MEMORIA VIVA. Hoy hace 76 años.
“Guadix, cuatro de la madrugada del doce
de enero de 1940. Prisión de la ermita de San Antón.
Mi queridísima Mercedes, ha llegado el
día tan temido por todos nosotros. Se ahogaron las escasas esperanzas de
clemencia. Me encuentro en capilla, junto a cuatro compañeros más. Los cinco
seremos ejecutados a las siete de la mañana. Se acabaron las penalidades para
nosotros, pero desgraciadamente proseguirán las vuestras. Cuando leas esta
carta si es que llega a tus manos, como me prometió el cura, este martirio habrá finalizado. El cementerio, si no sucede
algo extraño, será nuestra nueva morada. Solo espero que, como dicen, haya una
vida más allá para seguir dándoles guerra y proseguir el camino liberador
iniciado y que ha supuesto el sacrificio de nuestras propias vidas y el
martirio de tanto inocente. Por mucha barbarie que sigan haciendo no podrán
parar el tren de la historia. Los desposeídos acabarán siendo los dueños de su
propio destino. Se acabarán los amos y los dioses. Estos ideales de justicia
social a los que con tanta ilusión abrazamos miles y miles de personas en
nuestro pobre país, acabarán por desplazar el terror y la explotación humana.
Me voy contento en este sentido. Me
matan por mis ideas no porque haya cometido ningún crimen. Ya sé que tu pena y
el sufrimiento de nuestros queridos hijos será enorme, pero quiero que siempre
vayáis con la cabeza bien alta y orgullosos de mí. Conserva todas las notas que te he escrito
para que el día de mañana nuestros hijos puedan comprender lo que le han hecho
a su querido padre. Explícales las razones profundas de este martirio. Procura
que estudien y se conviertan en personas de provecho y sepan defenderse en la
vida mejor de lo que lo ha podido hacer su padre. Ya llegará el momento de
pedir cuentas y que resplandezca toda la verdad.
Sión, Manolo, Lorenzo, Mercedicas,
Carmela, haced siempre caso a vuestra madre. No le deis más quebraderos de
cabeza de los que la pobre tendrá. Estudiad mucho, aprended buenos oficios y
ayudad todo lo que podáis a la mama. Recordad los buenos momentos que hemos
tenido y pensad que siempre estaré a vuestro lado aunque no me podáis ver. Os
quiero con locura. No me olvidéis.
Mercedes, dale un abrazo muy grande a mi
pobre madre que, con los dos hijos presos, lo está pasando muy mal. Abraza
también a la tuya y a tus hermanos, en la confianza que sé que os ayudarán todo
lo que puedan a pasar este mal trago y a que salgáis adelante.
Mercedes, amor mío, me gustaría despedirme en vida de ti y poder darte las
gracias por ser la mujer y la madre más extraordinaria del mundo. Lamento mucho
que nuestra bonita aventura amorosa acabe de este modo y no podamos llevar a
cabo tantos proyectos como teníamos en mente.
Gracias por tu coraje y sacrificio sin límites durante estos duros nueve
meses. Sólo he podido resistir gracias al enorme amor que nos tenemos, por sentirte
a mi vera, por poder hablar de vez en cuando contigo o poder darte un abrazo y
sentirte entre mis brazos. Has sido la energía que me ha mantenido con vida. Me
has cuidado día a día y has procurado que no me faltase de nada quitándotelo
incluso de tu propia boca. No he podido darte las gracias como te mereces ni
decirte de viva voz lo mucho que te amo y pedirte perdón por todo lo que te
está suponiendo este calvario.
Me voy con una gran pena pero con la
tranquilidad de dejarlo todo en tus manos. No tengo la menor duda que saldréis
adelante. Con los animalillos, con algo de tierra o como sea, siempre has sido
una mujer de recursos.
Se me acaba el tiempo y tengo que
acabar. El futuro va a ser duro, lo sé. Quiero que en todos y cada uno de los
minutos de tu vida me tengas presente y mi recuerdo te dé fuerzas para afrontar
todo lo que venga. Siempre estaré junto a ti, no te dejaré sola.
He dejado en el cestillo las cuatro
cosas que he tenido aquí para que las conservéis como recuerdo mío. A mis hijos
no puedo dejarles más herencia que mi ejemplo y mis ansias de libertad. Espero
que lo hagan suyo y que lo transmitan a sus hijos también. Tenedme siempre muy
presente y procurad o al menos intentad ser felices. Os mando el mayor de los
besos y de los abrazos. Hijos míos os quiero con locura. Tu esposo que te ama.
Manuel.”
Esta es la "recreación" que me he permitido realizar de la carta de despedida que mi abuelo escribió horas antes de ser ejecutado en el cementerio de Guadix y que forma parte del libro "ME LO DECÍA MI ABUELITO" que en breves semanas verá la luz. El original no llegó a manos de su viuda tal y como el cura le había prometido como treta para conseguir doblegar su voluntad de no confesarse antes de ponerse frente al pelotón de fusilamiento. Hoy se cumplen 76 años de aquel fatídico 12 de enero de 1940. Os adelanto también la "reconstrucción" de lo que pudieron ser aquellos últimos momentos, en boca de mi propio abuelo.
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