, por aquí andaré, a la espera de aquel que quiera pasar un

ratico con nosotros o que quiera recibir mi saludo telefónico pertinente: ¡Hasta la victoria,

siempre! ¡Patria o muerte, venceremos! ¡Salud y República socialista!


Reconocimiento del Gobierno Cubano
por su compromiso internacionalista
Homenaje a Fidel Castro
Pedro Trigo, moncadista cubano, junto a Tomi en el local de los «zapa»

Juanito

Juanito

Se apagó tu voz, pero tus palabras nos acompañarán siempre. Te has ido físicamente pero permanecerás vivo en nuestros corazones. Es imposible explicar en cuatro líneas lo que tú Juan, Juanito, has significado para todos nosotros. El vacío que queda tras tu marcha es enorme. Ya nada será igual. Tu vitalidad, tu energía, tu alegría, el cariño que siempre derrochaste, en especial con los más pequeños, ha marcado nuestras vidas durante décadas. ¿Quién nos chinchará ahora ?, ¿quién ejercerá de niño travieso con nuestros hijos y nietos?, ¿quien les enseñará palabrotas?,  ¿quien les iniciará en las bonitas canciones tradicionales que les enseñaste a todos, como nuestra querida cabra?, ¿quien animará nuestros encuentros sin tu sentido del humor tan especial? Han sido muchísimos los momentos especiales y las anécdotas vividas contigo son interminables. Los calcetines navideños, tus interrupciones en las campanadas de fin de año, tantos y tantos viajes en la Exprés, tantos y tantos momentos en Vilanova y en la playa, aquellos momentos estelares con tu inolvidable Consuelo cargada hasta los ojos y tú con tu purito tan pancho al lado. Qué tiempos más maravillosos. Nos dejas aquí huérfanos y  te  marchas como dormido, tranquilo, al encuentro de tu querida Consuelo y tu Golf. Vigila que no te pille  la caja de puritos. Descansa en paz y orgulloso con la semilla que has dejado. Siempre estarás en nosotros. Te queremos. 

2/2/2023

domingo, 25 de abril de 2021

Ahora sí: Adiós, Frida.


Ahora sí: Adiós, Frida.


De nuevo tengo que despedirme anticipadamente. Dos años escasos ha durado nuestra especial amistad y seguramente en unas horas me dejarás. Solo un milagro lo podría evitar, pero creo que mi nula vocación no facilita el otorgamiento de tal gracia divina. Me miras con esos ojitos tuyos, ocultos tras la cortinilla de tu pelo, como preguntándome qué pasa, porqué tanta atención estos últimos días que no para de turbar tus aletargados descansos. Fiel a tu carácter reservado y asustadizo permaneces atenta a tu alrededor, tumbada en tu castigado cojín donde se vislumbran restos de la batalla que estás librando, ya con escasas fuerzas. Dos años a mi lado, siempre pendiente de mis movimientos y mis caricias, de las que huyes de vez en cuando como agobiada de tanto contacto. Dos años entre nosotros, disfrutando de una vida que te había sido sustraída anteriormente. Todo el cariño del mundo no ha sido suficiente para vencer esos miedos y temores que hace temblar tu minúsculo cuerpo, apenas tres quilos y medio, con cualquier ruido o situación extraña. Cuando te recogimos junto a tu pequeño cachorro, abandonadas, correteando junto a la carretera a la busca de algo que llevaros a la boca, plagadas de pulgas y garrapatas, sucias y llenas de enredos, ya dabas cuenta de tus recelos al trato humano. Tu hijita, más desinhibida se lanzó a los brazos de su rescatadora y tú, temerosa pero defensora fuiste con ella. Solo verte evidenciaba tu maltratada vida anterior. Las secuelas físicas y psíquicas eran evidente pero también lo era tu valentía, siempre pendiente de tu niña y de la puerta de la calle presta a huir a la menor oportunidad. Mientras tu cachorro a la que llamamos Duna, se deshacía en juegos y caza de todo lo comestible, tú permanecías atenta y la mayor parte del tiempo encerrada en ti misma, con la mirada como ausente, escondida en un rincón o con tu carita mirando a la pared. No lo ibas a poner fácil, pero de seguida me enamoré de ti. Consideramos ponerte un nombre representativo y pensamos en Frida, símbolo del coraje y del padecimiento. Te venía que ni pintado. En estos dos años nos has dado la razón. Tu estado no invitaba a ser optimistas. Tu boca, con apenas dientes, dejaba claro el maltrato que habías sufrido y nos hace pensar que será el detonante de tu marcha. La sangre que a borbotones ha brotado de ella y la terrible debilidad en la que has caído no nos da mucho ánimo. La visita al veterinario quizá sea la de la despedida. Muchas gracias Frida por lo mucho que nos has dado. Marcha tranquila si es lo que ha de suceder.                                                                                                  11 febrero 2019

Dos años y dos meses después de este escrito de despedida que hice convencido de lo peor, me sirve de colofón y despedida, ahora sí definitiva, de mi querida compañera perruna de estos últimos cuatro años. A las once de la noche, en mis brazos, con su mirada pendiente de la mía, asustada pero silenciosa, mi fiel Frida dejaba escapar su último aliento y se dormía plácidamente sobre mi regazo. Sólo quien ha compartido su vida con animales y los ha dejado que entren en su corazón, puede comprender el dolor terrible que puede causar esta pérdida, comparable perfectamente con la de un ser familiar querido.

Frida, la superviviente, viejecita de edad incierta, la resucitadora, que sobrevivió a la vida callejera, a las enfermedades y secuelas que le produjo, que de manera milagrosa se sobrepuso hace dos años contra todo pronóstico a lo que parecía evidente, con insuficiencia renal y respiratoria, con problemas cardíacos, sin dentadura, con un miedo y un pánico instalados en su cerebrito que le superaba cada vez que una puerta se cerraba de golpe o un ruido se producía a su alrededor….con todos los números de decir adiós una y otra vez, se ha resistido hasta lo inimaginable pero finalmente sus escasas fuerzas no han evitado el peor de los desenlaces.

Ahora queda para el recuerdo las múltiples escenas compartidas, los muchos momentos significativos, su carácter auténticamente fridiano de luchadora, con personalidad y obstinación. Siempre nos quedará su inevitable deje callejero, con su obsesiva persecución a las lagartijas, su interés por los pájaros y su odio visceral a los gatos. Tampoco se llevaba bien con los niños ruidosos o con los adultos excesivamente expresivos. Para evitar posibles problemas no dudaba en delatar a su compañera Pussy cada vez que soltaba sus excrementos en el lugar que no correspondía, como diciendo: que cada palo aguante su vela. Añoraré sus toques con las patitas invitándome a subirla a mi cama y dejarle que se colocase en mis piernas, ni sus exageradas muestras afectivas que incluían cabezazos y frotamientos intensos para provocar el esperado: Vamos, y así salir a la calle, a recuperar su naturaleza antaña. 

También su andar gallardo y majestuoso, su porte de luchadora barriobajera enfrentando a todo animal que se le pusiese por delante, sin reparar en tamaños ni riesgos; su curiosidad sin fin, su eterna mirada observadora que parecía querer decirnos algo, su particular manera de comer al solo conservar los colmillos y muelas, su amor por el pollo y el solomillo, su cara sufridora al tener que tomarse la medicación suministrada vía jeringa porque no ha habido manera de hacerle tragar una pastilla entera, ni escondida ni directa, al final la sacaba; su sabotaje continuo cuando nos instalábamos al ordenador reclamando con insistencia que la cogiéramos en brazos; sus peleíllas y rifirrafes sexuales con su niña con la que ha conservado ese cariño fraternal incluso con el paso del tiempo; sus batallas con el sofá u otras superficies para lograr quitarse la braguita o el jersey para el frio; sus reacciones frías y castigadoras hacia mí por haberla abandonado cuando me he ido a trabajar; su marcha hacia la puerta para huir a casa de mi hija, cuando tan solo había cogido los calcetines y se percataba que me vestía para salir; su nerviosismo por mi ausencia estando atenta a cualquier ruido de coche identificable o dirigiéndose a la puerta ante cualquier ruido con la esperanza que fuese yo; y tantas y tantas situaciones y vivencias más compartidas. Parece mentira que una mascota de para tanto. Para muchos el establecimiento de este vínculo tan grande con un animal no es comprensible ni sano. Se les puede querer, pero tampoco hay que alucinar, dicen. Ellos se lo pierden. La lástima es que la vida de nuestros animales no suele ser muy larga y resulta frustrante el ir pasando continuos procesos de duelo por la pérdida de nuestros animales de compañía. Es frecuente decir tras una pérdida dolorosa que ya será la última, pero no suele ser así. Lo que nos aportan afectivamente compensa sin duda al sufrimiento que genera su marcha. Hay que sobreponerse, recordar, añorar y esperar nuevos tiempos. A mí me queda la ilusión que mi próxima mascota sea su nieta, un cachorrito de su Duna y que de alguna forma mi Frida seguirá conmigo. Ahora lo que toca es decirle adiós y darle las gracias por tantas alegrías. Adiós mi niña, te añoraré enormemente.    25 abril 2021



Te fuiste muy pronto Amiga mía, hacía mucho que no escribía cosas así, pero hoy, estando en el despacho con la Duna, me ha surgido la necesidad de plasmar en letras lo que no puedo expresar de otra manera. Hoy, 26 de abril de 2021, dos días después de tu marcha, no encuentro consuelo ni puedo gestionar el gran dolor que siento. Es lunes, tu padre trabaja, y como es habitual me he despertado pensando “ahora subiré a por la Frifri”. Que traidor es el cerebro, parece que aún no quiere admitir lo que ha pasado. Qué tristeza más grande me ha invadido cuando segundos después he recordado que ya nunca más subiré a buscarte, que ya nunca más me recibirás con tus saltitos, que ya nunca más podré abrazarte y darte besitos. Estamos aquí la Dudu y yo, pero ya no es lo mismo. El aire huele a tristeza, a soledad, a vacío. Hoy no he podido decirte que no te quites las braguitas, no he podido cogerte mientras estoy en el ordenador, no me has acompañado a hacer el café. Y no te creas que sólo tengo esta sensación porque no estás abajo con nosotras. Cuando estabas arriba con tu papi, mi vida era ir subiendo a verte a cada rato o estar pendiente de si bajabas a la calle (una de esas 500 veces que bajabas). Has sido una de la mayores alegrías de nuestra vida. Sé que me repito, pero siempre recordaré aquel día de agosto cuando nos conocimos. La primera que se vino a mis brazos fue tu bebé pequeño, de la cual me enamore perdidamente al segundo. Tú mirabas desde lejos. Te vi y fui corriendo a por ti. Con la desconfianza que te caracterizaba, lógicamente por la mala vida que estabas pasando, me mirabas. Me acerque con lentitud y viniste. Sin pensarlo te cogí en mis brazos y tú me chupaste la nariz, hecho que después valoré mucho más porque lo tuyo con los desconocidos no era la dulzura precisamente. En aquel momento entendí que la vida nos estaba regalando la oportunidad de tener una nueva experiencia todos juntos. Mi padre, que también ha sido el tuyo, deseaba tener una perrita y supe que esa eras tú. Aquel día sentí una gran conexión contigo que me ha acompañado hasta el final. Al principio parecía que no lo ibas a poner fácil. Muchas veces me preocupe pensando que había errado en aquella decisión que tomé. Sólo quería que fueses feliz. Pero, únicamente necesitabas tiempo. Con el paso de los días empezamos a ver que cuanto menos serías una perra peculiar. Eso mismo es lo que ha hecho que fueses tú, ha sido lo que te ha caracterizado. Añoraré todos los momentos, tus recibimientos, tu insistencia para que te subiera en bracitos, tus bocaitos cuando te molestaba con tanto besito, tus patitas rascando mi puerta… Añoraré tantas cosas… Te fuiste muy pronto, tan pronto y tan rápido que aún no somos capaces de asimilarlo. No dejo de pensar en ese terrible momento en el supe que, ahora sí, algo no iba bien. Busqué respuestas al porqué estaba sucediendo eso, intenté convertirme en médico para buscar una solución y rece a cualquier “Dios” que pudiera oírme pidiendo que sólo se tratara de un susto más, pero tristemente por mucho que busqué y supliqué nada pude hacer por ti, ya tan sólo podía desear que tu final llegase rápido y sin sufrimiento. Aún ahora, días después, sigo dándole vueltas a la situación, deseando que pasases el menor mal posible y que pensases en lo mucho que te hemos querido. Te fuiste entre los brazos de tu querido papi, mirándole a los ojos como agradeciéndole todo lo pasado, como diciéndole “no sufras más, yo siempre estaré contigo”. Querida Frida, has sido un ejemplo de superación, luchadora hasta el final de tus días. Nos enseñaste que siempre hay que seguir adelante por muy mal que pinte el camino. Hoy quiero darte las gracias por todo, cada minuto que hemos pasado juntos ha sido único y siempre te tendremos presente. Las lagartijas, los pájaros, los gatos, los niños con pelota… te añoraran. Espero que si existe algo más después puedas estar con tu Lenin y que nos esperes, junto al resto de nuestra familia que ya marchó, porque nos reuniremos todos para vivir el infinito juntos. Adiós gordita mía.                                            Tania



viernes, 30 de octubre de 2020

HOLA, LOLA.

 

 

 

 

 

 

 

  

Hola Lola.

Bienvenida al universo de los inmortales recuerdos. Tus pequeñitos e inocentes ojitos con que expresabas tu alegría por apretar entre tus manos un poquito de nuestra memoria común o al leer la modesta dedicatoria que desde el corazón te lanzaba, arrojaban al mundo una grandeza acumulada tal, que difícilmente se puede expresar con palabras. Tu frágil figura disimulaba el cofre inmenso donde ya reposan tus grandes sacrificios, tu castigada vida, los cobardes latigazos vertidos sobre tu espalda inocente y también, la enormidad de amor y entrega que prestaste a los tuyos, a los de tu sangre, a los de tu clase, a las de tu género. Noventa y dos años han dado para mucho y estamos convencidos que cuando tus pupilas se cerraron hace pocas horas, lo hicieron tranquilamente, reposadamente, al calor de tus hijos y nietos que hoy te lloran; pero con el sosiego que tu vida humilde y comprometida te aportó, con la alegría de ver la semilla que, mano a mano con tu José, habéis sembrado. Atrás quedaron las penalidades de la vida dura de los nuestros en la dictadura, lejos de las tierras que os vieron nacer, perseguidos y maltratados por comprometeros en la lucha por una vida mejor para todos, del terrible dolor de la cárcel y la muerte inmerecida, de la lucha por la supervivencia y por la dignidad, de tanta y tanta penalidad. Hoy preferimos quedarnos con los gratos momentos y la felicidad inmensa de ver crecer a los tuyos y la llegada de nuevas generaciones. Ahora es tu momento, el reencuentro con José, Marcelino, Josefina, Cipriano y tantos y tantas más que te precedieron. Nuestro compromiso es manteneros vivos. Y sabes que no te vamos a fallar. Lola, puedes marchar tranquila.

Alberto Valenzuela. 30 de octubre de 2020

domingo, 25 de octubre de 2020

¡NO PASARÁN!

 

¡NO PASARÁN!

 

A estas  alturas de la historia, ver como lo estamos viendo, estampas de exaltación nazi-fascista por todos los rincones del país, energúmen@s que a cara descubierta y que con la complicidad de la mayoría de los medios de comunicación, hacen alarde de su defensa de la dictadura franquista y no se retraen en insultar y vilipendiar a las víctimas de la dictadura y a sus perseguidos y asesinados dirigentes, nos da una dimensión de hasta qué punto sigue presente un franquismo que pretendidamente había fenecido con la llegada de la transición.

 

Nada más lejos de la realidad. Los poderes del estado que sostenían las profundas estructuras del régimen y que habían parasitado todas las esferas de la administración y de influencia, no dan muestras de haber dejado atrás su papel activo en la consolidación de la dictadura y hacer efectiva de manera real y no solo teórica, de su apuesta por la democracia que suponía la nueva época, tras la muerte de Franco.

 

Casi 45 años después, se hace evidente que el dicho de “atado y bien atado”, que se le atribuye al genocida, no era tan solo una frase recurrente.

 

El poder económico, como viene siendo tradicional, pone a su servicio todos los recursos precisos  para evitar el recorte de su influencia y, como es lógico, de sus beneficios. Desde todos los frentes, los poderes fácticos se emplean a fondo para frenar el alcance de las reformas de tinte progresista que el gobierno social-comunista, como le llaman, intenta poner en marcha. Medidas que distan mucho de ser auténticamente revolucionarias, pero que suponen algunas mejoras puntuales, muy necesarias precisamente en unos momentos tan duros como los actuales, donde tantas personas están quedando desprotegidas y desvalidas ante la grave crisis económica asociada a la grave crisis sanitaria del covid-19.

 

La derecha política, con sus diferentes expresiones nacionales y nacionalistas, se presta encantada para intentar dar el estoque final a un gobierno desbordado por la enormidad y complejidad de la problemática actual. Con el necesario y machacón apoyo de la mayoría de los medios de comunicación, tienen puesta en marcha, de manera permanente y sostenida, una campaña de desprestigio, acoso e intoxicación informativa difícilmente soportable.

 

La catástrofe generada por el covid-19 es una oportunidad para poner en marcha, como ya pasara en los años 30 en la II República, una acción coordinada de acoso y derribo al gobierno, aunque para ello tengan que utilizar como rehenes a los ciudadanos. No es una pugna política honesta. Aunque se llenen la boca y las manos de patriotismo banderil, no hay tregua ni para unir esfuerzos de cara a combatir lo que debería ser para todos, la prioridad absoluta: la pandemia.

 

Llenan los jardines, las playas y otros espacios públicos de miles de banderitas como expresión de la “acción criminal de este gobierno dictatorial”. Da igual que cada una de ellas simbolice a  una de las víctimas del virus letal y que muchas de ellas hayan sido a consecuencia directa precisamente del quebranto provocado en los servicios públicos por los recortes aplicados por estos partidos que hoy pretenden abanderar la crítica a la acción gubernamental. Ejercicio de cinismo, hipocresía y mentira continua.

 

Todo vale para echar abajo al gobierno, incluso retomar prácticas golpistas y llamamientos a las fuerzas oscuras para que tomen cartas en el  asunto. A plena luz y sin esconderse amenazan y nos avisan. Se les ve envalentonados y aunque se parapetan en la bandera “constitucional”, cada vez se ven más aguiluchos e incluso directamente banderas pro-nazis, aumentan los signos de exaltación franquista y su activismo contra la recuperación de la memoria histórica. Proliferan las pintadas en monumentos o figuras republicanas, destrozos en carteles de señalización de lugares representativos, pintadas amenazantes en las fachadas de los locales de los partidos de izquierda. Hacen todo lo posible por hacerse visibles en las calles y entre gritos de “No a la dictadura”, que increíblemente estos energúmenos dirigen al legítimo gobierno actual, no les importa participar activamente de la exaltación del régimen criminal franquista. La misma realidad que sufrieron nuestros abuelos y que sabemos cómo acabó.

 

No parece que tengamos clara la estrategia a seguir frente a esta “nueva cruzada” que amenaza con llevarse por delante no sólo la aplicación de la suave Ley de Memoria Democrática, sino al propio gobierno, que está claro es el objetivo final. Hay quien defiende que no se debe entrar al trapo contra estas provocaciones, que se les ignore y que como un azucarillo acabará diluyéndose. Otros plantean una reacción abierta y clara, con el antifascismo como base y baluarte de la acción progresista.

 

Estaría bien aprender de la historia. La II República no se tomó en serio las amenazas golpistas ni la agresiva actividad de los falangistas y fascistas de la época. Quizá lo peor sería seguir mirándonos el ombligo y no aunar un esfuerzo unitario que priorice la denuncia y el combate contra ese fascismo que nunca nos dejó e intenta cual ave fénix resurgir de sus cenizas. No se apagaron bien y ahí tenemos el resultado.

 

15 octubre 2020

domingo, 11 de octubre de 2020

CRÓNICAS PANDÉMICAS 7. ¿Cómo seguir adelante?

 

¿Cómo seguir adelante?

Resulta difícil encontrar motivos y palabras para sacar fuerzas e ilusionarse con el futuro. Los que ya tenemos una edad tiramos de filosofía pragmática y nos contentamos con ir tirando, que se dice. Ya hace tiempo que nos hemos dejado de ensoñaciones de antaño, de jubilaciones paradisíacas y de tranquilidad absoluta, dedicándonos a nuestro huertecito, nuestros paseos y algún que otro viaje. Eso si no nos toca ejercer de abuelos militantes.

 

En mi caso todavía no he llegado ni a lo uno ni a lo otro. Me obligan a seguir siendo productivo y a contribuir a la llamada normalidad. Mientras, veo a mi hija como año tras año se está sacrificando para forjarse un futuro laboral exitoso, con la esperanza que tanto esfuerzo finalmente se vea recompensado.

 

Desgraciadamente tampoco son buenos tiempos para nuestros jóvenes. La crisis anterior obligó a muchos de ellos al exilio económico en otros países, a la búsqueda de una oportunidad que se les niega en su país. Muchos han tenido que regresar ya que la situación económica y laboral también es negativa en esos países, donde desgraciadamente la mayoría de ellos no han conseguido acceder a empleos acordes a su preparación y no son pocos los que han tenido que conformarse con trabajos de baja cualificación, como camarer@s o dependient@s.

 

La pandemia ha agudizado aún más el problema y la crisis económica que parecía que había comenzado a remitir por fin en nuestro país, se interna más y más en el pozo, con lo que la perspectiva de futuro para ellos se antoja poco optimista.

 

¿Cómo los jóvenes de hoy pueden embarcarse en la aventura de la emancipación? Si el ámbito laboral se antoja especialmente complicado, no lo es menos iniciar una vida propia, solo o en pareja; y ya no digamos de la llamada del reloj de la maternidad, que cada vez se aleja más de las edades tradicionalmente dedicadas a ello. Tanto que, para muchas jóvenes se atisba una complicada decisión, no solo por el tema de la edad sino por la quiebra profesional que supone para muchas el hecho de ser madres. 

 

Todo ello es un cúmulo de presión sostenida que acaba afectando a todas las esferas personales y genera un estrés añadido, con visos de acabar siendo crónico y que, sin duda, pasará factura también en el futuro.

 

Las generaciones anteriores a nosotros estuvieron marcadas trágicamente por la guerra, la dura posguerra y la terrible dictadura. Nosotros que deberíamos disfrutar de épocas más positivas o tranquilas parece que, al final, acabaremos bajo el influjo de una presión negativa similar. Que se preparen las siguientes generaciones, los abuelitos tendremos muchas batallas que explicar.

 

7 octubre 2020

CRÓNICAS PANDÉMICAS 6. El futuro de nuestros hijos

 

El futuro de nuestros hijos

La inacabable crisis sanitaria que impregna todos los espacios públicos y privados nos señala a determinados colectivos como los más afectables por sus consecuencias. Los mayores, los de riesgo médico, el personal sanitario que debe enfrentar en primera línea la pandemia, los trabajadores  de la educación, etc. Pero pienso que poca atención se está poniendo en nuestros niños y jóvenes en edad de formación; que, como se suele decir tópicamente, son el futuro.

 

Estamos de acuerdo que en estos momentos la prevención es lo primero y que una gran parte de los esfuerzos han de dirigirse a evitar los contagios, pero el impacto psicológico-emocional y educativo va a ser muy elevado. Por un lado, las medidas de seguridad obligan a cercenar el libre y necesario desenvolvimiento con el que han de crecer y desarrollarse los más pequeños, limitando su movilidad y su necesaria curiosidad táctil y de contacto con sus pares, siempre bajo la atenta supervisión de adultos, se antoja como un importante condicionante para su normal desarrollo, más cuando la situación se alarga n el tiempo y no hay visos de finalización.

 

En edades superiores, al tema de la rigidez en las relaciones personales y sociales, se une la incidencia que puede darse en la adquisición del currículum académico correspondiente. Han sido y son muchos meses de desconcierto y descontrol, con la imposición de la moda on line y la relajación a la hora de evaluar la adquisición de esos conocimientos; además de la lógica alegría de los estudiantes por la manga ancha, cuando no aprobación general, con la que la administración educativa ha intentado enfriar la traumática situación, se antoja como perjudicial esta laxitud en el nivel de exigencias académicas que, a la postre, pueden ser negativamente determinantes en el futuro educativo, laboral e incluso personal para muchos de nuestros niños y jóvenes.

 

Para los universitarios que han acabado o están prontos a finalizar en estos meses sus estudios de grado o máster la previsión no parece más halagüeña.  Y no sólo por las dificultades añadidas que comporta el cambio en los hábitos de estudio, el imperio de las nuevas tecnologías. Los nuevos sistemas de evaluación a distancia ponen en cuestión la valoración posterior de estos estudios en el mundo laboral. Existe un evidente peligro de descrédito que puede caer sobre todas las titulaciones universitarias o profesionales obtenidas durante este tiempo, por lo que el enorme esfuerzo que la inmensa mayoría de los universitarios (y sus familias) realizan puede resultar estéril o considerablemente afectado, con su implicación sobre la vida futura de nuestros hijos.

 

 3 Octubre 2020