
NO PUDO SER
No pudo ser. Querido hermano Constan,
te fuiste. Sin apenas tiempo de asimilación de tu grave contratiempo tenemos
que decirte adiós con el corazón roto por el dolor. Como temíamos el quebranto
que sufrió tu salud fue letal y finalmente el sueño ha acabado de envolverte
por completo, dejándonos huérfanos de ti.
Al durísimo mazazo de tu pérdida se
le unen las especiales circunstancias del momento que impiden que todos los que
te queremos podamos darte un gran abrazo final y una despedida a la altura de
tu dimensión humana. Tampoco a Paqui, Sergio y Mireia, tu orgullosa familia
(también la nuestra), ahora desbordados por la pena, golpeados por esta injusta
realidad que nos está dejando sin los mejores de los nuestros.
Tiempo habrá para organizar un acto de
homenaje como te mereces, aunque va a resultar extraño que, por una vez, no
seas tú el que te enfrasques en la vorágine de llamadas, carteles y organización
del evento. Quien te iba a decir a ti que, a pesar de tu reticencia a ser
protagonista, acabarás siendo merecidísimamente el foco central de una
actividad. Pero ya nada volverá a ser lo mismo.
Este miserable 2020 está
maltratándonos sin piedad y arrebatándonos a los mejores, a los más honestos, a
los más decentes, a los imprescindibles. Tiemblo pensando en lo venidero.
Desgraciadamente hemos acabado acostumbrándonos a las cifras milenarias de
fallecidos y enfermos por la pandemia y a vivir con el temor, no solo al
contagio, sino a las llamadas telefónicas funestas que nos diesen cuenta de tal
o cual familiar o amigo al que el dichoso virus hubiese alcanzado. Todos
estamos en la línea de diana aunque desgraciadamente nuestros mayores los que
más. Uno más o menos se prepara para posibles situaciones de este tipo, más
como es mi caso, si tienes la suerte de que tus padres vivan. Lo que no estaba
preparado es para tener que decirte adiós tan anticipadamente.
El día anterior a la maldita prueba
que ha desencadenado tu pérdida estuvimos hablando, como lo hacemos
frecuentemente. Contando ya los días para volver a la acción, en especial, las
presentaciones del nuevo libro sobre memoria histórica del que tú también eres
protagonista. También tus ganas de retomar los paseos a la playa y el
reencuentro con los compañeros y amigos, en especial nuestros queridos Trigo.
Mi compañera Carmen me explica tus llamadas alrededor de mi cumpleaños, de tu empeño
en ya comenzar a preparar mi 60 aniversario a lo grande. Recibo el enorme
regalo de tus últimas imágenes en el video conmemorativo que me habéis hecho (y
que no nos cansamos de ver), de tus cariñosas palabras de felicitación y buenos
deseos, apenas unas horas antes de tu ingreso hospitalario para esa endoscopia
rutinaria.
No puedo aceptar que no te volveremos
a ver. Intento atrapar la visión de los últimos momentos compartidos, creo que
repasando en tu casa el texto de tu relato para el libro y seleccionando las
fotos que íbamos a colocar. Juntos en la habitación, ilusionados por dar
visibilidad a tu desconocida, para muchos, historia personal. Mucho anduve detrás
de ti para que te plegaras a mi deseo y plasmásemos en papel aquella España
negra de los centros del auxilio social que tuviste que recorrer y de la
necesidad de divulgar el ejemplo de Juanito y Peñaranda, tus tíos del maquis,
tan importante para tu conformación como persona. Recuerdo como las lágrimas se
te escapaban y con qué ilusión cogiste el teléfono para hablar con Vicentita,
tu maestra del centro que tanto ha llegado a formar parte de tus escasos
recuerdos de felicidad infantil.
Ese eres tú. Un manojo de
sensibilidad desbordante, de buenos sentimientos y mejores acciones. Un culo
inquieto con necesidades hiperactivas a las que nos arrastrabas a todos pero
siempre lejos del más mínimo interés egoísta. Irrepetible.
Aún no me hago a la idea, sigo en
shock. Siento que han quedado tantas cosas por hacer, por decir, que podríamos
haber hecho, que deberemos hacer, que me siento aturdido. Tengo unas ganas
enormes de desahogarme y hablar contigo, como lo hemos hecho tan a menudo y
seguiremos haciendo. Deberemos aceptar tu ausencia física pero formas parte esencial
de nuestras vidas y siempre caminaremos juntos en esa tarea que iniciaron
nuestros mayores, seguimos nosotros y continuarán nuestros hijos. No te
defraudaremos. Descansa en paz, compañero.
Te queremos, Constan.
Alberto 9
junio 2020
No hay comentarios:
Publicar un comentario