NEGROS NUBARRONES SE CIERNEN SOBRE EL
HORIZONTE.
Duros tiempos de supervivencia para
la población de un planeta ya tocado por una variada sintomatología perversa.
La pandemia de coronavirus es la última prueba, una más, que la naturaleza nos envía como señal de la
ignorada debilidad de una humanidad presa de los designios interesados de una
parte de ella. La crisis humanitaria, solo en ciernes, presagia una hecatombe
de alcance inimaginable y que puede dejar en ridículas las cifras de anteriores
catástrofes y conflictos bélicos. La globalización pasa factura a ese
desarrollismo capitalista infernal que nos hace más vulnerables a este tipo de
desgracias.
El primer mundo, principalmente,
tiembla ante el empuje homicida de un virus (de oscura procedencia) que amenaza
con hacer temblar nuestros pilares existenciales y nuestra propia supervivencia
personal. El tercer mundo, ya ocupado en sus múltiples y cotidianas pandemias
económicas y médicas, asiste desarmado a lo que parece ser se avecina como
puntilla a su delicada existencia.
Los noticiarios catastróficos, con
informaciones verídicas y fabricadas, se encargan de insuflarnos el pánico en
nuestros tuétanos y mostrarnos un futuro apocalíptico. La manera de combatir al
invisible asesino también nos da una dimensión de la madurez de nuestras
sociedades y de la valía de nuestros gobernantes y políticos, en general. Las
sociedades avanzadas (económicamente) no estábamos preparadas para abordar una
crisis de estas características: la improvisación y sobre todo las carencias
resultado de las políticas austericidas y genocidas de gobiernos que
gestionaban principalmente los intereses de los más favorecidos nos han acabado
convirtiendo a los mortales ciudadanos en cobayas y agentes pasivos de
decisiones cambiantes por momentos. De nuevo, como en todas las crisis, los más
perjudicados serán los mismos de siempre. A los que logremos sobrevivir nos
esperan oscuros tiempos y sacrificios aún inimaginables (como si no fuera ya
suficiente lo padecido tras la crisis capitalista de 2008). Ahora, lo
prioritario es seguir adelante, velar por los nuestros y confiar que el paso de
los días atenúe y diluya la acción mortífera de ese virus.
Esta crisis está haciendo aflorar,
como suele suceder en todas, lo mejor y lo peor de nuestra sociedad. Las
actitudes irresponsables de unos cuantos, el síndrome del francotirador desde
algunos balcones son meras anécdotas comparadas con los múltiples ejemplos de
solidaridad activa que, una vez más, fluye desde muchos corazones y que va más
allá del aplauso de las ocho o el canto a coro del Resistiré, y no me refiero a
las hipócritas aportaciones (limosnas) que los ricachones y modernos de moda
hacen de modo público, si no a los silenciosos Compatriotas (éstos sí con
mayúscula) que en su acción van más allá de su egoísmo propio y están pendientes
del vecino necesitado o limitado, procurando una ayuda que los servicios
públicos no llegan a abordar. Suelen ser personas no sobradas de recursos pero
que entienden muy bien un concepto muy manido
hoy en día pero mal utilizado en muchos casos: la solidaridad. Acto de
compartir lo poco que se tiene. De manera totalmente altruista y sin necesidad
de publicitarse. Un acto ejemplar de empatía y de compromiso social. Las redes
están llenas de ejemplos.
A un nivel referencial superior
podemos ver y analizar el comportamiento de los gobiernos en su gestión de la
crisis humanitaria, en relación a sus propios pueblos y a los demás. Por alguna
razón la pandemia se está cebando más en algunos países (Italia, España,…) que
en otros. La incapacidad para dar respuesta inmediata a las necesidades de
prevención y cuidado ha acabado sobrepasando el sistema público de estos países
y ha constatado la necesaria ayuda cooperativa de otros países, sobre todo de
los menos afectados. Y es aquí principalmente donde se ha mostrado la verdadera
cara de cada cual y su papel en la contribución de soluciones. Los gobiernos
capitalistas de Alemania, Holanda, la mayoría de europeos del centro y norte
del continente y sobre todo los EE.UU. y Gran Bretaña han priorizado por una
opción egoísta y nada empática con sus socios del sur: España e Italia
principalmente y mucho menos, por tanto, con pueblos de otra área geográfica.
Se ha desatado una política de rapiñaje alrededor de los medios de prevención y
de tratamiento sanitarios, reteniendo materiales o robándolos directamente,
unos a otros. Está claro que no estábamos preparados ni para una posible
catástrofe de este alcance ni que contáramos con una base productiva y
empresarial que pudiese reaccionar de manera inmediata. Las prioridades y las
orientaciones del mercado iban en otro sentido.
Por otro lado, tenemos el proceder de
otros países con filosofías de base bastante distintas, como el caso de China
que sin titubeos supo reaccionar a tiempo y de manera drástica para contener la
pandemia en su territorio y que ahora capitanea la producción de todo tipo de
materiales y cuya acción va mucho más allá del mero interés egoísta y de
mercadeo capitalista (por mucho que haya de criticable a otros niveles). El
resto del mundo mira hacia sus aeropuertos y puertos con los ojos clavados en
esos, tan cotidianos, contenedores chinos donde ahora llegan los medios para
hacer frente a la pandemia, muchas veces de manera altruista y exclusivamente
solidaria. También envían equipos médicos, con maquinaria y profesionales
especializados. La imagen de los camiones del ejército ruso (el enemigo
comunista) circulando por las calles de Italia llevando materiales y
profesionales sanitarios a las áreas más castigadas del país, también es
bastante expresiva y sintomática. Mientras, el pueblo y el gobierno italiano
siguen esperando la colaboración de sus “socios” europeos y atlantistas, la
llegada de la ayuda y la aplicación de políticas que contribuyan a abordar la
gran crisis social que junto a la médica está provocando esta epidemia. Lo
mismo podemos decir para España.
Pero si hay que poner en valor una
especial contribución y una lección humanitaria y solidaria sin igual es la que
está aportando el pueblo cubano, a través del envío (una vez más) de brigadas
de profesionales sanitarios no solo a países pobres, carentes de medios, que ya
cuentan con la tradicional colaboración cubana (en América Latina o África); si
no que han brindado la participación de sus contrastados profesionales a
cualquier país que lo precise. En un hecho sin precedentes los tenemos actuando
en plena Europa capitalista: en Italia y Andorra, donde son recibidos entre
aplausos por la población y a la espera que gobiernos “falsamente orgullosos”,
como el nuestro, den curso a las muchas peticiones que desde diferentes
territorios se está haciendo reclamando la presencia de estos profesionales
solidarios, bregados en muchas luchas de este tipo por territorios de todo el
planeta, haciendo frente de manera resolutiva a epidemias como el ébola.
Cuba, una vez más, nos muestra el
camino solidario, su capacidad de compartir los escasos recursos que tienen
allá donde sean necesarios. Como forma intrínseca e identitaria de lo que es la
concepción socialista de la sociedad y de la humanidad. Cuando uno comparte lo
poco que tiene es solidaridad, si da algo de lo que le sobra es limosna. 60
años de ejemplo contra viento y mareas, a pesar del genocida bloqueo al que la
administración yanqui los tiene sometidos, en medio de dificultades de todo
tipo que han hecho al pueblo cubano resistente y persistente. Cuba tiene 9
médicos por cada 1.000 habitantes. En la actualidad hay 28.000 médicos cubanos
en 59 países, en 37 de ellos haciendo frente al COVI-19. Especialmente
valorados por su alta capacitación resolutiva acostumbrados a manejarse en
situación de escasez de recursos y de limitaciones de todo tipo, van donde
nadie quiere ir: a las favelas brasileñas, a los barrios marginales y pobres de
Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, a los países más pobres de África, orgullosos
de su cubanidad y de su acción cooperante y solidaria.
Mientras, el guardián de occidente,
pone en marcha todos sus recursos chantajistas y violentos para impedir esta
acción solidaria, obligando a gobiernos títeres, como en Brasil, Bolivia, Ecuador
y otros a renunciar a los miles de médicos cubanos que garantizaban un acceso
sanitario a los más pobres de la sociedad. Además, haciendo gala de su
concepción colonialista de las relaciones internacionales amenaza a empresas y
países para evitar cualquier tipo de relación comercial con Cuba, negando no
solo la llegada de materias primas y suministros esenciales a la isla, si no
acentuando la presión del bloqueo para impedir que lleguen las ayudas envidas
por países hermanos para atender la pandemia en el territorio. A la par que
ponen en marcha una amenazante operación contra Venezuela, reactivan su
presencia en Siria e Irak y movilizan sus tropas, no para ayudar a los países
necesitados por la crisis humanitaria si no para extender su dominio imperialista
aprovechando las circunstancias. Mientras, en su territorio, la mayoría de su
población queda abandonada a merced del virus dando pie a una de las peores
crisis sociales que ha vivido el gigante yanqui. Cuestión de prioridades.
Abril 2020
Hola, Alberto, estoy disfrutando con esta nueva faceta que he comenzado mirándome en tu trabajo. Me gusta leer lo que escribes porque nunca pierdes tu sentido crítico y constructivo. Alabo tu capacidad de entrega, sin decaer. Todo ayuda en esta situación trágica. Gracias por estar y hasta siempre.
ResponderEliminarGracias por tus generosas palabras. Escribo porque es una manera de salir de la cotidianidad y sin esperar grandes resultados por este ejercicio. Desgraciadamente aunque pretendidamente contamos con cientos de "amigos" en las redes cuando escribes algo ves el alcance real de tu acción y te aseguro que es desmoralizante. Por eso me encanta que al menos unos pocos estemos conectados por ese gusanillo y fomentemos la creación relatora. Me gusta (aunque me cuesta) ponerme frente al papel y dejar fluir las palabras. Como verás me encanta fabricar frases complicadas y enrevesadas, incluso "inventar" palabros. Tengo que recuperar también la poesía, que también me encanta. En el libro sobre mi abuelo puse en boca suya un montón de poemas resultado de momentos intimistas y duros. Es un buen ejercicio. Lástima que sea tan perezoso para hacerlo más sistemáticamente, pero hay mucho tiempo. Añoro los tiempos de largas disquisiciones y las noches eternas de charlas e ilusiones. Los tiempos cambian y nosotros con ellos. Pero siempre tendremos algo que contar. Besos a todos. Cuidaros.
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