martes, 19 de enero de 2016

Me dice mi amigo Oscar....3



Me dice mi amigo Oscar....3


Que el paseíto por el bosque que le receté para relajarse le sentó fatal. Dice que intentó disfrutarlo al máximo, se mimetizó con el entorno cual perdiz, gozando del silencio solo roto de tanto en tanto por algún pajarillo o por el viento entre los árboles, observando con curiosidad a los animalillos que por doquier intentaban desarrollar una vida lo más natural posible, sin pensar en agujeros de la capa de ozono y tal.


Lástima, me dice, que mientras estaba recreándose mirando la laboriosidad y fortaleza de las hormiguitas estuviese a punto de ser arrollado por un quad salvaje que, sin respeto alguno por el entorno circulaba por el camino forestal como si de un participante del París-Dakar se tratase. En el intento de no atropellarle acabó volcado en un lateral del camino. La sangre no llegó al río y todo finalizó felizmente tan solo con alguna magulladura para ambas partes.


Sin embargo, me dice mi amigo Oscar, lo peor estaba por venir. Roto el embrujo del momento y finiquitada la relajación prescrita, los fantasmas de la depresión y la frustración volvían a aparecer. Manolo que es como se llamaba el loco del quad resultó ser un parado de larga duración que, con 53 años, afrontaba su depre corriendo con este vehiculito. Su psicólogo, al que no tengo el gusto de conocer, le propuso la posibilidad de hacer algún tipo de deporte como mecanismo de evasión. Manolo que ya anda bastante quemado había probado apuntándose a un gimnasio a hacer fitness pero después de agredir a varios estilizados usuarios con los que no lograba conseguir afinidad, optó por probar con los deportes de riesgo, más acordes para afrontar sus altos niveles de adrenalina. Tras salirse del camino y estamparse contra un árbol se había girado para comprobar el estado de Oscar. Cuando se cercioró que la cosa no acabaría de hospitales rompió a llorar como un niño.


Total, que Oscar que ya se encontraba sobrepasado por sus propias circunstancias, miserias que llama él, acabó siendo, una vez más, el hombro amigo y la esponja emocional de aquel tipo que casi lo mata. Hasta tuvo que invitarle a una cola. No sabe si pedirme una cita o presentarme una demanda por daños y perjuicios.


Le he dicho que venga con su amigo y nos echamos unas risas…..o unas lágrimas. Depende de cómo tengamos el día.

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