sábado, 2 de enero de 2016

año nuevo, ¿ propósitos viejos?


ESTE AÑO...... SÍ.

La Navidad ya pasó, el año nuevo ya llegó. Sin duda alguna, la mayoría de nosotros, tal y como ya viene siendo tradicional, hemos expresado nuestro firme propósito de acometer algún cambio en nuestra vida; con la sana intención de mejorar algún aspecto que consideramos que es necesario fortalecer o alguna conducta “insana” de la que nos queremos desprender. ¿Cuántos de nosotros hemos decidido, una vez más, dejar de fumar, apuntarnos a inglés, ir al gimnasio o comenzar una dieta que acabe con las secuelas de: “¡esas tapitas y esos choricicos!”?

¿Qué razón hay detrás para que un año tras otro, todo quede en “agua de borrajas”, tras haber desistido rápidamente a los “tremendos sacrificios” que supone el afrontar estas mejoras personales? ¿falta de voluntad, excesivas expectativas o ritualidad perversa?

El afán por mejorar, la voluntad de ser de otra manera o la visión autocrítica acerca de nuestra persona, es una característica específica del ser humano. Es una seña de identidad que nos caracteriza; así como la capacidad para transformar la propia realidad. El hombre ha dominado y ha supeditado a sus intereses el entorno y a las criaturas que viven en él. Esa relación aparentemente solo externa es la que ha posibilitado a su vez la transformación interior del ser humano, como mecanismo de ajuste para poder integrarse en ese entorno sobre el que “ejerce” su dominio, y le ha planteado la necesidad de afrontar una  realidad interior; no solo para valorar la influencia de lo que acontece a nuestro alrededor sino para, algo mucho más importante, asumir nuestro propio mundo interior; comprender que podemos tener un cierto control sobre nuestra vida y sobre nuestra manera de sentir.

Cuando aspiramos a cambiar ciertas pautas de nuestra vida lo hacemos siempre con la voluntad de mejorar; pero, este cambio representa el dedicar unos esfuerzos para conseguirlo y es posiblemente a este nivel donde podemos encontrar alguna respuesta a nuestras preguntas iniciales. Si interpretamos que el esfuerzo necesario para hacer algo supera al beneficio a obtener, es lógico que, muchas de estas inquietudes queden por el camino; y lo que aflore sea un sentimiento, muchas veces,  de frustración y de autoculpabilidad. “Soy incapaz de conseguirlo” “Me pueden las situaciones” “¿porqué seré tan débil?”, etc..

Dejando a un lado que, no son muchas las personas que como firme propósito se planteen el mejorar a un nivel más interior, a crecer personalmente; lo que sin duda, sería una manera de armarse para fortalecer las propias aptitudes y, con ello, afrontar con más garantías todas las facetas de nuestra vida;  y centrándonos, en las típicas conductas antes citadas, sería interesante preguntarnos si de verdad nos valoramos con justicia, si ponemos el acento en “la madre del cordero” o nos dejamos llevar con rapidez por lo más aparente de esas situaciones, viendo gigantes donde solo hay molinos.

Suele ser bastante común plantearse estos cambios como grandes retos, bastante dificultosos y costosos; lo cual se debe, muchas veces, a una inadecuada estrategia para afrontarlos, cuando lo más constructivo sería, seguramente: 1)  realizar un autoanálisis personal para ver cual es el ritmo que podemos exigirnos; 2) saber elegir el momento propicio y 3) no valorar los progresos en función de un resultado final lejano que, necesita por fuerza de un tiempo, de una acumulación y consolidación de pequeños logros que, son precisamente los que, si aprendemos a valorar, nos irán recargando las baterías para proseguir. Si queremos dejar de fumar cuando estamos pasando por una mala racha; si nuestra ilusión es conseguir un cuerpo danone en dos semanas o dominar el inglés en un mes, etc. quizá lo único que estemos haciendo sea sentar las pautas para conseguir que nuestra autoestima salte por los aires.

                                        

No hay comentarios:

Publicar un comentario