domingo, 11 de octubre de 2020

CRÓNICAS PANDÉMICAS 5. Los sesenta me persiguen.

 

Los sesenta me persiguen.

Rondar los sesenta impone alguna reflexión extra. El problema es que las circunstancias actuales no facilitan el que este ejercicio introspectivo se haga con algún tinte optimista, Los achaques, la pérdida de rendimiento físico y mental tampoco ayuda. Se suele utilizar el tópico de que la edad es la interior, pero tengo claro que por mucho esfuerzo que dediquemos a convencernos con este argumento acabamos chocando con la realidad.

En otras épocas llegar a esta edad te situaba ya en la antesala de la tercera edad. La jubilación marcaba un nuevo estado vital que imponía una reorganización importante, tanto del espacio cotidiano como de los planteamientos de futuro. Claro que si ese período de nuestra vida venía acompañado de una paga decente, era más fácil.

 

Hoy, esta opción está reservada para una parte selecta de elegidos sociales: los funcionarios. Pocos más conservan el privilegio de decir adiós a la vida laboral con sesenta años y hasta no hace mucho con cincuenta y cinco. El resto de los humanos, dependiendo de circunstancias como la fecha de nacimiento y los años cotizados, hemos de esperar hasta siete años y con el triste convencimiento que para sobrevivir deberemos sobrepasar ese límite o buscar formas complementarias de ingresos. Algunos arrastramos las diferentes crisis económicas de las últimas décadas que han asolado nuestro país y que nos ha repercutido, por un lado, en la imposibilidad de generar un ahorro preventivo como habían intentado inculcarnos nuestros mayores; y lo que es peor, por los altibajos en el empleo no haber acumulado la antigüedad y las bases de cotización suficientes para cobrar una pensión mínimamente decente.

 

Es aquí donde nuestras limitaciones nos pueden pasar factura. Ni física ni mentalmente vemos como muy factible ese sacrificio extra que se nos viene encima. Y si además formas parte de ese gran colectivo de desahuciados y expulsados laborales que perdimos nuestro trabajo (para toda la vida), ahora con la crisis del covid19 o en las anteriores, más oscuro se nos antoja el horizonte.

 

El mercado laboral está patas arriba; la precariedad es absoluta; el cambio tecnológico se muestra más presente que nunca, etc. Por lo que las oportunidades laborales son escasas para los de nuestra edad especialmente. Tristemente, para muchos, la única alternativa que queda es tramitar la ayuda para mayores de 52 años, que supone tener que sobrevivir con poco más de 400 euros hasta la jubilación. Aunque parece ser que cuando llegue ese momento el cambio no va a ser muy perceptivo y esa época de nuestra vida que debería caracterizarse por la tranquilidad y el sosiego, habrá pasado a mejor vida.

                                                                                                                            2 octubre 2020

CRÓNICAS PANDÉMICAS 4. ¿Hay vida más allá del covid 19?

 

¿Hay vida más allá del covid 19?

Pocos aspectos de lo que hace siete meses era nuestra vida cotidiana ha quedado sin sufrir afectación. Tanto en el espacio privado como en el de las relaciones sociales padecen intensamente las secuelas de esta pandemia. Y lo que es peor, que no adivinamos el tiempo que se puede alargar, por lo que las consecuencias pueden extenderse e intensificarse hasta unos límites difícilmente evaluables.

 

Veo a los niños en la puerta de los colegios embozados en su mascarilla, teledirigidos en todos sus movimientos y con carita de circunstancias. Los mayores, oteando a derecha e izquierda al resto de presentes, intentando descubrir alguna ausencia que pudiese indicar que el virus ha roto las defensas, bastante débiles, que por la carencia de recursos y el poco interés efectivo adoptado por las autoridades escolares, vence los esfuerzos intensos que llevan a cabo los profesionales, que no pueden eludir el estar allí para desarrollar su importantísimo trabajo; mucho más si cabe, en los momentos actuales.

 

Hablo con maestros, con trabajadores de servicios auxiliares, con padres y todos comparten el miedo y las críticas a las evidentes carencias. Al final, da la sensación que todo queda en una apuesta a la suerte. Muchos padres, si pudieran, no llevarían a los niños al colegio, pero la mayoría no tienen elección: han de ir a continuar siendo productivos y también a exponerse a más situaciones de riesgo. Algo tan cotidiano como utilizar el transporte público para llegar a tu centro de trabajo se ha convertido en una exposición peligrosa y una arriesgada actividad.

 

Es difícil valorar el alcance del trauma asociado que inevitablemente conlleva vivir la vida con estos condicionantes. Cuesta estar centrado y rendir en alguna acción. Doy clase y tengo que estar más pendiente de la higiene, las distancias, la ventilación, el estado médico de mis alumnos y de no tocar nada que de impartir la materia que corresponde. Hay un intento por recuperar una cierta normalidad, la mayoría de veces por obligación.

 

Seis meses sin actividad laboral y si es sin ingresos, no dejan muchas posibilidades de elección, pero no resulta fácil. Tampoco para los alumnos, parados de larga duración, desvalidos por las consecuencias terribles que la crisis sanitaria está generando en el mercado laboral, sin más elección que seguir la búsqueda de una oportunidad que les saque de la extensa lista   de desocupados y, por un tiempo, les dé un respiro, aunque los salarios que se ofrecen sean más propios de un estado semiesclavista.

 

Como siempre, la crisis no afecta a todo el mundo por igual. Los desfavorecidos tienen muchos números para recibir por todos lados. A pesar de tener un gobierno pretendidamente progresista, los muchos intentos que promueven no cuajan fácilmente, no cesan los obstáculos de todo tipo y desde todas las instancias. Querer hacer política para la mayoría supone inevitablemente tocar a los privilegiados y éstos no están muy por la labor. Aún así se han brindado ayudas nunca vistas como los ERTE para las empresas en crisis, el apoyo a los autónomos y una renta mínima (que no acaba de llegar a todos los que la precisan); pero, la falta de recursos económicos así como el sabotaje desde dentro de las propias instituciones del estado complican enormemente su traducción material. Tampoco ayuda la crítica destructiva continua desde sectores que se autodenominan progresistas.

 

29 septiembre 2020

CRÓNICAS PANDÉMICAS 3. ¡Sálvese el que pueda!

 

¡Sálvese el que pueda!

Malos tiempos para priorizar el bien colectivo. Aunque estamos inmersos en una crisis social que afecta a todos y cuya solución pasa por arbitrar medidas globales a través de una acción colectiva armonizada; parece evidente la complejidad que supone la traducción efectiva de las medidas preventivas necesarias.

 

La problemática añadida a la pandemia, por el covid19, es la facilidad de su transmisión. A diferencia de otras grandes crisis sanitarias (como el SIDA), no precisa de un ejercicio más o menos de voluntad o activo para enfermar. Basta con bajar la alerta. Confiar en exceso de personas y espacios más o menos familiares ha acabado con muchas personas confinadas u hospitalizadas si han mostrado síntomas; y con muchos otros, convertidos sin quererlo, en agentes transmisores de manera asintomática; en un viaje que se muestra fundamentalmente individual. Al menos precisa de una estrategia personal.

                                                  

Esta acción individualizada  se puede manifestar de dos maneras. Por un lado, siendo conscientes de la dimensión profunda del problema, entender que hay que observar una conducta activa de prevención y no solo por nosotros mismos sino también hacia los demás, en especial cuando nos relacionamos con personas en especial riesgo, como nuestros mayores. Todo ello sin entrar en pánico, que nunca ayuda, hay que manejarse con sensatez, evitando el máximo la exposición a situaciones y personas de riesgo, y tomando las medidas de prevención que se han mostrado eficaces.

 

Por otro lado, desgraciadamente asistimos a tener que convivir con personas irresponsables que tienen comportamientos absolutamente egoístas y negligentes, por acción o por omisión. Estamos rodeados de expertos médicos y viró

logos por todos lados, de negacionistas de la evidencia, de propagadores de mensajes esotéricos o ultrarreales que se obstinan en convencernos de que no hay que hacer caso a todo esto, que no es para tanto.

 

A todo ello hay que añadir el lamentable espectáculo de los dirigentes políticos y el conflicto de fondo que plantea que hay que elegir entre economía o salud. Ante todo ello, lo que decía el clásico: “que dios nos pille confesados”.

 

29 septiembre 2020

CRÓNICAS PANDÉMICAS 2. ¿Vale la pena ilusionarse con el futuro?

 

¿Vale la pena ilusionarse con el futuro?


Cada vez es más complicado eso de no acabar arrastrado por el pesimismo que nos envuelve a consecuencia de la crisis sanitaria, económica, social e incluso personal que padecemos, no por voluntad propia. Desde todas las tribunas insisten en que no hay que dejarse llevar por el pánico, que la situación la tienen controlada y que con un poco de sacrificio y disciplina seremos capaces de convivir con la catástrofe. Para darnos ejemplo que ellos son los primeros, nos brindan imágenes entrañables de sus hazañas, como inaugurar dispensadores de gel hidroalcohólico en el metro o el acto de corte de la cinta inaugural de las terrazas que habían permanecido cerradas para evitar el contagio entre nosotros. Envueltos en decenas de banderas, arropados por decenas de cargos de confianza excelentemente remunerados, respaldados por una caterva de pseudoperiodistas voceros a sueldo, cuya función es distraer acerca del fondo real de esta crisis, profesionales de hacer ruido e impedir que opiniones críticas o discrepantes se puedan expresar, presentadores-estrella ejerciendo de telepredicadores al servicio de los poderes fácticos, etc. Todo ello forma parte del circo-carnaval imperante con el objetivo de entretener, desinformar, distraer, poner el foco en temas intrascendentes o engrandeciendo asuntos que no deberían tener ninguna trascendencia. Serviles cuervos para los que todo sirve, todo por la causa, todo por la patria. Todo ello acaba provocando un cansancio, una insensibilización social, un hastío que favorece la inacción de los sufridos ciudadanos; que, mayoritariamente acaban aceptando como inevitable e inamovible esta realidad.

 

Da igual que no tengamos médicos para asegurar una mínima atención sanitaria; da igual que la mayor parte de los servicios públicos estén gravemente afectados, bajo mínimos o ausentes. Se asiste impávido al caos educativo, al desastre en las residencias, a la terrible amenaza de la exclusión laboral y con ella a la social. ¡Sálvese el que pueda! ¡Virgencita, que me quede como estoy!

 

Desde las organizaciones sociales se intenta hacer una denuncia sobre todo ello y forzar a nuestros mandamases a afrontar realmente la terrible crisis; que, como siempre, no afecta a todos por igual. Las fuerzas reaccionarias ya no se molestan ni en esconder su porte clasista y, tras culpabilizar a los pobres de aquí o venidos de más allá, nos obligan a confinarnos en nuestros barrios, guetos insalubres, para evitar que trasmitamos el mal a los ciudadanos decentes.

 

Muchos son los intentos de concienciación y movilización, a pesar de las circunstancias tan desfavorables. Cada vez son más los colectivos que muestran en la calle su abandono y maltrato, aumenta el número de ciudadanos que no se limita a pelearse con la televisión o a la crítica en el bar, pero se antoja insuficiente y minoritaria. Es mucha la frustración y la desesperación contenida, poca la confianza en la existencia de políticos honrados, muchos los motivos que día a día nos dan para acabar desanimados y finalmente derrotados, entregados. El capitalismo cuando no crea estas crisis, las aprovecha en su beneficio para recuperar parcelas perdidas por la lucha sindical y política.

 

¿Sabremos entender que las claves son eternamente las mismas? Sin comprometernos, sin hacer frente a su agresión, sin combatir su desánimo no hay futuro como seres humanos dignos. El combate clasista no es algo que haya acabado enterrado por el devenir histórico. Las recetas para hacer frente a este embate son las de siempre, repetidas como tópicos: “la unión hace la fuerza”. Hay que conseguir sumar a todos los colectivos en pie y generar una presión común para forzar el cambio. Como siempre se ha hecho y se ha demostrado resolutivo. Sin embargo, muchos siguen disparándose al pie o al pianista, enredados en la eterna discusión purista o utópica.

 

Sí, ciertamente es difícil ser mínimamente optimista y tener confianza en el futuro. Y más si esperamos que llegue por sí solo. Mal lo tenemos.

                                                                                                                    29 septiembre 20202

CRÓNICAS PANDÉMICAS 1. PASMOSOS

 PASMOSOS.


Resulta increíble la pasmosa asunción con la que todos nosotros asistimos a la mayor catástrofe humanitaria que en muchas décadas ha sufrido nuestro país y el mundo en general. Hasta hace bien poco nos erizaba la piel, por ejemplo, el número de fallecidos en accidentes de tráfico: 800 en 2018 y 1.098 en 2019 y desde las administraciones se ponían en marcha campañas a cuál más sangrante y medidas coercitivas como la retirada de puntos del carnet, porque resultaba inasumible para nuestra sociedad este volumen de fallecimientos.  A fecha de hoy, 21 de septiembre de 2020 las estadísticas oficiales nos dicen que son unos 30.500 los muertos a resultas de la pandemia del covid19, en tan solo 6 meses.

 

Hay que retrotraerse a la guerra para encontrar unas cifras similares. Supone un promedio de 5.000 fallecidos al mes, unos 170 diarios. El problema que nos dan las estadísticas es que el papel o los gráficos no diluyen el drama personal que hay tras cada uno de estos fallecidos y sus familias, ni debiera hacerlo con la verdadera dimensión de lo que está sucediendo.

 

La indecente disputa política y mediática a la que asistimos a través de todos los medios de comunicación, aporta un plus de cinismo e hipocresía verdaderamente vomitivos. Cuando todos los recursos y esfuerzos deberían dirigirse a abordar esta emergencia evidente, hemos de asistir a un interminable circo de acusaciones, justificaciones, reproches, evasivas y, por encima de todo, evidentes negligencias. Mientras, miles de ciudadanos continúan enfermando, perdiendo la vida, sufriendo graves secuelas o, sin saberlo, siendo portadores y transmisores del virus letal.

 

 

 

Paralelo a la crisis sanitaria se dan múltiples problemáticas consecuencia directa o indirecta de la pandemia, donde ha quedado reflejada la debilidad, fragilidad y virtualidad de nuestro pretendido estado social de derecho. Nuestras vidas han quedado totalmente alteradas y condicionadas, en medio del desconcierto generado por la falta de claridad en cuanto a las medidas y precauciones personales y sociales que hay que tomar. Una vez más, la vertiente económica pretende marcar el paso y para salvar la actividad productiva, o sea sus beneficios, nos hacen caminar cual funambulistas por una realidad llena de riesgos y donde todas acabamos mirándonos como un potencial peligro.

 

En medio de la persistente cifra de infectados, hospitalizados y muertos hemos de aprender a manejarnos en esa realidad indeterminada. Los niños han de ir al colegio, los currantes al trabajo. Desde las instituciones pretenden convencernos de una pretendida normalidad, pero muchos de sus centros de atención ciudadana siguen cerrados o con un acceso totalmente controlado. Realizar una gestión o pedir una cita se ha convertido en una carrera de obstáculos, de frustraciones, de rabia y lógicamente de ira. Toda una serie de situaciones que contradice evidentemente el obstinado intento de nuestros dirigentes que hagamos una vida normal.

 

Pero, raro es el día que no nos llegan noticias de conocidos que han acabado infectados o de fallecidos por el covid19 o por la quiebra sanitaria que nos ha dejado inermes ante cualquier otro mal. La atención sanitaria, de la que tanto se ha presumido ha colapsado y conseguir una mínima atención médica es una hazaña o como para echarse a temblar si hay que ir a parar finalmente a un hospital.

 

Malos tiempos para los débiles. Y para los pobres.  Porque una cosa está dejando en evidencia la pandemia: según los recursos económicos, las condiciones de vida que has alcanzado o incluso tu lugar de residencia, te convierten en diana prioritaria y tendrás muchas papeletas para acabar contagiado por muchas medidas de precaución que tengas. Bastantes personas viven con pánico su vida cotidiana pero la obligación impone salir del cubículo. Hay que comer.

 

De momento, los árboles no nos dejan ver el bosque. La inmediatez y la urgencia están sentando las bases de un trauma social cuyo alcance quizá podremos valorar a posteriori, pero que se antoja brutal. Cuánto más se alargue en el tiempo, mayores serán las consecuencias acumuladas. La ruptura de los hábitos normales, el manejarnos en medio de alertas y medidas cautelares cuya eficacia no está confirmada, el tener que centrar esfuerzos y atención prioritaria en nuestra acción rutinaria se convierte en una prioridad absoluta, con lo que no se aborda con profundidad la actividad humana y social como debería ser en condiciones de normalidad.

 

¿Cómo se  puede rendir en la escuela, en el trabajo o socialmente, si estamos atrapados en la telaraña pandémica? ¿Cuáles serán a posteriori las consecuencias? ¿Cómo afectará al desarrollo madurativo de nuestros pequeños? Como siempre, en las tragedias colectivas hay sectores especialmente castigados.  El volumen mayor de los fallecidos lo ocupan nuestros mayores. Se dice que el virus se ha cebado especialmente con ellos, pero el covid19 solo ha sido el agente exterminador, actuando a sus anchas dentro de esas estructuras mercantilistas, de encierro multitudinario, en lo que han acabado las residencias donde deberían vivir con el máximo de cuidado, atención, amor y tranquilidad los últimos años de su vida. Lo poco que conocemos parece confirmar un silente genocidio que, poco a poco nos está dejando sin ellos. Imaginar, tan solo, las vivencias y los miedos por los que han pasado y desgraciadamente seguirán pasando, debería erizarnos la piel. Es del todo inconcebible que asistamos a una nueva repetición del drama en el nuevo repunte de pandemia y no se hayan arbitrado medidas drásticas para salvar a nuestros mayores. Deben alucinarlos pobres, mirando la televisión y escuchando a la cuadrilla de voceros y pseudopolíticos que se limitan a tirarse los trastos a la cabeza, repartir culpabilidades y dilatar, semana tras semana, una acción sólida y eficaz para cerrar las puertas al virus.

 

29 septiembre 2020


martes, 9 de junio de 2020

NO PUDO SER






NO PUDO SER                       


No pudo ser. Querido hermano Constan, te fuiste. Sin apenas tiempo de asimilación de tu grave contratiempo tenemos que decirte adiós con el corazón roto por el dolor. Como temíamos el quebranto que sufrió tu salud fue letal y finalmente el sueño ha acabado de envolverte por completo, dejándonos huérfanos de ti.


Al durísimo mazazo de tu pérdida se le unen las especiales circunstancias del momento que impiden que todos los que te queremos podamos darte un gran abrazo final y una despedida a la altura de tu dimensión humana. Tampoco a Paqui, Sergio y Mireia, tu orgullosa familia (también la nuestra), ahora desbordados por la pena, golpeados por esta injusta realidad que nos está dejando sin los mejores de los nuestros.


Tiempo habrá para organizar un acto de homenaje como te mereces, aunque va a resultar extraño que, por una vez, no seas tú el que te enfrasques en la vorágine de llamadas, carteles y organización del evento. Quien te iba a decir a ti que, a pesar de tu reticencia a ser protagonista, acabarás siendo merecidísimamente el foco central de una actividad. Pero ya nada volverá a ser lo mismo. 


Este miserable 2020 está maltratándonos sin piedad y arrebatándonos a los mejores, a los más honestos, a los más decentes, a los imprescindibles. Tiemblo pensando en lo venidero. Desgraciadamente hemos acabado acostumbrándonos a las cifras milenarias de fallecidos y enfermos por la pandemia y a vivir con el temor, no solo al contagio, sino a las llamadas telefónicas funestas que nos diesen cuenta de tal o cual familiar o amigo al que el dichoso virus hubiese alcanzado. Todos estamos en la línea de diana aunque desgraciadamente nuestros mayores los que más. Uno más o menos se prepara para posibles situaciones de este tipo, más como es mi caso, si tienes la suerte de que tus padres vivan. Lo que no estaba preparado es para tener que decirte adiós tan anticipadamente.


El día anterior a la maldita prueba que ha desencadenado tu pérdida estuvimos hablando, como lo hacemos frecuentemente. Contando ya los días para volver a la acción, en especial, las presentaciones del nuevo libro sobre memoria histórica del que tú también eres protagonista. También tus ganas de retomar los paseos a la playa y el reencuentro con los compañeros y amigos, en especial nuestros queridos Trigo. Mi compañera Carmen me explica tus llamadas alrededor de mi cumpleaños, de tu empeño en ya comenzar a preparar mi 60 aniversario a lo grande. Recibo el enorme regalo de tus últimas imágenes en el video conmemorativo que me habéis hecho (y que no nos cansamos de ver), de tus cariñosas palabras de felicitación y buenos deseos, apenas unas horas antes de tu ingreso hospitalario para esa endoscopia rutinaria. 


No puedo aceptar que no te volveremos a ver. Intento atrapar la visión de los últimos momentos compartidos, creo que repasando en tu casa el texto de tu relato para el libro y seleccionando las fotos que íbamos a colocar. Juntos en la habitación, ilusionados por dar visibilidad a tu desconocida, para muchos, historia personal. Mucho anduve detrás de ti para que te plegaras a mi deseo y plasmásemos en papel aquella España negra de los centros del auxilio social que tuviste que recorrer y de la necesidad de divulgar el ejemplo de Juanito y Peñaranda, tus tíos del maquis, tan importante para tu conformación como persona. Recuerdo como las lágrimas se te escapaban y con qué ilusión cogiste el teléfono para hablar con Vicentita, tu maestra del centro que tanto ha llegado a formar parte de tus escasos recuerdos de felicidad infantil. 


Ese eres tú. Un manojo de sensibilidad desbordante, de buenos sentimientos y mejores acciones. Un culo inquieto con necesidades hiperactivas a las que nos arrastrabas a todos pero siempre lejos del más mínimo interés egoísta. Irrepetible.


Aún no me hago a la idea, sigo en shock. Siento que han quedado tantas cosas por hacer, por decir, que podríamos haber hecho, que deberemos hacer, que me siento aturdido. Tengo unas ganas enormes de desahogarme y hablar contigo, como lo hemos hecho tan a menudo y seguiremos haciendo. Deberemos aceptar tu ausencia física pero formas parte esencial de nuestras vidas y siempre caminaremos juntos en esa tarea que iniciaron nuestros mayores, seguimos nosotros y continuarán nuestros hijos. No te defraudaremos. Descansa en paz, compañero.


Te queremos, Constan.

Alberto                       9 junio 2020

lunes, 8 de junio de 2020







DIA 4



Querido Constan, entramos en el tercer día de tu forzado sueño y seguimos aturdidos por el impacto de esta terrible noticia. Cuánto más intentamos racionalizarlo menos lo comprendemos. ¿Cómo una vitalidad tan tremenda como la tuya puede quebrarse de manera tan gratuita y fulminante? La noche tenebrosa impuso su manto a traición, sin motivo, injustamente. No sacia su voraz apetito, e implacablemente, va cercenando nuestras filas, derribando baluartes hasta la fecha invencibles; combatientes de mil y una batallas a pecho descubierto caen por una invisible y cobarde causa. La fortaleza mostrada de años y años de enfrentamiento a retos de toda dimensión, acaba desdibujada por una realidad evidente y muy palpable en estos tristes días: la fragilidad de nuestra existencia material y la futilidad de nuestras armas de combate.


La noticia de tu estado comienza a propagarse y el círculo de compañeros anonadados  e incrédulos comienza a mostrar el reflejo de la inmensidad de tu trayectoria y ejemplo; y las muchas personas que te estiman. Como un reguero de pólvora trasciende tu duro traspiés y de boca en boca, lágrima tras lágrima, va creciendo la canción  compuesta de frases, palabras y emociones que uno tras otro de los que te conocen, emitimos para sumar energías de apoyo en esta crucial contienda.


Tras el fin de semana paciente, parece ser que este día nos ofrecerá mayor conocimiento y perspectivas de tu estado. A pesar de los malos augurios no quiero dejar de confiar en tu fuerza inconmensurable y en tu capacidad demostrada de afrontamiento a toda clase de pruebas. Desde bien niño la vida te ha forjado y te ha hecho fuerte. No quiero ni plantearme otra opción.

Alberto                       8 junio de 2020