jueves, 24 de marzo de 2016

Marchal, Guadix,.....memoria


Marchal, Guadix…..memoria.

Días después, resuenan con fuerza las palabras y los ecos de unos actos de homenaje que, desbordando todas las más optimistas previsiones, se llevaron a cabo en estos dos municipios. Juntar más de cien personas en el Marchal, un pueblo que apenas se acerca los quinientos habitantes, lugar de nacimiento de Manuel Valenzuela Poyatos, el protagonista eje del argumento de Me Lo Decía Mi Abuelito, es un ejercicio de fortaleza y de reafirmación tal que difícilmente se haya vivido con anterioridad. Del mismo alcance se puede considerar el acto de presentación del libro en Guadix donde más de sesenta personas llenaron el patio del ayuntamiento de “la muy noble y leal ciudad de Guadix”, en un emotivo acto de un nivel difícilmente visto hasta la fecha, cuentan los propios del lugar.

Con el paso de las horas va quedando patente que algo ha cambiado en el sentir colectivo en estas tierras. La dureza de los relatos de los hijos, nietos y biznietos de los protagonistas directos de los hechos sobre los que gira el argumento de este libro, amplificada más si cabe, por un documental autobiográfico sobre Manuel Valenzuela, dejaron petrificados en sus asientos a los asistentes a los eventos. Las canciones comprometidas de Gente del Pueblo, Lucía Sócam, Juan Pinilla y David Caro sirvieron de colofón a un ejercicio de recuperación de la memoria histórica de Guadix y su comarca largamente postergado y cuya necesidad queda evidenciada por la respuesta y la acogida, ya no exclusivamente silenciosa o discreta, de muchas personas que nos paran en la calle y comentan aquellos hechos y agradecen esta acción provocadora.

Ochenta años después, el colapso expresivo parece dejar paso al grifo necesario que, poco a poco, abra el caudal de tanta emoción y dolor contenidos. En un reencuentro de generaciones herederas, de almas hermanas golpeadas y cercenadas por la represión fascista, donde con naturalidad y con firmeza se reivindicó la memoria de nuestros familiares martirizados y se hizo una clara expresión de lectura en clave futuro, a través de la explicación pública y orgullosa de los compromisos colectivos que fundamentaron las condenas a muerte de tantos y tantos republicanos en nuestra comarca y en todo el territorio español, así como a todo el dolor asociado al genocidio franquista ejecutado tras el 18 de julio de 1936 y el golpe de estado  contra la República, legítimamente constituida y refrendada claramente por la voluntad popular.

Nos comentan algunas personas,  de las llamadas informadas, que algo parece haber  sucedido en el sentir ciudadano, a resultas de estos actos, que puede marcar un antes y un después alrededor de estos temas. Con toda seguridad desatará pasiones de todo tipo, voces defensoras y también detractoras que, un vez más, no aceptarán la libre confrontación intelectual de las ideas y pretenderán evitar que algo cambie sobre la hasta ahora, verdad exclusiva, acerca de unos acontecimientos y unas vivencias de vergüenza colectiva difícilmente soportables y que, por el bien de todos, deberíamos saber gestionar con respeto y tolerancia; y con el objetivo primordial de sentar las bases para evitar su repetición.

Debe entenderse la necesidad evidente de poder cerrar el círculo del duelo por parte de aquellas personas, niños entonces, nuestros mayores ahora. El silencio, la represión, la mentira y la negación no pueden enterrar esos sentimientos encontrados, al igual que las toneladas de tierra que cubren los cuerpos agujereados y maltratados de aquellos republicanos no consiguieron apagar el eco de su grito liberador. Es de justicia un afrontamiento terapéutico y social diferente y de manera valiente, que abriendo las ventanas a los hechos, explique la verdad de lo acontecido, asuma la vil injusticia que se cometió con tantos cientos de miles de conciudadanos, repare y los rehabilite a todos los efectos. Solo así y no con, el hasta ahora, trato despreciativo al colectivo de las víctimas y familiares de los represaliados por el franquismo, podrá darse el, tan anhelado, cierre de esta negra página de nuestra historia. También en nuestras comarcas.