lunes, 4 de enero de 2016

Me dice mi amigo Oscar 1



Me dice mi amigo Oscar 1

Me dice mi amigo Oscar,
que podríamos hablar acerca de la decepción. Yo le comento que desde una percepción psicológica la mayoría de las veces la decepción no es más que el resultado de un posible exceso en las expectativas que nos formamos  sobre algunos deseos o  cuando se refiere acerca de la respuesta que esperamos de los demás. Anda el hombre un poco de bajón ya que tiene la sensación que todos sus proyectos e ilusiones se van diluyendo como un azucarillo en agua.
Dice que está de acuerdo con que muchas veces el acabar decepcionado viene de la mano de no haber racionalizado de una manera más objetiva el alcance de los deseos o de las pretensiones que tenemos acerca de la respuesta de alguna persona sobre determinado tema de nuestro interés. Pero dice tener claro  que una gran parte del porcentaje de esa responsabilidad también tiene que ver con los demás. No es que no lleguen al nivel de las expectativas que nos hemos formado sobre ellos es que, muchas veces, violan las más elementales reglas de la reciprocidad en las relaciones humanas. Vamos, que la cuestión de la empatía tienen que buscarla en la Wikipedia; rayando, en algunos casos, con la sinvergonzonería.
¿Es justo que ante una entrega afectuosa o amistosa, ante una actitud solidaria o cooperativa, ante una entrega desinteresada o una ayuda necesaria, esperemos algo de reciprocidad en el trato por parte del beneficiario de dicha acción? ¿Nuestras acciones han de preservar un desinterés absoluto y no esperar un mínimo retorno aunque sea, a veces, con un simple agradecimiento o una leve señal?
Oscar va muy calentito, por lo que me dice y veo. Hoy ha acumulado una nueva decepción. Un proyecto suyo en el que se ha entregado a pleno corazón debía haber visto ya la luz hace tiempo. Después de un largo año de esperas, de vanas promesas y falta de explicaciones ha vuelto a visualizar el resultado del desinterés absoluto. Tenía el convencimiento que lo vería materializado antes de acabar el año pero las noticias que ha recibido hoy le confirman que todo sigue en el aire. ¿Frustración, decepción, rabia?. Los sentimientos se agolpan en su interior  pero cuando la acumulación de decepciones crece, según la ley de los fluidos o del Principio de Arquímedes, creo recordar, hacen que rebose el vaso de las capacidades.
Psicológicamente la decepción se afronta desde el realismo, la proactividad y la alta autoestima. Pero, por encima de todo, con empatía y comprensión. En estos tiempos que andamos resulta difícil tener el equilibrio emocional necesario para afrontar tantas adversidades. El sentido común nos dice que hay que darle unas palmaditas y decirle que no se preocupe que ya vendrán tiempos mejores, que mire el vaso medio lleno o que viva la y las crisis como oportunidades. El cuerpo me pide, sin embargo, prescribirle que haga unos ejercicios “depositivos “, que si le apetece salga al balcón y grite unos improperios, que vomite los demonios y que después se relaje o haga lo que más le venga en gana. Mañana será otro día. Motivos para decepcionarnos no nos van a faltar.


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