Los sesenta me persiguen.
Rondar los sesenta impone
alguna reflexión extra. El problema es que las circunstancias actuales no
facilitan el que este ejercicio introspectivo se haga con algún tinte
optimista, Los achaques, la pérdida de rendimiento físico y mental tampoco
ayuda. Se suele utilizar el tópico de que la edad es la interior, pero tengo
claro que por mucho esfuerzo que dediquemos a convencernos con este argumento
acabamos chocando con la realidad.
En otras épocas llegar a
esta edad te situaba ya en la antesala de la tercera edad. La jubilación
marcaba un nuevo estado vital que imponía una reorganización importante, tanto
del espacio cotidiano como de los planteamientos de futuro. Claro que si ese
período de nuestra vida venía acompañado de una paga decente, era más fácil.
Hoy, esta opción está
reservada para una parte selecta de elegidos sociales: los funcionarios. Pocos
más conservan el privilegio de decir adiós a la vida laboral con sesenta años y
hasta no hace mucho con cincuenta y cinco. El resto de los humanos, dependiendo
de circunstancias como la fecha de nacimiento y los años cotizados, hemos de
esperar hasta siete años y con el triste convencimiento que para sobrevivir
deberemos sobrepasar ese límite o buscar formas complementarias de ingresos.
Algunos arrastramos las diferentes crisis económicas de las últimas décadas que
han asolado nuestro país y que nos ha repercutido, por un lado, en la
imposibilidad de generar un ahorro preventivo como habían intentado inculcarnos
nuestros mayores; y lo que es peor, por los altibajos en el empleo no haber
acumulado la antigüedad y las bases de cotización suficientes para cobrar una
pensión mínimamente decente.
Es aquí donde nuestras
limitaciones nos pueden pasar factura. Ni física ni mentalmente vemos como muy
factible ese sacrificio extra que se nos viene encima. Y si además formas parte
de ese gran colectivo de desahuciados y expulsados laborales que perdimos
nuestro trabajo (para toda la vida), ahora con la crisis del covid19 o en las
anteriores, más oscuro se nos antoja el horizonte.
El mercado laboral está
patas arriba; la precariedad es absoluta; el cambio tecnológico se muestra más
presente que nunca, etc. Por lo que las oportunidades laborales son escasas
para los de nuestra edad especialmente. Tristemente, para muchos, la única
alternativa que queda es tramitar la ayuda para mayores de 52 años, que supone
tener que sobrevivir con poco más de 400 euros hasta la jubilación. Aunque
parece ser que cuando llegue ese momento el cambio no va a ser muy perceptivo y
esa época de nuestra vida que debería caracterizarse por la tranquilidad y el
sosiego, habrá pasado a mejor vida.
2 octubre 2020
No hay comentarios:
Publicar un comentario