viernes, 22 de enero de 2016

Adiós, fiel amiga



Adiós, fiel amiga
Ya te has ido, fiel amiga.
Entre mis brazos temblorosos
esta madrugada invernal
se escapó tu último aliento.
Despertaste de tu espera taciturna y silenciosa,
alzaste tu cabeza y me miraste.
Tus ojos, siempre tan parlanchines
mis brazos parecían reclamar.
Abracé tu esquelético y debilitado cuerpecito,
envoltorio digno al que la enfermedad te redujo
y del que hacía días luchabas,
sin queja, por desprenderte.
Humedecí tus labios resecos,
agua y lágrimas, licor de despedida.
Nuestros ojos hipnotizados se miraban
a la par que tu maltrecho pecho
lanzaba a mis oídos prietos
tus últimas bocanadas de presencia
mientras yo, en vano intento
apretaba y apretaba
para contagiarte una chispita de vida.
Se acabaron tus carreras circenses,
tus ojos obsesos y tu rabito bailón,
tus saltos equilibristas
y tus cansinas e inagotables demandas
de juegos interminables.
Tu pelota, huérfana ya,
desgastada de tanto afectuoso trote,
 te acompaña en éste tu último viaje.
Tu muñequito, tan especial para ti,
lo guardo como talismán y recuerdo.
Llevo ya muchos días añorándote,
mi pequeña compañera de tristeza,
maldiciendo las durezas de la vida
compartiendo soledades a tu lado.
Agradeciendo tu incondicional compañía
de la que me costará horrores desprenderme.
En tiempos que la calidez humana es tan escasa,
donde el necesario abrazo amigo tanto cuesta
te he tenido a ti, como un regalo
y como  medicina a mis carencias.
Cuca, cuquita, estrella mía
marcha tranquila a tu ganado reposo
tu llama , en mi dolido corazón
permanecerá siempre encendida.
Adiós, fiel amiga.
                                             21 de enero de 2016

martes, 19 de enero de 2016

Me dice mi amigo Oscar....3



Me dice mi amigo Oscar....3


Que el paseíto por el bosque que le receté para relajarse le sentó fatal. Dice que intentó disfrutarlo al máximo, se mimetizó con el entorno cual perdiz, gozando del silencio solo roto de tanto en tanto por algún pajarillo o por el viento entre los árboles, observando con curiosidad a los animalillos que por doquier intentaban desarrollar una vida lo más natural posible, sin pensar en agujeros de la capa de ozono y tal.


Lástima, me dice, que mientras estaba recreándose mirando la laboriosidad y fortaleza de las hormiguitas estuviese a punto de ser arrollado por un quad salvaje que, sin respeto alguno por el entorno circulaba por el camino forestal como si de un participante del París-Dakar se tratase. En el intento de no atropellarle acabó volcado en un lateral del camino. La sangre no llegó al río y todo finalizó felizmente tan solo con alguna magulladura para ambas partes.


Sin embargo, me dice mi amigo Oscar, lo peor estaba por venir. Roto el embrujo del momento y finiquitada la relajación prescrita, los fantasmas de la depresión y la frustración volvían a aparecer. Manolo que es como se llamaba el loco del quad resultó ser un parado de larga duración que, con 53 años, afrontaba su depre corriendo con este vehiculito. Su psicólogo, al que no tengo el gusto de conocer, le propuso la posibilidad de hacer algún tipo de deporte como mecanismo de evasión. Manolo que ya anda bastante quemado había probado apuntándose a un gimnasio a hacer fitness pero después de agredir a varios estilizados usuarios con los que no lograba conseguir afinidad, optó por probar con los deportes de riesgo, más acordes para afrontar sus altos niveles de adrenalina. Tras salirse del camino y estamparse contra un árbol se había girado para comprobar el estado de Oscar. Cuando se cercioró que la cosa no acabaría de hospitales rompió a llorar como un niño.


Total, que Oscar que ya se encontraba sobrepasado por sus propias circunstancias, miserias que llama él, acabó siendo, una vez más, el hombro amigo y la esponja emocional de aquel tipo que casi lo mata. Hasta tuvo que invitarle a una cola. No sabe si pedirme una cita o presentarme una demanda por daños y perjuicios.


Le he dicho que venga con su amigo y nos echamos unas risas…..o unas lágrimas. Depende de cómo tengamos el día.

jueves, 14 de enero de 2016

Me dice mi amigo Oscar….2









Me dice mi amigo Oscar….2

Que le apetece seguir hablando sobre decepción y frustración. Me comenta que le ha gustado mucho mi artículo “Año nuevo, ¿propósitos viejos?”, que me jura y perjura que lo ha leído varias veces para interiorizarlo y aprehender el propósito terapéutico y pedagógico del mismo, pero, que algo no debe estar haciendo bien porque la balanza del equilibrio emocional parece siempre querer decantarse hacia el lado oscuro.

Comenzó el año con firmes propósitos renovadores, incluso se compró unas gafas nuevas con cristales especiales para ver la realidad de manera más optimista. Dice que las venden en la teletienda, pero se teme que seguramente le han timado como con las babas de babosa que por lo visto son mejores que las de caracol y que además de dejarte la piel suave tienen un efecto masajeador sobre las neuronas y las relaja.

Me explica que incluso se compró unos calzoncillos rojos Calvin Klein, tipo slip porque los tanga le provocan rozaduras, para fin de año y que todavía lleva encima  a la espera de que surtan efecto. Le costaron una pasta, son de marca y venían con garantía. Tiene hasta el 30 para devolverlos si no queda satisfecho.

Hasta se bebió la copa de cava, no de sidra, como buen catalán, con el anillo de oro de la comunión en la copa y que por querer forzar el ánimo de entrada en el año nuevo acabó alojado en su estómago, estando a día de hoy pendiente de su salida del organismo. No es que valga mucho pero dice que es por el valor sentimental. Tiene gracia viniendo de un ateo.

Yo le escucho y, la verdad, no sé si reír o llorar. Mis competencias profesionales parecen estar limitadas en este caso, incluso creo que me está contagiando algo su pesimismo u optimismo informado como lo llama él. Le he enviado a pasear y a reflexionar un rato por el bosque a ver si el contacto con la madre naturaleza activa su deprimido sistema inmunológico o desactiva el cerebro-neuronal.

La verdad es que hoy no me apetece mucho que me cuenten su vida. Lo dejaremos para otro momento. No tengo el  chichi pa farolillos, que diría aquella. Esto de ser psicólogo las 24 horas es un rollo.

Buen año a todos.

martes, 12 de enero de 2016

MEMORIA VIVA. Hoy hace 76 años.







MEMORIA VIVA. Hoy hace 76 años.
 “Guadix, cuatro de la madrugada del doce de enero de 1940. Prisión de la ermita de San Antón.

Mi queridísima Mercedes, ha llegado el día tan temido por todos nosotros. Se ahogaron las escasas esperanzas de clemencia. Me encuentro en capilla, junto a cuatro compañeros más. Los cinco seremos ejecutados a las siete de la mañana. Se acabaron las penalidades para nosotros, pero desgraciadamente proseguirán las vuestras. Cuando leas esta carta si es que llega a tus manos, como me prometió el cura, este martirio  habrá finalizado. El cementerio, si no sucede algo extraño, será nuestra nueva morada. Solo espero que, como dicen, haya una vida más allá para seguir dándoles guerra y proseguir el camino liberador iniciado y que ha supuesto el sacrificio de nuestras propias vidas y el martirio de tanto inocente. Por mucha barbarie que sigan haciendo no podrán parar el tren de la historia. Los desposeídos acabarán siendo los dueños de su propio destino. Se acabarán los amos y los dioses. Estos ideales de justicia social a los que con tanta ilusión abrazamos miles y miles de personas en nuestro pobre país, acabarán por desplazar el terror y la explotación humana.

Me voy contento en este sentido. Me matan por mis ideas no porque haya cometido ningún crimen. Ya sé que tu pena y el sufrimiento de nuestros queridos hijos será enorme, pero quiero que siempre vayáis con la cabeza bien alta y orgullosos de mí.  Conserva todas las notas que te he escrito para que el día de mañana nuestros hijos puedan comprender lo que le han hecho a su querido padre. Explícales las razones profundas de este martirio. Procura que estudien y se conviertan en personas de provecho y sepan defenderse en la vida mejor de lo que lo ha podido hacer su padre. Ya llegará el momento de pedir cuentas y que resplandezca toda la verdad.

Sión, Manolo, Lorenzo, Mercedicas, Carmela, haced siempre caso a vuestra madre. No le deis más quebraderos de cabeza de los que la pobre tendrá. Estudiad mucho, aprended buenos oficios y ayudad todo lo que podáis a la mama. Recordad los buenos momentos que hemos tenido y pensad que siempre estaré a vuestro lado aunque no me podáis ver. Os quiero con locura. No me olvidéis.

Mercedes, dale un abrazo muy grande a mi pobre madre que, con los dos hijos presos, lo está pasando muy mal. Abraza también a la tuya y a tus hermanos, en la confianza que sé que os ayudarán todo lo que puedan a pasar este mal trago y a que salgáis adelante.

Mercedes, amor mío, me gustaría  despedirme en vida de ti y poder darte las gracias por ser la mujer y la madre más extraordinaria del mundo. Lamento mucho que nuestra bonita aventura amorosa acabe de este modo y no podamos llevar a cabo tantos proyectos como teníamos en mente.  Gracias por tu coraje y sacrificio sin límites durante estos duros nueve meses. Sólo he podido resistir gracias al enorme amor que nos tenemos, por sentirte a mi vera, por poder hablar de vez en cuando contigo o poder darte un abrazo y sentirte entre mis brazos. Has sido la energía que me ha mantenido con vida. Me has cuidado día a día y has procurado que no me faltase de nada quitándotelo incluso de tu propia boca. No he podido darte las gracias como te mereces ni decirte de viva voz lo mucho que te amo y pedirte perdón por todo lo que te está suponiendo este calvario.

Me voy con una gran pena pero con la tranquilidad de dejarlo todo en tus manos. No tengo la menor duda que saldréis adelante. Con los animalillos, con algo de tierra o como sea, siempre has sido una mujer de recursos.

Se me acaba el tiempo y tengo que acabar. El futuro va a ser duro, lo sé. Quiero que en todos y cada uno de los minutos de tu vida me tengas presente y mi recuerdo te dé fuerzas para afrontar todo lo que venga. Siempre estaré junto a ti, no te dejaré sola.

He dejado en el cestillo las cuatro cosas que he tenido aquí para que las conservéis como recuerdo mío. A mis hijos no puedo dejarles más herencia que mi ejemplo y mis ansias de libertad. Espero que lo hagan suyo y que lo transmitan a sus hijos también. Tenedme siempre muy presente y procurad o al menos intentad ser felices. Os mando el mayor de los besos y de los abrazos. Hijos míos os quiero con locura. Tu esposo que te ama. Manuel.”


Esta es la "recreación" que me he permitido realizar de la carta de despedida que mi abuelo escribió horas antes de ser ejecutado en el cementerio de Guadix y que forma parte del libro "ME LO DECÍA MI ABUELITO"  que en breves semanas verá la luz. El original no llegó a manos de su viuda tal y como el cura le había prometido como treta para conseguir doblegar su voluntad de no confesarse antes de ponerse frente al pelotón de fusilamiento. Hoy se cumplen 76 años de aquel fatídico 12 de enero de 1940. Os adelanto también la "reconstrucción" de lo que pudieron ser aquellos últimos momentos, en boca de mi propio abuelo.



12 DE ENERO DE 1940, hace 76 años.






 12 DE ENERO DE 1940,  hace 76 años.


"Mis ojos miraban hacia el horizonte donde, a través de las nubes y con la sierra nevada al fondo, el día intentaba hacerse paso mediante los tenues rayos de un sol que comenzaba a despertarse. Respiré profundamente para inundar mis pulmones de aire fresco y puro. El olor a hierba fresca me trajo el recuerdo de mis madrugadas cuando me iba al campo a trabajar. Verdaderamente era un día precioso para morir y lo iba a hacer acompañado de unos maravillosos camaradas. Los dos José, Gabriel, Antonio y yo, nos mirábamos con cara de corderos que van hacia el matadero. El amanecer iba mostrando la palidez de nuestros rostros y aquellos ojos tristes y ojerosos. No se veía un alma por los alrededores de la ermita pero presentía que nos miraban desde muchos sitios. Nos coloraron en fila y a empujones  hicieron ponernos en camino. Alrededor nuestro una decena de soldados marchaban  y nos vigilaban con desagrado evidente. Eran muy jóvenes y evitaban mirarnos a los ojos. Sabían a lo que iban y no parecían muy contentos por lo que debían hacer momentos después. El oficial gritaba para que no disminuyéramos el paso. Subimos por el camino que conducía al cementerio. Eran apenas trescientos metros pero se antojaban unos kilómetros eternos. Me tocó encabezar el grupo por lo que no podía ver a mis compañeros aunque sentía muy bien su aliento, sus lágrimas y el ruido de sus pasos. Cualquier intento de articular una palabra era acallado rápidamente. A lo lejos se vislumbraban los cipreses entre aquellos muros blancos. Al final parecía que sí acabaríamos nuestros días en el cementerio y no tirados en una cuneta o en una fosa clandestina como le había sucedido a tantos. Nuestras familias, al menos, podrían saber donde estábamos. No quería pensar mucho en ello, no quería imaginar a mi mujer y mis hijos horas más tarde cuando, como cada día fuesen a llevarme la comida y  les dijesen que todo había acabado. Durante el camino intentaba traer a mi mente recuerdos bonitos, era una manera de agarrarme a ellos, de mantener a los míos junto a mí, hasta el último momento. Las lágrimas  caían  por mi rostro. Nunca más iba a volver a verlos, a sentirlos entre mis brazos o a oír sus voces.



Por fin llegamos a las puertas del cementerio, donde esperaba el cura, también con rostro de evidente incomodidad por tener que participar de aquella situación y tener que volver a ver nuestras caras. Se oía a las grajas protestar por romper su tranquilidad. Me entró una flojera en las piernas que casi me hizo caer al suelo. Nos miramos entre nosotros con gesto de despedida y cruzamos unas palabras de ánimo final. Pudimos decirnos adiós, algunas frases de afecto y solo nos faltó poder abrazarnos y fundirnos como un solo alma. No nos soltaron. Nos colocaron junto a un muro, que presentaba evidentes señales de haber sido ya utilizado con anterioridad por los muchos impactos y las manchas de sangre que tenía. A su lado, una gran fosa abierta. Oímos decir al oficial que habíamos llegado antes de lo previsto pero que no esperaría hasta que fuesen las siete como estaba marcado en la orden. Nos pusieron de cara al pelotón que formaban todos los soldados ya con sus armas preparadas. El oficial le hizo una señal al cura y este se acercó a nosotros con su crucifijo para ofrecerlo a nuestros labios. Todos giramos la cabeza en su intento y se limitó a decir una frase pidiendo clemencia divina para los que iban a ser ajusticiados. Quisieron  taparnos los ojos pero ante la negativa del primero los demás tampoco aceptamos.  A las seis y media de aquel 12 de enero de 1940, con el pensamiento en nuestros seres queridos, cinco republicanos más, como tantos otros que nos precedieron y los muchos más que vendrían después, caímos bajo las balas de los fusiles fascistas. Las descargas no pudieron acallar nuestro grito de Viva la República. Ni siquiera el tiro de gracia que uno a uno efectuó el oficial para asegurarse que estábamos muertos, ni mil tiros que nos hubieran dado a cada uno, podrían poner fin a la voluntad liberadora de un pueblo. Ni  la muerte física acabaría con nuestro ímpetu y nuestro sacrificio, como el de tantos otros, no iba a ser en vano. Me juré no rendirme ni bajo tierra. Y mira por dónde.



Los cinco acabamos en la fosa común, junto a cientos de cuerpos más, impregnados en cal viva. Más tarde vinieron muchos otros y después, el silencio absoluto marcó un espacio de paréntesis muy largo, una espera eterna pero que no cerraba, como ellos hubiesen deseado, para siempre, este capítulo. No era posible descansar en paz con tanto asunto pendiente. Al menos hasta que otras manos cogiesen nuestro relevo"


Este es el relato de lo que pudieron haber sido los últimos momentos de vida de mi abuelo y sus cuatro compañeros republicanos ejecutados junto a él. Esta "reconstrucción" forma parte del libro ME LO DECÍA MI ABUELITO que he escrito sobre estos acontecimientos y aquel período histórico y que verá la luz en las próximas semanas. Mi ilusión era que su publicación hubiese sido en fechas anteriores, durante el 75 aniversario de su muerte, pero no ha podido ser. Espero resarcirlo con creces. 

A modo de homenaje en esta fecha señalada os incluyo la también "reconstrucción" de la carta de despedida a la familia que hizo mi abuelo , con la promesa de su entrega  a la viuda, mi abuela, por parte del cura a cambio de forzar su voluntad de no querer confesarse y que incumplió. Creo que mi abuelo estaría orgulloso de esta licencia que me he permitido de  tomar su palabra y hacerla visible.



“Guadix, cuatro de la madrugada del doce de enero de 1940. Prisión de la ermita de San Antón.
Mi queridísima Mercedes, ha llegado el día tan temido por todos nosotros. Se ahogaron las escasas esperanzas de clemencia. Me encuentro en capilla, junto a cuatro compañeros más. Los cinco seremos ejecutados a las siete de la mañana. Se acabaron las penalidades para nosotros, pero desgraciadamente proseguirán las vuestras. Cuando leas esta carta si es que llega a tus manos, como me prometió el cura, este martirio  habrá finalizado. El cementerio, si no sucede algo extraño, será nuestra nueva morada. Solo espero que, como dicen, haya una vida más allá para seguir dándoles guerra y proseguir el camino liberador iniciado y que ha supuesto el sacrificio de nuestras propias vidas y el martirio de tanto inocente. Por mucha barbarie que sigan haciendo no podrán parar el tren de la historia. Los desposeídos acabarán siendo los dueños de su propio destino. Se acabarán los amos y los dioses. Estos ideales de justicia social a los que con tanta ilusión abrazamos miles y miles de personas en nuestro pobre país, acabarán por desplazar el terror y la explotación humana.
Me voy contento en este sentido. Me matan por mis ideas no porque haya cometido ningún crimen. Ya sé que tu pena y el sufrimiento de nuestros queridos hijos será enorme, pero quiero que siempre vayáis con la cabeza bien alta y orgullosos de mí.  Conserva todas las notas que te he escrito para que el día de mañana nuestros hijos puedan comprender lo que le han hecho a su querido padre. Explícales las razones profundas de este martirio. Procura que estudien y se conviertan en personas de provecho y sepan defenderse en la vida mejor de lo que lo ha podido hacer su padre. Ya llegará el momento de pedir cuentas y que resplandezca toda la verdad.
Sión, Manolo, Lorenzo, Mercedicas, Carmela, haced siempre caso a vuestra madre. No le deis más quebraderos de cabeza de los que la pobre tendrá. Estudiad mucho, aprended buenos oficios y ayudad todo lo que podáis a la mama. Recordad los buenos momentos que hemos tenido y pensad que siempre estaré a vuestro lado aunque no me podáis ver. Os quiero con locura. No me olvidéis.
Mercedes, dale un abrazo muy grande a mi pobre madre que, con los dos hijos presos, lo está pasando muy mal. Abraza también a la tuya y a tus hermanos, en la confianza que sé que os ayudarán todo lo que puedan a pasar este mal trago y a que salgáis adelante.
Mercedes, amor mío, me gustaría  despedirme en vida de ti y poder darte las gracias por ser la mujer y la madre más extraordinaria del mundo. Lamento mucho que nuestra bonita aventura amorosa acabe de este modo y no podamos llevar a cabo tantos proyectos como teníamos en mente.  Gracias por tu coraje y sacrificio sin límites durante estos duros nueve meses. Sólo he podido resistir gracias al enorme amor que nos tenemos, por sentirte a mi vera, por poder hablar de vez en cuando contigo o poder darte un abrazo y sentirte entre mis brazos. Has sido la energía que me ha mantenido con vida. Me has cuidado día a día y has procurado que no me faltase de nada quitándotelo incluso de tu propia boca. No he podido darte las gracias como te mereces ni decirte de viva voz lo mucho que te amo y pedirte perdón por todo lo que te está suponiendo este calvario.
Me voy con una gran pena pero con la tranquilidad de dejarlo todo en tus manos. No tengo la menor duda que saldréis adelante. Con los animalillos, con algo de tierra o como sea, siempre has sido una mujer de recursos.
Se me acaba el tiempo y tengo que acabar. El futuro va a ser duro, lo sé. Quiero que en todos y cada uno de los minutos de tu vida me tengas presente y mi recuerdo te dé fuerzas para afrontar todo lo que venga. Siempre estaré junto a ti, no te dejaré sola.
He dejado en el cestillo las cuatro cosas que he tenido aquí para que las conservéis como recuerdo mío. A mis hijos no puedo dejarles más herencia que mi ejemplo y mis ansias de libertad. Espero que lo hagan suyo y que lo transmitan a sus hijos también. Tenedme siempre muy presente y procurad o al menos intentad ser felices. Os mando el mayor de los besos y de los abrazos. Hijos míos os quiero con locura. Tu esposo que te ama. Manuel.”







VERDAD, JUSTICIA Y REPARACIÓN.
NO OLVIDAMOS
HONOR A LOS NUESTROS