martes, 14 de febrero de 2023

Tomi

 


Nos acaba de dejar nuestro querido compañero Tomi. Un ejemplo de compromiso incondicional. Son muchas las cosas que se pueden explicar sobre él. Os dejo aquí el capítulo que dedicado a él incluimos en el libro ME LO DECÍA MI PAPÁ, fabricado mano a mano con él y que recoge muchos aspectos no tan conocidos de su vida plena. Ahora, de la mano de su querida Primi caminan en la eternidad de la memoria. Seamos dignos discípulos de Tomi. Patria o muerte, venceremos. 




Capítulo 7. En nombre del amor: ¡viva el marxismo-leninismo!


Tomás Marín Martínez, (a) Tomi. (1925) Luchador antifranquista y activista internacionalista.


195 años son muchos para repartir entre solo dos personas. Miro a mi Primi sentada en el sofá

de nuestro comedor, con sus 100 y no puedo evitar el emocionarme y recordar aquella tarde

en el salón de baile Cibeles cuando quedé prendado de ella. Al segundo baile se selló nuestra

unión para siempre. Era 1955, yo tenía 30 años, ella 35. 65 años después aquí estamos, más

unidos que nunca. La edad y sus achaques limitan enormemente nuestras actividades. Vivimos

de alquiler en un quinto piso de un humilde edificio de Hospitalet, sin ascensor, lo que nos

obliga desde hace ya tiempo a reducir al máximo nuestras salidas. Primitiva hace más tiempo,

ha estado más delicada. Yo me encargo de la compra y de las tareas de casa. Un servicio de

catering nos resuelve el tema de las comidas. Mi modesta pensión nos permite tener todo lo

que necesitamos. Desde hace un tiempo mi dedicación es exclusiva para mi Primi y apenas

salgo. Alguna visita y el teléfono me mantienen en contacto con el exterior. Si tengo que salir

por algo muy excepcional me organizo con nuestro único hijo, que ahora tiene 63 años y me

releva durante mi ausencia.

Abandoné mi activa vida asociativa hace unos pocos años, después de toda una existencia

dedicada al compromiso por los demás. También parece ser que ella me ha abandonado a mí.

Los ritmos alocados de la realidad actual descuidan las relaciones personales y los viejos

acabamos siendo desplazados al rincón del recuerdo y de la historia.

Mi nombre es Tomás Marín Martínez pero todos me conocen por Tomi. Vine al mundo gracias

a Braulia y a Juan, en Povedilla, provincia de Albacete, en tierras manchegas, conocidas por el

buen queso, excelente vino y exclusivas navajas. También por los caballeros hidalgos e

ingeniosos. Mi pueblo apenas ha tenido unos cientos de almas. Al pie de la sierra de Alcaraz,

no era territorio de fácil subsistencia. El gran contraste de temperaturas, con inviernos polares

y veranos tropicales ha forjado una fortaleza innata en sus gentes. La mayor parte de ellos se

han dedicado al duro trabajo agrícola, compatibilizando pequeñas propiedades familiares poco

productivas con el oficio de jornalero, para trabajar en las mejores tierras, evidentemente en

manos de unos pocos terratenientes.

Mi padre, trabajador ejemplar, cuidaba un pequeño trozo de tierra donde criaba uno de los

mejores vinos de la comarca. Su actividad laboral principal la desarrollaba para el coronel

Navarro Flores, uno de los cinco caciques de la zona, como encargado de su finca, dedicada

2

fundamentalmente a la explotación vinícola. Su familia, con siete hijos le imponía un nivel de

sacrificio enorme. Ni siquiera ser el mejor especialista le garantizaba un salario justo.

Nací en 1925, 6 años antes de la proclamación de la Segunda República. Eran tiempos movidos

y de lucha jornalera. Mi padre, militante del partido comunista, era discreto, no eludía su

compromiso y siempre se caracterizó por su honradez y su entrega por los demás. Conservaba

su trabajo porque su labor era imprescindible para que la explotación agraria tirara adelante.

Con la guerra, la huida del coronel y su familia por el fracaso del alzamiento en estas tierras

albaceteñas, se colectivizaron sus propiedades y acabaron convirtiéndolas en un aeródromo

militar. Tuvieron que arrancar las cepas que mi padre había cuidado con tanto cariño, aunque

lo hizo de manera que no fuese irreversible el proceso si más adelante se decidía volver a la

producción vitícola. Tal y como pasaría.

Recuerdo muy bien la época republicana. Mi paso por la escuela y mi maestro Cándido Ortiz,

comunista también, enseñó muchas cosas y principalmente a pensar y el amor por la cultura.

Como tantos otros maestros republicanos acabaría purgado y muriendo en la cárcel. No llegué

a completar los estudios primarios. Apenas tuve tiempo de aprender a leer y a escribir, pero el

anhelo por aprender me atrapó y me formé de manera autodidacta. Me encantaba leer sobre

todos los temas especialmente la geografía y las matemáticas. Recuerdo también que me

gustaba ir al local de la CNT donde había mucha actividad cultural y política. Después vino la

guerra y tras ella la dura etapa de la represión. Nos dejaron un poco en paz porque mi padre

era el mejor para su trabajo. El coronel que recuperó sus tierras volvió a llamarlo para volver a

activar la explotación agrícola. Yo tenía 14 años cuando triunfaron los fascistas y ya tenía

bastante formada la ideología que me acompañaría toda la vida. La muerte de mi hermano

José Miguel combatiendo en Lérida por la República sería el colofón.

Mi padre, a pesar de las circunstancias adversas se había significado como republicano, seguía

en su afán de defender a los más desfavorecidos y finalmente acabó siendo despedido.

Como algunas otras familias de la zona ayudábamos lo que podíamos a las partidas guerrilleras

que proseguían la lucha en las montañas. Recuerdo la sensación que me invadía cuando tenía

la oportunidad de contactar con algún maqui. De buenas ganas me hubiera ido con ellos, pero

la situación estaba complicada. Las fuerzas represivas fascistas se empleaban a fondo y no era

fácil tener alguna actividad militante de compromiso. Nosotros estábamos muy vigilados.

Durante el período de la II guerra mundial, en el que teníamos depositadas tantas ilusiones

que después se vieron frustradas, seguíamos atentos todos los acontecimientos y leía con

ansias los diarios para ver cómo evolucionaba la ofensiva contra el nazismo. La alegría por el

3

triunfo aliado duró bien poco cuando nos convencimos de que no cumplirían con su

compromiso de echar a Franco del poder. Había que seguir resistiendo.

Me centré durante mi juventud en trabajar lo máximo posible y colaborar con la economía

familiar tan maltrecha. Eran los duros tiempos del hambre, la miseria y el estraperlo. Con 21

años tuve que incorporarme al servicio militar donde estuve 33 meses. Acabé destinado en

Baleares, en Mahón; donde gané los galones de cabo primero y el sueldo correspondiente de

300 pesetas que en el año 1949 era una buena ayuda para la casa. Volví con 24 años al pueblo,

donde permanecí un par de años más hasta que me tocó recorrer el camino de la emigración,

como a la mayoría de mis paisanos.

En 1951 llegué a Barcelona con tres de mis hermanos. El resto de la familia se quedó en

Povedilla. Un buen amigo que ya andaba por Barcelona, me aconsejó ir a esta ciudad. Como

todos los emigrantes o exiliados económicos, como me gusta decir, no veníamos a Cataluña a

hacer turismo. Tampoco nos recibían con los brazos abiertos. Tuve que hacer de todo para

sobrevivir. Comencé trabajando de conserje en un hotel de vendedor de turrón de jijona en

navidad para las pastelerías de la ciudad, ganando apenas 25 pesetas a la semana. Recuerdo

que siempre iba pringado del aceite que soltaba el turrón blando. Pasé por Blanes donde

trabajé en la empresa textil Safa gracias a unos paisanos que también eran comunistas. Volví a

Barcelona y trabajé de peón en la construcción, de mozo en un almacén de conservas y de

vigilante en un garaje.

Con unos ahorros conseguí comprarme una radio con la que cada noche, en el silencio de la

oscuridad, escuchaba la Pirenaica, Radio España Independiente. La voz de Dolores Ibárruri, la

Pasionaria, sonaba como música celestial para mi espíritu ansioso de información y

conocimiento.

Me saqué el carnet de conducir y el de taxista. Era 1957. Seguía con mi pasión por la lectura. El

primer libro revolucionario que leí y que me llegó al alma fue La Madre de Máximo Gorki. Me

lo regaló un librero de la Diagonal, pues teníamos una parada de taxis junto a su librería. El

hombre había observado mi devoción por la literatura y con qué ojos miraba el escaparate de

su establecimiento. Habíamos acabado teniendo largas conversaciones sobre temas literarios y

descubrimos que teníamos conexiones más allá de los libros. Eran tiempos peligrosos para la

cultura y determinados libros solo se conseguían clandestinamente. Después vendría El Capital

de Carlos Marx, un libro que no me he cansado de releer y de divulgar. A pesar de mi poca

preparación académica era como un compendio de conocimiento sobre el capitalismo y una

herramienta fundamental para conocer las características del sistema que debíamos derrocar.

Todo el mundo habla de él pero a mí me encanta ponerlos en un compromiso cuando me

dicen que lo han leído. Les pregunto: ¿Cómo empieza el libro? Nadie lo recuerda, sé que no es

4

el Quijote o el Manifiesto Comunista, pero por su importancia no estaría de más que no solo se

hubiese releído por encima, sino que se debía haber estudiado concienzudamente, al menos

los que se consideraban militantes comunistas. Me gusta darles la cita literal: “La riqueza de

las sociedades con que impera el régimen capitalista de producción se nos aparece como un

inmenso arsenal de mercancías y la mercancía como su forma elemental”.

Hasta 1990 mi ocupación laboral única fue de taxista. Llevo ya casi 30 años jubilado, pero aún

conservo el espíritu y me encanta ejercerlo cuando paseo por las calles de Barcelona. Me

gusta ir a las paradas de taxi y charlar con los compañeros, del pasado y del presente que

bastante complicado lo tienen con la competencia desleal de los nuevos operadores de

transporte de viajeros. Les hablo de las huelgas y luchas en tiempos del franquismo y escucho

sus preocupaciones actuales.

En 1955 yo con 30 y Primi con 35 años, nos casamos e iniciamos nuestra vida en común.

Tuvimos un primer hijo que por desgracia perdimos pero la vida nos compensó con otro, del

que nos sentimos enormemente orgullosos. Uní mi vida a una maravillosa y bella mujer, nacida

en Cuba, de inmigrantes zamoranos que tuvieron que regresar, con sus 7 hijos, cuando ella

tenía tan solo tres años. Mi vinculación con Cuba comenzaba a forjarse, hasta tal punto que

acabaría siendo el eje de mi actividad y compromiso político y solidario. Hemos viajado a la isla

23 veces. La vinculación con la gente de allí ha sido enorme, al igual que el reconocimiento

oficial por mi entrega a la causa revolucionaria cubana. He recibido el más alto honor con el

que el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) distingue a los amigos solidarios de

Cuba.

Mi actividad antifranquista estuvo presente desde el primer momento en Barcelona.

Colaboraba con el PCE y el PSUC como enlace y militante de base. Mi buzón de correos se

usaba de estafeta para repartir comunicados y materiales a militantes del partido. Siempre

rehuí los cargos y nunca tuve aspiraciones a ser dirigente y mucho menos cuando llegaron los

años de la legalidad y otras formas de hacer política y politiqueo, se instalaron en nuestra

organización. Formaba parte del STATC el sindicato de los taxistas en Cataluña.

A nivel personal no opté por lo que la mayoría de los compañeros hacían: contratar a

conductores o echar más horas que el reloj para sacar el máximo provecho de sus licencias. La

mayoría hicieron sus buenos dineros, se compraron sus propiedades en Barcelona o en sus

lugares de origen en plan vuelta del hijo pródigo. Yo nunca me sentí atraído por ese afán. De

hecho, no tenemos ni piso en propiedad. Hacía mi jornada y dedicaba el resto del tiempo a mi

actividad política, sindical o solidaria. Durante casi 25 años fui todos los días al consulado de

Cuba en Barcelona; donde de manera totalmente altruista, me acabé ocupando de las

5

cuestiones de papeleo y como chófer de los compañeros cubanos que, desgraciadamente

desarrollaban su actividad diplomática con gran limitación de recursos, pero con una dignidad

encomiable. Nada que ver con lo que es el cuerpo consular de los demás países y la vida de

privilegiados que se pegan la mayoría.

Formaba parte del Casal de Amistad Cataluña-Cuba, dedicado a divulgar las bonanzas de la

revolución cubana y a denunciar el hostigamiento criminal del imperialismo yanqui, el cual

mediante atentados y sabotajes y con el genocida bloqueo instaurado desde 1960 y que ha

sido una espada de Damocles siempre, ha limitado el desarrollo económico y las posibilidades

de aquel pedacito de territorio tan digno y de sus gentes. Es algo totalmente inhumano y que

contrasta enormemente con la entrega solidaria que a pesar de tantos condicionantes

negativos, siempre ha mantenido Cuba con el resto de pueblos sometidos o sojuzgados por los

regímenes imperialistas o títeres, en los cinco continentes. La fragante injusticia cometida

contra este pueblo acabó convirtiéndonos a muchos en combatientes revolucionarios al otro

lado del océano. Estos años me han permitido conocer a compañeros maravillosos como los

Zapa, Cristóbal y el malogrado Fernando, un ejemplo para todos; al combatiente del Moncada

y siempre presente, Pedro Trigo, Constantino y a tantos y tantos compañeros más que

acabamos formando una enorme familia, compartiendo centenares de actividades solidarias e

intentando contrarrestar la infecta propaganda de los servidores del imperialismo yanqui

contra un humilde pueblo que no se ha dejado avasallar. Han pasado muchos años desde que

se inició esta actividad solidaria y hoy, más que nunca ha de seguir activa ante el paso adelante

que EE.UU. y sus lacayos han emprendido no solo contra Cuba sino contra todos aquellos

países y pueblos que no aceptan su tutela interesada. Como Cuba, Venezuela, Bolivia,

Nicaragua, Irán, Siria, Palestina, Sahara y muchos otros forman parte del objetivo estratégico

de dominación absoluta de la economía y de los recursos económicos del planeta que, como

siempre, las grandes élites económicas mundiales con sus instrumentos políticos y militares en

acción tienen en marcha. El ejemplo de dignidad y de resistencia que Cuba está dando al

mundo es una llama de ilusión para todos los que aspiramos a la construcción de un mundo

más justo. Y no podemos permanecer impasibles.

Por mi actividad clandestina en tiempos del franquismo, me tocó probar como a muchos más

el sabor de la represión y la dureza de las cárceles del régimen fascista. Me había salvado de

muchas; pero, a causa de la detención de un militante en Madrid le encontraron una lista de

nueve compañeros clandestinos, ocho en Madrid y uno en Barcelona. El de Barcelona, era yo,

el enlace. Me detuvieron un 7 de julio y me llevaron a celebrar los Sanfermines a las

dependencias de la tristemente célebre Via Layetana. La Brigada Político Social se ocupaba de

estos temas y con sus métodos bien conocidos de presión y tortura intentaron que delatara a

6

mis compañeros en Barcelona, a los que utilizaban mi buzón como estafeta. No me sacaron ni

palabra y finalmente me dejaron marchar. Yo sabía que aquello era una estrategia para que los

llevara hacia ellos. Mi experiencia de taxista se iba a imponer. Conseguí escurrir el bulto de sus

seguimientos y puse en alerta a los compañeros. Como es lógico no iba a salir indemne. Acabé

frente al Tribunal de Orden Público (TOP), llamado con anterioridad, tribunal para la represión

de la masonería y el comunismo, ni más ni menos; y, en tiempos de la transición, blanqueado

como Audiencia Nacional. Se encargaba de darle apariencia jurídica a las tropelías represivas

del sistema. Junto a mis otros ocho compañeros nos procesaron por actividades

propagandísticas y políticas contra el orden establecido. Total, que me condenaron a tres años

de prisión y a una multa de 50.000 pesetas por ser militante comunista. Así acabé en la prisión

Modelo de Barcelona, una de las joyas de la corona franquista, con las expectativas de pasar

tres añitos de mi vida entre aquellas paredes.

Eran los últimos años de vida de Franco y el régimen, en lugar de aflojar la soga la había

apretado más. La lucha era máxima y las cárceles estaban, llenas a rebosar de antifranquistas

de diversas ideologías, aunque siempre ha predominado la anarquista y la comunista en sus

diferentes versiones. Aquella saturación había acabado convirtiendo a las cárceles en una

escuela de activismo y de preparación política.

Finalmente solo estuve tres meses porque me pilló una de las amnistías que comenzaron a

aplicarse y que sirvieron para sacar a muchos presos a la calle. Como contraprestación a lo que

era verdaderamente una ley de punto final que el régimen propició y que la llamada oposición

democrática aceptó, en nombre de la tan manoseada reconciliación nacional, permitiendo que

los asesinos y torturadores fascistas se fueran de rositas. No hacía mucho tiempo de la caída

de Julián Grimau, Salvador Puig Antich o los últimos cinco fusilados del franquismo.

Tres meses aunque puedan parecer poco tiempo comparado con los largos encierros de otros

camaradas luchadores, era una situación dura de afrontar. La experiencia carcelaria es sin

duda un trago difícil de digerir. Nuestras vidas cotidianas, las relaciones familiares y afectivas,

nuestra vida laboral, la simple libertad de movimiento, las pequeñas cosas de la vida, etc.

Adquieren una dimensión extraordinaria.

Todos sabíamos y éramos conscientes a lo que nos exponíamos con nuestro compromiso

político, lo que suponía caer en las garras represivas del aparato policial y la dureza del pase

por las prisiones franquistas. También éramos conocedores de que el período más crítico era el

de la detención y los interrogatorios en comisaria que se alargaban días y días; donde algunos

compañeros nuestros se dejaron la vida o los que mayormente probamos las más salvajes de

las técnicas de tortura aprendidas de los nazis. Por ello el paso por el tribunal y acabar en la

cárcel era un mal menor. El hecho de que hubiese tantos antifranquistas encerrados y la

7

experiencia adquirida a lo largo de los años propició la construcción de una red de apoyo y

recursos impresionantes. Las duras condiciones de vida, la escasez de recursos para mantener

una mínima dignidad personal en higiene, alimentación o cuidados médicos era afrontada

desde la organización colectiva. Por mucho que la dirección de la prisión intentase evitarlo, la

mayoría de los partidos clandestinos funcionaban en las cárceles y en colaboración con el

exterior procuraban cuidarse de los suyos. Fue esencial en los años más duros del franquismo.

Se procuraba acompañamiento legal, recursos económicos a través de colectas que llegaban

de todas las partes del mundo, principalmente del exilio y ayuda también para los familiares de

los presos. Éramos una gran familia.

Cuando yo pasé por la Modelo de Barcelona el clima era efervescente. A consecuencia de la

enorme actividad sindical y política en aquellos años críticos, la represión había llenado las

prisiones de sindicalistas y militantes de izquierdas. Tuve oportunidad de conocer a muchos

camaradas, a algunos históricos luchadores y también pude dar rienda suelta a mi actividad

favorita, leer y aprender. El partido organizaba cursos de alfabetización y de formación política

para mejorar nuestra preparación y dotarnos de conocimientos esenciales para una exitosa

militancia. Aquí se consolidó mi pasión por la filosofía marxista-leninista. Había leído algunas

cosas pero me di cuenta de mi analfabetismo político y de la riqueza intelectual que formaba

parte esencial de la doctrina comunista: el materialismo histórico, el materialismo dialéctico, la

economía política, la filosofía, etc.; así como de la necesidad de su conocimiento. Allí conocí a

Engels y Lenin, también pude entender mejor a Marx. Me convertí en un devorador de libros y

de documentos. Cuanto más leía más era consciente de mi desconocimiento. Y así ha sido

hasta la fecha. Sigo leyendo cada día y no solo repasando a los clásicos, además he leído obras

de Mao Tse-Tung, de Ho Chi Ming, de Kim Il Sung, de Fidel Castro, del Ché y de muchos otros

revolucionarios que dejaron constancia escrita de sus planteamientos. También he aprendido

que para combatir al enemigo y a sus agentes también es preciso conocerlo. Así que intento

leer obras de autores no marxistas para estudiar sus planteamientos. Toda esta pasión ha

acabado por convertir en un rincón muy especial una habitación de mi casa, donde guardo mi

tesoro, una gran biblioteca que me encanta enseñar cuando me visitan los amigos.

Entre los camaradas he llegado a ser una especie de Pepito Grillo porque no he

desaprovechado ningún foro ni ninguna actividad para hacer mi reivindicación y mi alegato

revolucionario en defensa de unos principios ideológicos que considero han sido despreciados

y cuya vigencia estoy seguro que sigue presente. A medida que la sociedad nuestra sigue

siendo totalmente desigualitaria y donde los desheredados, como siempre, son vapuleados

por los bancos, por los empresario y por las administraciones al servicio de los poderosos.

8

La izquierda actual se maneja dentro del sistema y no se plantea transformaciones radicales

que son muy necesarias, contentándose con que les dejen administrar parcelitas de poder

para lograr, como mucho, cambios cosméticos y no de fondo. Nada nuevo porque este ha sido

siempre el proceder de la socialdemocracia desde su existencia. Faltan voces auténticamente

revolucionarias e incomodan las voces críticas.

Cuando pido la palabra se echan a temblar. Llevo siempre tarjetitas con anotaciones y con

citas de los clásicos que suelo leer. Muchos ponen cara de: ¡el Tomi ataca de nuevo!

Reconozco que en el fragor de la batalla a veces me cuesta soltar el micro. Me siento como un

poeta al que han dado la oportunidad de recitar alguno de sus versos. La pasión me puede y

me duele no tener capacidades comunicativas mejores para poder exteriorizar todo eso que

tengo en mi interior con unas palabras más accesibles para todos. Los compañeros no se lo

toman a mal porque ya me conocen y creo que a pesar de todo, me tienen en una buena

consideración. Han sido muchos años de lucha y no sólo de discursos y buenas palabras. Mi

compromiso y honestidad han sido muy claros.

Como muchos otros compañeros de lucha, algunos de los cuales ya nos han dejado, encaro

mis últimos años de vida un tanto decepcionado. He vivido los momentos duros de la lucha

antifranquista donde nos jugábamos la vida y la libertad para derribar un régimen genocida

ilegítimo. Han sido muchos los miles de compañeros que quedaron por el camino para

conseguir una democracia plena y una sociedad igualitaria. La realidad es que pocos han

recogido el estandarte para proseguir esa batalla sin cuartel contra el capitalismo y el

imperialismo que campan a sus anchas de nuevo, tras la caída de la URSS, llevando su brazo

asesino a todos los rincones del planeta donde hayan recursos económicos de los que

apropiarse y que tutelan a las llamadas democracias occidentales, donde intervienen y marcan

los hilos de la política y la economía, manipulando a las poblaciones con el control de los

medios de comunicación. Nuestro país es un evidente ejemplo de ello.

Ya no oigo voces críticas, altavoces contestatarios que griten a los vientos la evidencia: por

mucho que nuestras sociedades tecnológicas hayan avanzado y presenten una cara de

modernidad, la esencia de las relaciones de poder y de control de la riqueza, la generación de

plusvalías y el trato digno de las personas siguen bajo un prisma similar a aquél que describían

Marx y Engels en la obra más relevante que jamás se ha escrito en la literatura liberadora, hace

más de 150 años: el Manifiesto Comunista. Será necesario volver a despertar ese fantasma que

recorría Europa y volver a los orígenes ideológicos para construir las herramientas adecuadas

que acaben con la política, en minúscula, al servicio de la gestión del capitalismo; y se vuelva a

hacer Política, con mayúscula, como verdadera arma de liberación de los oprimidos. Ojalá que

sea posible.

Desde mi destierro ya obligado y junto a la mujer que me ha hecho el hombre más feliz y

orgulloso del mundo, disfrutando intensamente de nuestro amor y nuestra compañía, con mis

queridos libros y mis recuerdos, por aquí andaré, a la espera de aquel que quiera pasar un

ratico con nosotros o que quiera recibir mi saludo telefónico pertinente: ¡Hasta la victoria,

siempre! ¡Patria o muerte, venceremos! ¡Salud y República socialista!


Reconocimiento del Gobierno Cubano
por su compromiso internacionalista
Homenaje a Fidel Castro
Pedro Trigo, moncadista cubano, junto a Tomi en el local de los «zapa»

No hay comentarios:

Publicar un comentario