domingo, 25 de abril de 2021

Ahora sí: Adiós, Frida.


Ahora sí: Adiós, Frida.


De nuevo tengo que despedirme anticipadamente. Dos años escasos ha durado nuestra especial amistad y seguramente en unas horas me dejarás. Solo un milagro lo podría evitar, pero creo que mi nula vocación no facilita el otorgamiento de tal gracia divina. Me miras con esos ojitos tuyos, ocultos tras la cortinilla de tu pelo, como preguntándome qué pasa, porqué tanta atención estos últimos días que no para de turbar tus aletargados descansos. Fiel a tu carácter reservado y asustadizo permaneces atenta a tu alrededor, tumbada en tu castigado cojín donde se vislumbran restos de la batalla que estás librando, ya con escasas fuerzas. Dos años a mi lado, siempre pendiente de mis movimientos y mis caricias, de las que huyes de vez en cuando como agobiada de tanto contacto. Dos años entre nosotros, disfrutando de una vida que te había sido sustraída anteriormente. Todo el cariño del mundo no ha sido suficiente para vencer esos miedos y temores que hace temblar tu minúsculo cuerpo, apenas tres quilos y medio, con cualquier ruido o situación extraña. Cuando te recogimos junto a tu pequeño cachorro, abandonadas, correteando junto a la carretera a la busca de algo que llevaros a la boca, plagadas de pulgas y garrapatas, sucias y llenas de enredos, ya dabas cuenta de tus recelos al trato humano. Tu hijita, más desinhibida se lanzó a los brazos de su rescatadora y tú, temerosa pero defensora fuiste con ella. Solo verte evidenciaba tu maltratada vida anterior. Las secuelas físicas y psíquicas eran evidente pero también lo era tu valentía, siempre pendiente de tu niña y de la puerta de la calle presta a huir a la menor oportunidad. Mientras tu cachorro a la que llamamos Duna, se deshacía en juegos y caza de todo lo comestible, tú permanecías atenta y la mayor parte del tiempo encerrada en ti misma, con la mirada como ausente, escondida en un rincón o con tu carita mirando a la pared. No lo ibas a poner fácil, pero de seguida me enamoré de ti. Consideramos ponerte un nombre representativo y pensamos en Frida, símbolo del coraje y del padecimiento. Te venía que ni pintado. En estos dos años nos has dado la razón. Tu estado no invitaba a ser optimistas. Tu boca, con apenas dientes, dejaba claro el maltrato que habías sufrido y nos hace pensar que será el detonante de tu marcha. La sangre que a borbotones ha brotado de ella y la terrible debilidad en la que has caído no nos da mucho ánimo. La visita al veterinario quizá sea la de la despedida. Muchas gracias Frida por lo mucho que nos has dado. Marcha tranquila si es lo que ha de suceder.                                                                                                  11 febrero 2019

Dos años y dos meses después de este escrito de despedida que hice convencido de lo peor, me sirve de colofón y despedida, ahora sí definitiva, de mi querida compañera perruna de estos últimos cuatro años. A las once de la noche, en mis brazos, con su mirada pendiente de la mía, asustada pero silenciosa, mi fiel Frida dejaba escapar su último aliento y se dormía plácidamente sobre mi regazo. Sólo quien ha compartido su vida con animales y los ha dejado que entren en su corazón, puede comprender el dolor terrible que puede causar esta pérdida, comparable perfectamente con la de un ser familiar querido.

Frida, la superviviente, viejecita de edad incierta, la resucitadora, que sobrevivió a la vida callejera, a las enfermedades y secuelas que le produjo, que de manera milagrosa se sobrepuso hace dos años contra todo pronóstico a lo que parecía evidente, con insuficiencia renal y respiratoria, con problemas cardíacos, sin dentadura, con un miedo y un pánico instalados en su cerebrito que le superaba cada vez que una puerta se cerraba de golpe o un ruido se producía a su alrededor….con todos los números de decir adiós una y otra vez, se ha resistido hasta lo inimaginable pero finalmente sus escasas fuerzas no han evitado el peor de los desenlaces.

Ahora queda para el recuerdo las múltiples escenas compartidas, los muchos momentos significativos, su carácter auténticamente fridiano de luchadora, con personalidad y obstinación. Siempre nos quedará su inevitable deje callejero, con su obsesiva persecución a las lagartijas, su interés por los pájaros y su odio visceral a los gatos. Tampoco se llevaba bien con los niños ruidosos o con los adultos excesivamente expresivos. Para evitar posibles problemas no dudaba en delatar a su compañera Pussy cada vez que soltaba sus excrementos en el lugar que no correspondía, como diciendo: que cada palo aguante su vela. Añoraré sus toques con las patitas invitándome a subirla a mi cama y dejarle que se colocase en mis piernas, ni sus exageradas muestras afectivas que incluían cabezazos y frotamientos intensos para provocar el esperado: Vamos, y así salir a la calle, a recuperar su naturaleza antaña. 

También su andar gallardo y majestuoso, su porte de luchadora barriobajera enfrentando a todo animal que se le pusiese por delante, sin reparar en tamaños ni riesgos; su curiosidad sin fin, su eterna mirada observadora que parecía querer decirnos algo, su particular manera de comer al solo conservar los colmillos y muelas, su amor por el pollo y el solomillo, su cara sufridora al tener que tomarse la medicación suministrada vía jeringa porque no ha habido manera de hacerle tragar una pastilla entera, ni escondida ni directa, al final la sacaba; su sabotaje continuo cuando nos instalábamos al ordenador reclamando con insistencia que la cogiéramos en brazos; sus peleíllas y rifirrafes sexuales con su niña con la que ha conservado ese cariño fraternal incluso con el paso del tiempo; sus batallas con el sofá u otras superficies para lograr quitarse la braguita o el jersey para el frio; sus reacciones frías y castigadoras hacia mí por haberla abandonado cuando me he ido a trabajar; su marcha hacia la puerta para huir a casa de mi hija, cuando tan solo había cogido los calcetines y se percataba que me vestía para salir; su nerviosismo por mi ausencia estando atenta a cualquier ruido de coche identificable o dirigiéndose a la puerta ante cualquier ruido con la esperanza que fuese yo; y tantas y tantas situaciones y vivencias más compartidas. Parece mentira que una mascota de para tanto. Para muchos el establecimiento de este vínculo tan grande con un animal no es comprensible ni sano. Se les puede querer, pero tampoco hay que alucinar, dicen. Ellos se lo pierden. La lástima es que la vida de nuestros animales no suele ser muy larga y resulta frustrante el ir pasando continuos procesos de duelo por la pérdida de nuestros animales de compañía. Es frecuente decir tras una pérdida dolorosa que ya será la última, pero no suele ser así. Lo que nos aportan afectivamente compensa sin duda al sufrimiento que genera su marcha. Hay que sobreponerse, recordar, añorar y esperar nuevos tiempos. A mí me queda la ilusión que mi próxima mascota sea su nieta, un cachorrito de su Duna y que de alguna forma mi Frida seguirá conmigo. Ahora lo que toca es decirle adiós y darle las gracias por tantas alegrías. Adiós mi niña, te añoraré enormemente.    25 abril 2021



Te fuiste muy pronto Amiga mía, hacía mucho que no escribía cosas así, pero hoy, estando en el despacho con la Duna, me ha surgido la necesidad de plasmar en letras lo que no puedo expresar de otra manera. Hoy, 26 de abril de 2021, dos días después de tu marcha, no encuentro consuelo ni puedo gestionar el gran dolor que siento. Es lunes, tu padre trabaja, y como es habitual me he despertado pensando “ahora subiré a por la Frifri”. Que traidor es el cerebro, parece que aún no quiere admitir lo que ha pasado. Qué tristeza más grande me ha invadido cuando segundos después he recordado que ya nunca más subiré a buscarte, que ya nunca más me recibirás con tus saltitos, que ya nunca más podré abrazarte y darte besitos. Estamos aquí la Dudu y yo, pero ya no es lo mismo. El aire huele a tristeza, a soledad, a vacío. Hoy no he podido decirte que no te quites las braguitas, no he podido cogerte mientras estoy en el ordenador, no me has acompañado a hacer el café. Y no te creas que sólo tengo esta sensación porque no estás abajo con nosotras. Cuando estabas arriba con tu papi, mi vida era ir subiendo a verte a cada rato o estar pendiente de si bajabas a la calle (una de esas 500 veces que bajabas). Has sido una de la mayores alegrías de nuestra vida. Sé que me repito, pero siempre recordaré aquel día de agosto cuando nos conocimos. La primera que se vino a mis brazos fue tu bebé pequeño, de la cual me enamore perdidamente al segundo. Tú mirabas desde lejos. Te vi y fui corriendo a por ti. Con la desconfianza que te caracterizaba, lógicamente por la mala vida que estabas pasando, me mirabas. Me acerque con lentitud y viniste. Sin pensarlo te cogí en mis brazos y tú me chupaste la nariz, hecho que después valoré mucho más porque lo tuyo con los desconocidos no era la dulzura precisamente. En aquel momento entendí que la vida nos estaba regalando la oportunidad de tener una nueva experiencia todos juntos. Mi padre, que también ha sido el tuyo, deseaba tener una perrita y supe que esa eras tú. Aquel día sentí una gran conexión contigo que me ha acompañado hasta el final. Al principio parecía que no lo ibas a poner fácil. Muchas veces me preocupe pensando que había errado en aquella decisión que tomé. Sólo quería que fueses feliz. Pero, únicamente necesitabas tiempo. Con el paso de los días empezamos a ver que cuanto menos serías una perra peculiar. Eso mismo es lo que ha hecho que fueses tú, ha sido lo que te ha caracterizado. Añoraré todos los momentos, tus recibimientos, tu insistencia para que te subiera en bracitos, tus bocaitos cuando te molestaba con tanto besito, tus patitas rascando mi puerta… Añoraré tantas cosas… Te fuiste muy pronto, tan pronto y tan rápido que aún no somos capaces de asimilarlo. No dejo de pensar en ese terrible momento en el supe que, ahora sí, algo no iba bien. Busqué respuestas al porqué estaba sucediendo eso, intenté convertirme en médico para buscar una solución y rece a cualquier “Dios” que pudiera oírme pidiendo que sólo se tratara de un susto más, pero tristemente por mucho que busqué y supliqué nada pude hacer por ti, ya tan sólo podía desear que tu final llegase rápido y sin sufrimiento. Aún ahora, días después, sigo dándole vueltas a la situación, deseando que pasases el menor mal posible y que pensases en lo mucho que te hemos querido. Te fuiste entre los brazos de tu querido papi, mirándole a los ojos como agradeciéndole todo lo pasado, como diciéndole “no sufras más, yo siempre estaré contigo”. Querida Frida, has sido un ejemplo de superación, luchadora hasta el final de tus días. Nos enseñaste que siempre hay que seguir adelante por muy mal que pinte el camino. Hoy quiero darte las gracias por todo, cada minuto que hemos pasado juntos ha sido único y siempre te tendremos presente. Las lagartijas, los pájaros, los gatos, los niños con pelota… te añoraran. Espero que si existe algo más después puedas estar con tu Lenin y que nos esperes, junto al resto de nuestra familia que ya marchó, porque nos reuniremos todos para vivir el infinito juntos. Adiós gordita mía.                                            Tania