SILENTE ENEMIGO, que no osas mirarnos cara a cara y atacas desde nuestra
propia debilidad, sin necesidad de posar tus garras transmisoras en nuestros
inermes cuerpos. Corremos, nos ocultamos, intentamos sortearte pero ahí estás,
siempre presente. Desde tu invisibilidad, desde nuestra ceguera, en una
contienda desigual, tu manto extiendes por doquier y acaba envolviendo nuestro
espacio vital hasta hacerlo asfixiante, desesperante desde nuestra activa
impotencia. Tu principal arma: nuestro miedo. Tus espinas coronarias nos perforan
sin tocarnos. Tus envenenados dardos nos llegan de negligentes inconscientes
que, cual danza maldita, pasan por nuestro lado, una y otra vez; invaden nuestras barreras y debilitando nuestras defensas, amenazan
seriamente nuestra existencia. Dramática liturgia cotidiana, persistente
resistencia numantina, responsable coherencia con la vida, en manos de ajenos
cómplices tuyos, instrumento necesario para tu dominio, cooperantes homicidas,
suicidas y asesinos por dejación de su propio compromiso y renuncia vital,
autómatas del yoísmo, dispensadores de dolor y de muerte silenciosa que hora
tras hora va adueñándose del paisaje.
El temor, la duda, la incerteza, el miedo, la
desesperanza y la oscuridad ganan la partida poco a poco. Cada suspiro, cada
respiración, cada temblor, cada ruido que emite nuestro desestabilizado
interior, cada calentura, cada pálpito nos paraliza el organismo que se irradia
de flujo eléctrico paralizante y
ensombrece nuestra razón como si desde un elevado precipicio estuviésemos a
punto de emprender un viaje al abismo.
En pocas jornadas, nuestra insatisfactoria vida rutinaria se ha esfumado
y el anhelo de su retorno se antoja incierto. Conscientes de nuestra frágil
debilidad, de caminar por un alambre cual funambulista, apretamos nuestras
manos fuertemente y suspiramos por cada día traspasado sin novedades. Las
desastrosas y deprimentes imágenes en las que los medios se recrean, cual
buitres que sobrevuelan la presa, nos empequeñecen y nos atolondran. Suspiramos
profundamente desde nuestro aislado encierro voluntario, mientras miramos
desconfiadamente a nuestro alrededor e intuimos tu presencia omnipresente tras
nuestros cristales, contando eternamente las jornadas, esperando impacientes
que de nuevo amanezca.
Aquí
y ahora, 21 marzo 2020
No hay comentarios:
Publicar un comentario