viernes, 30 de octubre de 2020

HOLA, LOLA.

 

 

 

 

 

 

 

  

Hola Lola.

Bienvenida al universo de los inmortales recuerdos. Tus pequeñitos e inocentes ojitos con que expresabas tu alegría por apretar entre tus manos un poquito de nuestra memoria común o al leer la modesta dedicatoria que desde el corazón te lanzaba, arrojaban al mundo una grandeza acumulada tal, que difícilmente se puede expresar con palabras. Tu frágil figura disimulaba el cofre inmenso donde ya reposan tus grandes sacrificios, tu castigada vida, los cobardes latigazos vertidos sobre tu espalda inocente y también, la enormidad de amor y entrega que prestaste a los tuyos, a los de tu sangre, a los de tu clase, a las de tu género. Noventa y dos años han dado para mucho y estamos convencidos que cuando tus pupilas se cerraron hace pocas horas, lo hicieron tranquilamente, reposadamente, al calor de tus hijos y nietos que hoy te lloran; pero con el sosiego que tu vida humilde y comprometida te aportó, con la alegría de ver la semilla que, mano a mano con tu José, habéis sembrado. Atrás quedaron las penalidades de la vida dura de los nuestros en la dictadura, lejos de las tierras que os vieron nacer, perseguidos y maltratados por comprometeros en la lucha por una vida mejor para todos, del terrible dolor de la cárcel y la muerte inmerecida, de la lucha por la supervivencia y por la dignidad, de tanta y tanta penalidad. Hoy preferimos quedarnos con los gratos momentos y la felicidad inmensa de ver crecer a los tuyos y la llegada de nuevas generaciones. Ahora es tu momento, el reencuentro con José, Marcelino, Josefina, Cipriano y tantos y tantas más que te precedieron. Nuestro compromiso es manteneros vivos. Y sabes que no te vamos a fallar. Lola, puedes marchar tranquila.

Alberto Valenzuela. 30 de octubre de 2020

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