martes, 9 de junio de 2020

NO PUDO SER






NO PUDO SER                       


No pudo ser. Querido hermano Constan, te fuiste. Sin apenas tiempo de asimilación de tu grave contratiempo tenemos que decirte adiós con el corazón roto por el dolor. Como temíamos el quebranto que sufrió tu salud fue letal y finalmente el sueño ha acabado de envolverte por completo, dejándonos huérfanos de ti.


Al durísimo mazazo de tu pérdida se le unen las especiales circunstancias del momento que impiden que todos los que te queremos podamos darte un gran abrazo final y una despedida a la altura de tu dimensión humana. Tampoco a Paqui, Sergio y Mireia, tu orgullosa familia (también la nuestra), ahora desbordados por la pena, golpeados por esta injusta realidad que nos está dejando sin los mejores de los nuestros.


Tiempo habrá para organizar un acto de homenaje como te mereces, aunque va a resultar extraño que, por una vez, no seas tú el que te enfrasques en la vorágine de llamadas, carteles y organización del evento. Quien te iba a decir a ti que, a pesar de tu reticencia a ser protagonista, acabarás siendo merecidísimamente el foco central de una actividad. Pero ya nada volverá a ser lo mismo. 


Este miserable 2020 está maltratándonos sin piedad y arrebatándonos a los mejores, a los más honestos, a los más decentes, a los imprescindibles. Tiemblo pensando en lo venidero. Desgraciadamente hemos acabado acostumbrándonos a las cifras milenarias de fallecidos y enfermos por la pandemia y a vivir con el temor, no solo al contagio, sino a las llamadas telefónicas funestas que nos diesen cuenta de tal o cual familiar o amigo al que el dichoso virus hubiese alcanzado. Todos estamos en la línea de diana aunque desgraciadamente nuestros mayores los que más. Uno más o menos se prepara para posibles situaciones de este tipo, más como es mi caso, si tienes la suerte de que tus padres vivan. Lo que no estaba preparado es para tener que decirte adiós tan anticipadamente.


El día anterior a la maldita prueba que ha desencadenado tu pérdida estuvimos hablando, como lo hacemos frecuentemente. Contando ya los días para volver a la acción, en especial, las presentaciones del nuevo libro sobre memoria histórica del que tú también eres protagonista. También tus ganas de retomar los paseos a la playa y el reencuentro con los compañeros y amigos, en especial nuestros queridos Trigo. Mi compañera Carmen me explica tus llamadas alrededor de mi cumpleaños, de tu empeño en ya comenzar a preparar mi 60 aniversario a lo grande. Recibo el enorme regalo de tus últimas imágenes en el video conmemorativo que me habéis hecho (y que no nos cansamos de ver), de tus cariñosas palabras de felicitación y buenos deseos, apenas unas horas antes de tu ingreso hospitalario para esa endoscopia rutinaria. 


No puedo aceptar que no te volveremos a ver. Intento atrapar la visión de los últimos momentos compartidos, creo que repasando en tu casa el texto de tu relato para el libro y seleccionando las fotos que íbamos a colocar. Juntos en la habitación, ilusionados por dar visibilidad a tu desconocida, para muchos, historia personal. Mucho anduve detrás de ti para que te plegaras a mi deseo y plasmásemos en papel aquella España negra de los centros del auxilio social que tuviste que recorrer y de la necesidad de divulgar el ejemplo de Juanito y Peñaranda, tus tíos del maquis, tan importante para tu conformación como persona. Recuerdo como las lágrimas se te escapaban y con qué ilusión cogiste el teléfono para hablar con Vicentita, tu maestra del centro que tanto ha llegado a formar parte de tus escasos recuerdos de felicidad infantil. 


Ese eres tú. Un manojo de sensibilidad desbordante, de buenos sentimientos y mejores acciones. Un culo inquieto con necesidades hiperactivas a las que nos arrastrabas a todos pero siempre lejos del más mínimo interés egoísta. Irrepetible.


Aún no me hago a la idea, sigo en shock. Siento que han quedado tantas cosas por hacer, por decir, que podríamos haber hecho, que deberemos hacer, que me siento aturdido. Tengo unas ganas enormes de desahogarme y hablar contigo, como lo hemos hecho tan a menudo y seguiremos haciendo. Deberemos aceptar tu ausencia física pero formas parte esencial de nuestras vidas y siempre caminaremos juntos en esa tarea que iniciaron nuestros mayores, seguimos nosotros y continuarán nuestros hijos. No te defraudaremos. Descansa en paz, compañero.


Te queremos, Constan.

Alberto                       9 junio 2020

No hay comentarios:

Publicar un comentario