Me dice mi amigo Oscar 1
Me dice mi amigo Oscar,
Me dice mi amigo Oscar,
que
podríamos hablar acerca de la decepción. Yo le comento que
desde una percepción psicológica la mayoría de las veces la decepción no es más
que el resultado de un posible exceso en las expectativas que nos formamos sobre algunos deseos o cuando se refiere acerca de la respuesta que
esperamos de los demás. Anda el hombre un poco de bajón ya que tiene la
sensación que todos sus proyectos e ilusiones se van diluyendo como un
azucarillo en agua.
Dice
que está de acuerdo con que muchas veces el acabar decepcionado viene de la
mano de no haber racionalizado de una manera más objetiva el alcance de los
deseos o de las pretensiones que tenemos acerca de la respuesta de alguna
persona sobre determinado tema de nuestro interés. Pero dice tener claro que
una gran parte del porcentaje de esa responsabilidad también tiene que ver con
los demás. No es que no lleguen al nivel de las expectativas que nos hemos
formado sobre ellos es que, muchas veces, violan las más elementales reglas de
la reciprocidad en las relaciones humanas. Vamos, que la cuestión de la empatía
tienen que buscarla en la Wikipedia; rayando, en algunos casos, con la sinvergonzonería.
¿Es
justo que ante una entrega afectuosa o amistosa, ante una actitud solidaria o
cooperativa, ante una entrega desinteresada o una ayuda necesaria, esperemos
algo de reciprocidad en el trato por parte del beneficiario de dicha acción? ¿Nuestras
acciones han de preservar un desinterés absoluto y no esperar un mínimo retorno
aunque sea, a veces, con un simple agradecimiento o una leve señal?
Oscar
va muy calentito, por lo que me dice y veo. Hoy ha acumulado una nueva
decepción. Un proyecto suyo en el que se ha entregado a pleno corazón debía
haber visto ya la luz hace tiempo. Después de un largo año de esperas, de vanas
promesas y falta de explicaciones ha vuelto a visualizar el resultado del
desinterés absoluto. Tenía el convencimiento que lo vería materializado antes
de acabar el año pero las noticias que ha recibido hoy le confirman que todo
sigue en el aire. ¿Frustración, decepción, rabia?. Los sentimientos se agolpan
en su interior pero cuando la
acumulación de decepciones crece, según la ley de los fluidos o del Principio
de Arquímedes, creo recordar, hacen que rebose el vaso de las capacidades.
Psicológicamente
la decepción se afronta desde el realismo, la proactividad y la alta
autoestima. Pero, por encima de todo, con empatía y comprensión. En estos
tiempos que andamos resulta difícil tener el equilibrio emocional necesario
para afrontar tantas adversidades. El sentido común nos dice que hay que darle
unas palmaditas y decirle que no se preocupe que ya vendrán tiempos mejores,
que mire el vaso medio lleno o que viva la y las crisis como oportunidades. El
cuerpo me pide, sin embargo, prescribirle que haga unos ejercicios “depositivos
“, que si le apetece salga al balcón y grite unos improperios, que vomite los
demonios y que después se relaje o haga lo que más le venga en gana. Mañana
será otro día. Motivos para decepcionarnos no nos van a faltar.
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