Me dice mi amigo Oscar....3
Que el paseíto por el bosque que le
receté para relajarse le sentó fatal. Dice que intentó disfrutarlo al máximo,
se mimetizó con el entorno cual perdiz, gozando del silencio solo roto de tanto
en tanto por algún pajarillo o por el viento entre los árboles, observando con
curiosidad a los animalillos que por doquier intentaban desarrollar una vida lo
más natural posible, sin pensar en agujeros de la capa de ozono y tal.
Lástima, me dice, que mientras estaba
recreándose mirando la laboriosidad y fortaleza de las hormiguitas estuviese a
punto de ser arrollado por un quad salvaje que, sin respeto alguno por el
entorno circulaba por el camino forestal como si de un participante del
París-Dakar se tratase. En el intento de no atropellarle acabó volcado en un
lateral del camino. La sangre no llegó al río y todo finalizó felizmente tan
solo con alguna magulladura para ambas partes.
Sin embargo, me dice mi amigo Oscar,
lo peor estaba por venir. Roto el embrujo del momento y finiquitada la
relajación prescrita, los fantasmas de la depresión y la frustración volvían a
aparecer. Manolo que es como se llamaba el loco del quad resultó ser un parado
de larga duración que, con 53 años, afrontaba su depre corriendo con este vehiculito.
Su psicólogo, al que no tengo el gusto de conocer, le propuso la posibilidad de
hacer algún tipo de deporte como mecanismo de evasión. Manolo que ya anda
bastante quemado había probado apuntándose a un gimnasio a hacer fitness pero
después de agredir a varios estilizados usuarios con los que no lograba
conseguir afinidad, optó por probar con los deportes de riesgo, más acordes
para afrontar sus altos niveles de adrenalina. Tras salirse del camino y
estamparse contra un árbol se había girado para comprobar el estado de Oscar.
Cuando se cercioró que la cosa no acabaría de hospitales rompió a llorar como
un niño.
Total, que Oscar que ya se encontraba
sobrepasado por sus propias circunstancias, miserias que llama él, acabó
siendo, una vez más, el hombro amigo y la esponja emocional de aquel tipo que
casi lo mata. Hasta tuvo que invitarle a una cola. No sabe si pedirme una cita
o presentarme una demanda por daños y perjuicios.
Le he dicho que venga con su amigo y
nos echamos unas risas…..o unas lágrimas. Depende de cómo tengamos el día.
¡Cuidado con los lobos en el bosque!
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