Querido hermano Constan, en estos postreros minutos de mi 59 aniversario no puedo
sacarme de la mente tu rostro durmiente y tu sueño forzado, mientras tu humilde y golpeado cuerpo,
quebrado por injustas fuerzas letales, lucha como siempre lo has hecho para
vencer otra adversidad. Una más de esa larga cadena de eslabones que ha forjado
tu vida de combatiente.
Visionando el impresionante video que
con toda la ilusión del mundo tu familia me ha dedicado, hemos estallado en
carcajadas tremendas sobre todo por tu particular interpretación, tu desparpajo
característico y tus generosas palabras
de felicitación y afecto. No ha sido hasta después, cuando con toda la
ilusión del mundo he marcado tu número para reír unidos por semejante documento
gráfico, que otra voz distinta a la tuya, la de tu querido hijo Sergio, nos ha
dado ese formidable puñetazo de dura
realidad. Tu querida compañera Paqui nos ha acabado de confirmar la gravedad
del momento.
Ayer, lo que debía ser un trámite
médico rutinario desembocó en un injusto desenlace. Tu cuerpo, ese menudo y
reconocible envoltorio, colapsó y te trasladó a un limbo de suspense y letargo
amargo, ojalá que reversible. Hace apenas unos días seguías planeando las
próximas aventuras y nos animábamos ante la vuelta a la acción. Contábamos los
días para poner en marcha esos proyectos siempre colectivos de compromiso y
solidaridad. También para realizar esos encuentros prohibidos de placeres
gastronómicos en comunión con nuestra gran familia extensa. La cita con los
Trigo en el bar de la chinita, el abrazo secuestrado por el virus asesino y
tantos y tantos asuntos aplazados más.
El más ilusionante, la pronta salida de
nuestro libro, de ese compendio de voces de resistencia y dignidad del que
forma parte de manera importante un capítulo dedicado a ti y tu generosa vida
de lucha y compromiso, que con tanto cariño trabajamos durante mucho tiempo.
Hoy, precisamente hoy, recibía la propuesta de portada desde la que me mirabas
con tu cara inocente de niño del auxilio social. Ya era cuestión de días que
tuvieras entre tus manos ese libro sobre el que tanto habíamos planeado. Tu
humildad y tu discreción te puso a prueba ante la presión y tu íntima voluntad
de invisibilidad (aunque siempre has estado bien presente), pero los temores
despertaron esa fortaleza intrínseca que siempre has mostrado ante los retos y
ansiabas ponerte en marcha. Ahora deberíamos estar ensoñando nuevas actividades
y haciendo listas de colaboradores (siempre dispuestos a dejarse enredar por el
Constantino), organizar reuniones con el distrito o con los brigadistas,
paellas, charlas o lo que se tercie. Eres de culo inquieto y no puedes ni se te
puede parar.
Nunca imaginaría que en lugar de ello
estaría frente al ordenador para plasmar en un papel la vorágine de voces e
imágenes que alimentan como una tormenta mi shock emocional ante esta dura
noticia que hemos conocido y el temor a perderte, a dejar de compartir esta
dura realidad que tanto nos gusta analizar y despedazar, a dejar de recibir tus
llamadas, de maldecir y de animarnos después, de buscar ilusionarnos en un
mundo cada vez más desmotivante y caduco. No puedo, no quiero aceptar que el
sueño acabe venciéndote y nos dejes huérfanos y rotos. No es posible, no es
justo, no puede ser cierto.
Mi familia, la tuya, los camaradas,
los amigos comunes…todos empujaremos enérgicamente para abrirte esos ojos
pillos y esa sonrisa maliciosa nos vuelva a
encandilar, para que todo quede en un susto y reemprendamos el camino: a
la Barceloneta, a Castelldefels, a Cuenca y a donde sea. Eres el farolillo que nos
ilumina y el resorte que nos hace
caminar. Constan, te necesitamos.
Alberto 5
de junio de 2020
Día 2.
No he podido pegar ojo en toda la
noche pensando en los terribles momentos que los tuyos están viviendo en estas
horas de incertidumbres y temores. Si nosotros estamos impactados imaginamos lo
que está pasando tu pobre Mireia, la niña de tus ojos. Sergio y Paqui nos
decían balbuceantes lo terrible del momento y cómo, por su carácter, seguían en
pie como en un sueño, sin poder ser conscientes todavía de la crudeza de este
golpe injusto y alerta a tu lado, esperando el milagro.
Sois una familia increíble. Todo el
mundo destaca vuestra unión y la piña que formáis a todos los niveles. El video
que me grabasteis es buena muestra de ello. Has, habéis criado un par de
descendientes dignos de sus padres y de su ejemplo; y resulta evidente la
comunión existente. No se merecen este injusto castigo que ha llegado sin aviso
previo y sin apenas capacidad de reacción.
Por mi cabeza pasan las múltiples vivencias
compartidas. Tantos y tantos momentos de acción militante, al lado de tu
orgullosa bandera republicana, estandarte y punto de encuentro en todas las
concentraciones, en esa batalla casi solitaria de reivindicación de nuestro
orgullo republicano, que llegó a viajar a Madrid en aquella inolvidable Marcha
por la Dignidad (donde también nos acompañó nuestro querido y llorado Agustín)
y sigue desplegada allá donde tu vayas. Tu compañera y tus hijos, siempre ahí,
a tu lado, hablando donde hay que hablar: en la calle.
¡Cuántas y cuántas vivencias hemos
compartido fraternalmente! Muchas veces hemos comentado la especial unión que
hemos forjado entre nuestras familias y también, por suerte, nos hemos dicho
los afectos existentes. Para mí, para nosotros, eres, sois parte integrante de
nuestro círculo más íntimo y querido, por ello lo especialmente duro que nos
está resultando el momento. Agudizado por las especiales circunstancias del
confinamiento, de la pandemia, de las limitaciones y miedos que no permiten que
ahora mismo estuviésemos donde más deseamos, ahí junto a ti, junto a los tuyos,
para coger tu mano, para fundirnos en un abrazo y generar la fuerza necesaria
para ganar este combate.
Este 2020 está resultando
particularmente duro. El goteo de pérdidas y marcha de queridos compañeros y
camaradas está siendo enorme. Maldigo la injusta ley natural que parece estar
al servicio también de los poderosos, una especie de selección natural que nos
roba a los nuestros mientras tanto y tanto criminal merecedor de pasar a mejor
vida, se recupera para seguir sumando esfuerzos en la acción destructiva de la
mano negra reaccionaria. Con tanto hijo de la gran, perfectamente prescindible,
son los mejores los que van marchando: hace poco nuestro querido Albert
Escofet, apenas unos días nuestro Julio Anguita y tantos y tantos viejos
luchadores por un nuevo orden social más justo que nos dejan tristes, con la
tarea pendiente. Todo esto confirma la razón que tenemos de hacer de la memoria
histórica un instrumento militante y transformador; y de la necesaria
reivindicación y pedagogía de esa nuestra memoria de futuro y de los nuestros.
Tu capítulo en el nuevo libro es un
claro ejemplo de ello. No podías faltar y no tener un lugar preferente en esta
recopilación de testimonios actores de los más duros momentos de la historia de
nuestro país, esa que pretenden seguir ninguneándonos. Hemos llorado (tú mucho
más porque eres más de lágrima fácil) recuperando tus vivencias, recordando las
muchas vicisitudes que tuviste que afrontar para salir adelante y cómo lo
conseguiste orgullosamente aunque con lógicas heridas de batalla. Nos conocemos ya hace algunos años. He
disfrutado, como todos, de ese Constantino tan especial: comprometido,
engrescador, hiperactivo e incansable; pero he conseguido también pasar la
frontera interior y compartir esa sensibilidad extrema, esa dermis particularmente
maltratada por la vida y participar incluso de sensaciones apartadas
protectoramente por tu psique que mostraban una enorme humanidad forjada a base
de experiencias difíciles y un duro bagaje existencial que siempre intentas
mantener a ralla. Todo esto nos ha hermanado mucho más y ha generado muchas
complicidades y desahogos que hoy forman parte esencial en mi manejo cotidiano.
No se me ocurre prescindir de ello. No puedo imaginar un futuro donde tú no
sigas formando parte activa de mis ilusiones. Son muchas las tareas que tenemos
pendientes.
Como un niño anhelo despertar de esta
pesadilla y dejarlo todo en un sueño. Ni siquiera tenemos el soporte místico
del autoengaño religioso que nos permitiese invocar a un ser superior que nos
diese ánimo, fortaleza y buenos presagios, pero que tal y como va la vida, si
existe debería hacérselo mirar. Eres el ejemplo evidente y contrastado de lo
que es una buena persona, portador de los valores y principios que debe regir
la relación entre los seres humanos, lejos del egoísmo materialista capitalista
que nos domina. Tú nos haces mejores y eres imprescindible. Te necesitamos a
nuestro lado muchos años más.
Alberto 6
de junio de 2020

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