lunes, 22 de febrero de 2016

Me dice mi amigo Oscar -4-



Me dice mi amigo Oscar. 4

que perdone su desaparición y la falta de noticias suyas pero las últimas semanas han sido más cuesta arriba que lo de costumbre. Cuando más aplicado estaba en sus ejercicios de recuperación espiritual y del ánimo destartalado se le murió su perra Cuca, que por lo visto era uña y carne con él y de nuevo fue visitado por el hombre del saco de los adultos bajos de defensas y no lo está pasando bien.

Esto de los animales de compañía merece un estudio a fondo. Para una gran parte de la gente el rollo tan afectivo con las mascotas son mamandurrias de solterona o de la otra acera. No creen que no sea algo patológico o que esté fuera de toda racionalidad que se establezcan esa clase de vínculos entre humanos y seres de cuatro patas y una lengua, por lo general. En definitiva, dicen, solo señalan problemas de autoestima y carencia de afectos. Normalmente explican que no han tenido animales en casa ni creen que es un lugar conveniente para ellos.

Sin embargo, los que han tenido la posibilidad de convivir con animales lo explican desde otra perspectiva y están convencidos que somos capaces de entablar vínculos afectivos con ellos. Los estudios parecen confirmar las cosas en este sentido, incluso leí el otro día que se ha demostrado que pueden entender nuestras palabras. Yo, que también tengo animalillos en casa, dos perras y un conejo, puedo dar fe que algo, haberlo hailo. Precisamente fui partícipe el otro día de una expresión confirmatoria de tal hipótesis. Estaba en mi sofá, desparramado y preso de un brote melancólico y de pesar (aunque muchos no se lo crean los psicólogos, a veces, tenemos momentos de bajón aunque no sea muy profesional); vamos que casi se me caían las lagrimicas y va mi perra, la Sucre y en un alarde de fortaleza sobreanimal dio un salto con todo su pelamen y sobrepeso y se me colocó encima de las piernas y comenzó a lamerme hasta que vio que me había sobrepuesto. Yo que, la verdad, hubiese estado más por la tarea que otro humano, preferiblemente humana, me hiciera partícipe de esos lametones y caricias, la miré a sus ojitos (uno por cierto ya emblanquecido por una catarata) y me alegré de haber compartido mi vida durante más de quince años con este ser vivo, normalmente solo interesado por contentar su insaciable estómago, que me dio una lección afectiva que muchos humanos deberíamos aprender. La bajé y nos fuimos a tomar algo, en agradecimiento.

Es muy triste pero da la sensación que vivimos tan encerrados en nuestra propia esfera que incluso, a veces, no sabemos o no somos capaces de detectar cuando una persona de nuestro entorno afectivo necesita de nuestra mano o nuestra voz amiga. Se ve que las feromonas lloriqueras solo las detectan seres aparentemente menos evolucionados y más simples que los complejos humanos.

En fin, acabo, que he quedado con Oscar para darle unos lametones.

lunes, 1 de febrero de 2016

¡QUIERO QUE ME ENTIERREN CON MI PADRE!









¡QUIERO QUE ME ENTIERREN CON MI PADRE!

Que el mayor anhelo y deseo de una persona sea pedir acabar compartiendo camposanto y eternidad con su padre y que tenga trascendencia a nivel internacional es difícilmente explicable y comprensible, de no ser que hablemos de nuestro país.

Asunción Mendieta, otra de nuestras entrañables Abuelas de la Memoria, es noticia estos días por motivo doble. Por un lado, por poder cumplir su voluntad e ilusión de poder reposar junto a los restos rescatados de su padre ejecutado por el fascismo en Guadalajara; y por haber servido de catalizador y de reactivador del movimiento de la Memoria Histórica al que, por todos los medios, activos y pasivos, se ha intentado desactivar desde todos los estamentos. 

Asunción Mendieta, es el reflejo también del vergonzoso trato que el propio país está brindando a las víctimas del franquismo y a sus familiares. Lo que a todas luces es un éxito clamoroso por la recuperación de los restos de una veintena de republicanos ejecutados por sus ideas debería hacernos palidecer de vergüenza por el cómo se ha podido llegar a este hecho tan pretendidamente normalizado en cualquier otra parte del mundo, de recuperación de los restos de los seres queridos y más tras un acto de genocidio homicida como el que se llevó a cabo en nuestro país.

Se calcula que sólo en el mismo cementerio de Guadalajara hay todavía alrededor de un millar de republicanos que fueron “desaparecidos” por los franquistas. De momento seguirán esperando su turno, el mismo turno que el resto de los cerca de 150.000 hombres y mujeres que se calcula permanecen todavía en fosas y cunetas. Entre ellos, mi abuelo, en el cementerio de Guadix.

Timoteo Mendieta y sus diecinueve compañeros han tenido que esperar que desde la Argentina se promoviese su inhumación legal porque la justicia española y las estancias administrativas correspondientes han denegado, y continúan haciéndolo, un derecho humano y fundamental como es este. 

Sin embargo, hay que ser optimistas y hacer de este pequeño gran triunfo, una oportunidad para seguir incansablemente la batalla de la VERDAD, la JUSTICIA y la REPARACIÓN. 

El ejemplo de la unión alrededor de la Querella Argentina ha de ser el motor motivador e ilusionante para que nuestro movimiento memorístico vuelva a poner en marcha los motores a tope. Este año se cumple el triste 80 aniversario del golpe de estado contra la legítima República Española. Cada vez son más los nietos y biznietos que redescubren su historia pasada y quieren reivindicar la memoria de nuestros luchadores. Cada día son más las páginas webs, de facebook, de twitter, blogs, etc. que se incorporan a este movimiento. El reto es unificar tantos esfuerzos y construir un frente común potente que pueda actuar cual lobby ante todos: ante los herederos del franquismo, ante los negacionistas, ante los que han dejado que este justo movimiento reivindicativo acabara casi diluyéndose, cual azucarillo y ante todas aquellas instancias que han negado durante décadas nuestras legítimas aspiraciones.

NI OLVIDO NI PERDÓN