No estamos todos. Nos falta Andrés.
Los
anuncios televisivos nos bombardean de buenos deseos y cristianos propósitos;
los telediarios muestran las emotivas imágenes del “Vuelve a casa por navidad”
de los miles de jóvenes exiliados que se buscan la vida fuera de nuestro país
aunque para el ministro de turno sean emprendedores entusiastas, en busca de
crecimiento personal; nos llegan noticias de los permisos penitenciarios para
alguno de nuestros numerosos chorizos profesionales que, excepcionalmente acabó
entre rejas y todo es “turrones y villancicos” y felicidad obligada o más o
menos fingida.
Sin
embargo, hay muchas familias para quienes estos días no son motivo de tanta
celebración e hipocresía. Muchas de ellas no tendrán energía para calentar sus cuerpos.
Muchas de ellas comerán y cenarán gracias al “auxilio social” tras el
preceptivo campeonato de “A ver quien recoge más alimentos para nuestros pobres”.
Muchas de ellas lo harán en casa de los padres o los abuelos ya que perdieron
su vivienda en manos de la voracidad bancaria de unos bancos que “apadrinan
actos sociales” por doquier. Muchas de ellas lo harán lejos de los suyos porque
no han tenido recursos para pagar billetes a los que son explotados en “países hermanos”
o porque la justicia no los considera merecedores de compartir, al menos por
unos días, el calor de los suyos. Son muchos pero quiero recordar en especial a
uno de los nuestros: Andrés Bódalo. Preso injustamente desde hace casi un año por
ejercer su militancia sindicalista.
Los
que le conocemos a él y a su familia vivimos estos momentos como un tormento
inhumano, como una pesadilla insoportable, como una realidad inconcebible. El
castigo al que está siendo sometido Andrés, su familia cercana y la sindical,
sus amigos y tantas y tantas personas que han compartido sus años de militancia
jornalera, intensa pero pacífica, sentimos como propio su martirio, innecesario
e injustificable. No hay palabras ni argumentaciones que puedan servir para
justificar, lo más mínimo, este encarnizamiento contra Andrés que en realidad
lo es contra todo el movimiento jornalero de protesta. Si este es el proceder
de nuestro “estado de derecho”, tristemente hay que reconocer que queda mucho
camino todavía por andar y reafirma aún más, si es posible, el compromiso de
Andrés y tantos miles de luchadores más que, dejando al lado egoísmos
personales, entregan lo mejor de sus vidas e incluso su libertad en este
propósito de transformación social ya con siglos de batallas a nuestras
espaldas.
Andrés
no está solo, resistirá y sufrirá en sus carnes y en su corazón su dolor y el
de los suyos. Nosotros, sus orgullosos hijos, hermanos y familia, sus
compañeros del SAT, sus amigos, también
habremos de hacerlo e intentaremos estar lo más cerca posible de él en estos
duros momentos. Todo esto nos servirá para hacernos más fuertes y para
reafirmar nuestro compromiso en luchar por una sociedad mejor. ¿Quién dijo que iba a ser fácil?
Mucho
ánimo Andrés, mucho ánimo familia Bódalo. Si existe un ápice de humanidad en
esos corazones de piedra que lo mantienen entre rejas, pronto estará con
nosotros, físicamente; porque, en realidad, nunca ha dejado de estarlo.
Hasta
la victoria, siempre.
https://youtu.be/O_l_NPQy1QE
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