jueves, 28 de julio de 2016

TRES MESES DESPUÉS


3 meses después.

Ya ha pasado  poco más de tres meses desde el arranque “oficial” de la andadura del libro ME LO DECIA MI ABUELITO. Tras una quincena de presentaciones en Andalucía y Catalunya se impone hacer un mínimo balance y trazar las líneas de la nueva singladura.  

El objetivo, de partida, era sencillamente conseguir la publicación del libro y una mínima difusión con los cercanos. Se ha cubierto con creces. La respuesta de la gente ha sido sorprendente y nos ha obligado a ser más ambiciosos en el proyecto.

No ha sido fácil y el camino no ha estado y está exento de contrariedades y alguna que otra frustración. El cariño mostrado y la buena crítica que hemos recibido de los lectores compensan con creces los aspectos negativos que pudieran darse.

ME LO DECÍA MI ABUELITO nació con una voluntad restauradora de la dignidad de mi abuelo MANUEL VALENZUELA y con un evidente ánimo de servir de instrumento para la divulgación y el debate.

Pareciera de dominio público que se da una especie de hartazgo sobre los temas de la Recuperación de la Memoria Histórica y que el interés por mantenerlo vivo se reduce a unos cuantos “galos resistentes”, obstinados en no querer pasar página.

El franquismo y el postfranquismo más moderno hicieron muy bien sus  deberes. No sólo el político-represivo sino el educativo-ideológico. La propia ineficacia cuando no desinterés, de los sectores denominados de izquierdas y llamados, como es lógico, a recoger la bandera de la Memoria Histórica, no nos muestran un cuadro médico de estado de salud optimista.

Sin embargo, las conversaciones que hemos podido tener con muchas personas, la mayoría víctimas, descendientes y familiares de represaliados, casi todos ajenos a un activismo memorialístico, que se han acercado silenciosos a nuestros actos y se han atrevido a romper por fin las barreras del silencio y del miedo impuesto y autoimpuesto; y a abrir sus corazones para dar rienda suelta a tanto dolor acumulado nos ha hecho ver la importancia de proseguir con estas actividades.

El formato usado huyendo del academicismo y de los homenajes superfluos, de dar la voz a los verdaderos actores y de apostar por un ejercicio psicológico colectivo de empatía lo ha posibilitado. El hablar desde la cercanía, con un lenguaje comprensible y desde la emotividad justificada, ha ayudado a muchas personas a identificarse con lo explicado y a tener la fortaleza necesaria para exteriorizar esos sentimientos acumulados a lo largo de toda la vida.

El  convencimiento de que somos una gran familia ha ido abriéndose paso. El intercambio de relatos, de recuerdos, de nombres, de lugares, de emociones compartidas, ha generado nuevas necesidades y el convencimiento y compromiso de seguir luchando contra la injusticia y el olvido.

También se han evidenciado determinadas situaciones o actitudes a mejorar. Por desgracia, el ánimo y el compromiso que en algunas personas e incluso colectivos que hacen bandera de estos temas no ha estado a la altura que se merecen, ya no el libro y los que estamos comprometidos en este proyecto concreto, sino, los represaliados y sus familiares. Determinados afanes personalistas, corporativistas, exclusivistas han pesado más que el objeto central de la lucha recuperadora.

No pertenecemos a ninguna formación política concreta aunque tenemos nuestras convicciones ideológicas muy claras y estamos acostumbrados a trabajar con muchas asociaciones u organizaciones políticas. En cada lugar hemos intentado recabar la colaboración de personas interesadas que nos ayudasen. Es triste presenciar actitudes llenas de prejuicios y condicionadas por si colaboraba o participaba tal persona o tal grupo político. También nos hemos encontrado con algunos que se llenan la boca de compromiso y son desmentidos después por sus propias actitudes. También hay los defensores de su parcelita, de su exclusividad y que ningunean al que no comulgue con su doctrina. También muchos que no han querido salir “retratados” para no comprometer sus relaciones personales, políticas o comerciales. En definitiva, algunos comportamientos indignos para una actividad en la que la dignidad es un valor fundamental. Por suerte, bastante minoritarios, aunque no por ello menos denunciables o, al menos, merecedores de una reflexión crítica y autocrítica.

A pesar de estos pesares y de muchas cuestiones mejorables también por nuestra parte, estamos muy contentos por la gran respuesta obtenida. La contrastación práctica es visible en la página de facebook ME LO DECIA MI ABUELITO creada para la difusión. Allí puede verse la información escrita, audiovisual y de interés general de todos los actos y de cuestiones de interés relacionadas con la Recuperación de la Memoria Histórica.

Comenzar la singladura con un acto de más de 100 personas en el Marchal, el pueblo originario de mi familia y que apenas llega a los 500 habitantes, llenar el patio del ayuntamiento de Guadix o con actos como el de Granollers con también un centenar de personas, no está mal y, tras una quincena de presentaciones: Marinaleda, Montornès, Badía, Terrassa, Sabadell, Martorell, Parets, Mollet, Barcelona,  etc. y bastantes ya previstas para después del verano,  nos reafirma en la convicción que no estamos solos en este camino y nos impone una gran responsabilidad que hemos de saber gestionar de la manera más correcta.

Fruto de todo esto se han abierto nuevos frentes de trabajo, proyectos de trabajo  cooperativo, nuevas necesidades de investigación y estudio y también, la necesidad de una segunda parte del libro que se centre en los que tras la ejecución de mi abuelo, tuvieron que luchar por sobrevivir así como en las consecuencias traumáticas del genocidio llevado a cabo y que se cebó en una gran parte de la población.

Para poder hacer efectivo este compromiso es importante la colaboración y participación de todos. Es fundamental oír la voz de todo el que lo desee y pueda sentirse partícipe de todo este proyecto común. La página del facebook y el blog personal asociado, así como nuevos enlaces futuros,  están abiertos a todo tipo de sugerencia constructiva. Las esperamos.

Salud y República

 

lunes, 18 de julio de 2016

Fracaso del 18 de julio en Guadix. El pueblo defendió su República.



“Fue en España donde los hombres aprendieron que es posible tener razón…. y aún así, sufrir la de derrota”.
                                                                                                           Juan Negrín.
Lo escucho e inevitablemente me imagino aquella situación por las calles de Guadix. Habían sido una eternidad de años y de siglos de ejercicio del dominio por parte de los poderosos acostumbrados a controlar siempre la situación y hacer callar por el procedimiento que fuese las voces discordantes. Había habido quejas, protestas, huelgas, etc. La situación había llegado a unos extremos insostenibles pero, incluso en el período republicano, en las comarcas granadinas, los poderosos no habían perdido el control de la situación y del orden público.
Cuando se dieron cuenta de que por mucho que lo intentasen y con los medios que quisieran, no iba a ser ya suficiente para imponerse, optaron por romper la baraja y decidieron  que el juego se había acabado. Los cuarteles hablarían de nuevo, los gloriosos militares salvadores habían de intervenir. El pueblo oprimido, por su parte,  había tomado la decisión de asumir el nuevo rol que le tocaba jugar si no quería perder lo poco conseguido y acabar de nuevo en la más absoluta esclavitud. Debía dar un paso al frente y defender a la República ante el abierto ataque ya de los de siempre, que no iban a tolerar que unos descamisados analfabetos tiraran por tierra esos privilegios que por tantos años habían acumulado.
Me imagino la cara de sorpresa cuando estos guardias civiles golpistas apoyados por unos cuantos “verdaderos” patriotas civiles,  aspirantes a jugar con uniforme y pistolitas; tomaron la determinación de apoyar el levantamiento golpista de Mola, Franco y Sanjurjo y se lanzaron a las calles de Guadix a poner orden por fin. Como poseedores de ese innato don de salvapatrias y salvaalmas; y de su castizo honor, gallardía, valentía, etc. debieron creerse poco menos que inmortales y no era para menos, se les reclamaba para colaborar en una tarea que iba mucho más allá del mundo mundano. El caso es que cuando se encontraran que la respuesta de sus queridos convecinos no fue recibirlos con los brazos abiertos  sino hacerles frente y con medios rudimentarios repeler su intento de controlar la ciudad y tener que volver a esconderse en su cuartelillo, su ánimo y su cara sufrirían una considerable  transfiguración. No estaban acostumbrados a ser ellos los que corriesen perseguidos y acosados por los “maleantes”.
El pueblo había decidido que esta vez vendería cara su derrota y que si era preciso iba a dejarse la vida en ello. Me imagino la situación. Los golpistas encerrados, rogando a Dios que les enviasen refuerzos para salvar el pellejo. Y los republicanos que, por primera vez se sentían verdaderos amos de su situación y conscientes que podían ejercer esa gran responsabilidad de defender un gobierno y una democracia legítimos, que los militares, una vez más, intentaban derrocar. Debió ser increíble vivir aquellos momentos. La llegada de refuerzos en ambos bandos. La presencia de  milicianos combatiendo, codo con codo, con los republicanos izquierdistas de Guadix y de la comarca. La llegada de los mineros de Alquife y la dinamita haciendo volar el cuartel. Los combates por toda la ciudad. La inevitable destrucción que implica un acto de este tipo. La derrota de los facciosos y el triunfo de los republicanos. Como ahora decimos, seguro que gritaron: “Sí se puede”. El enemigo no era invencible. La mayoría de la población vivió con júbilo el triunfo. Otros en silencio temblaban. Algunos habían desaparecido ya. Su apuesta había fallado. De momento, decían.

Fragmento del libro ME LO DECIA MI ABUELITO. 

 

domingo, 17 de julio de 2016

18 de julio, 80 años del golpe fascista




Mañana se cumplirán 80 años del golpe de estado fascista que  llevó al derrocamiento por la fuerza de la II República Española. No podemos y no queremos pasarlo por alto.

Una fecha donde no se dio inicio tan solo a la mal llamada guerra civil española, como pretendieron hacernos creer los “salvadores de la patria” que se levantaron, decían, para poner orden frente al caos republicano, o como erróneamente siguen denominándola muchas personas de izquierdas e incluso la mayoría de los historiadores y “expertos” en la materia. 

Lo que sucedió fue un golpe de estado fascista, abanderado por la mayor parte del ejército español y los sectores más reaccionarios del país: monárquicos y fascistas, caciques, burgueses, oligarquía agraria y financiera,  jerarquía eclesiástica y sectores afines; que con la ayuda y entrenamiento de decenas de miles de combatientes falangistas y carlistas preparados para la ejecución del golpe, bastante antes de ese 17 de julio que lo puso en marcha, así como con la intervención directa de tropas extranjeras alemanas, italianas y de miles de voluntarios fascistas de toda Europa,  con barcos, aviones y todo tipo de material armamentístico y con la pasividad cómplice de los demás países bajo el amparo de una falsa No Intervención, se alzaron en armas contra la legítima República Española, en una clara expresión del conflicto de clases bien presente en aquellos momentos, como forma de poner fin al intento de construcción de una sociedad avanzada, democrática y socialmente, en nuestro país. 

Ese es un hecho objetivo por mucho que quiera desvirtuarse sobre la base de que posteriormente, tras el fracaso del mismo por la heroica resistencia del pueblo español, sí se produjo un conflicto bélico tradicional donde acabaron enfrentándose españoles con españoles, en una confrontación que iba bastante más allá de una lucha fratricida y que no era más que la preparación y entrenamiento para lo que después sería la II Guerra Mundial. Donde los republicanos españoles solo contaron con el apoyo de Méjico, la URSS y las gloriosas Brigadas Internacionales. Sabemos cómo acabó.

80 años después podemos hacernos muchas preguntas y podemos analizar y reflexionar sobre lo divino y lo humano. Para mí una confirmación se eleva por encima de lo demás: el franquismo no ha muerto. La dictadura se hizo un lifting, la transición se propuso borrar las huellas y hoy estamos con la realidad que nos encontramos. ¿casualidad?