Mañana se cumplirán 80 años
del golpe de estado fascista que llevó
al derrocamiento por la fuerza de la II República Española. No podemos y no
queremos pasarlo por alto.
Una fecha donde no se dio inicio tan solo a la mal
llamada guerra civil española, como pretendieron hacernos creer los “salvadores
de la patria” que se levantaron, decían, para poner orden frente al caos
republicano, o como erróneamente siguen denominándola muchas personas de
izquierdas e incluso la mayoría de los historiadores y “expertos” en la
materia.
Lo que sucedió fue un golpe de estado
fascista, abanderado por la mayor parte del ejército español y los sectores más
reaccionarios del país: monárquicos y fascistas, caciques, burgueses,
oligarquía agraria y financiera, jerarquía eclesiástica y sectores afines; que
con la ayuda y entrenamiento de decenas de miles de combatientes falangistas y
carlistas preparados para la ejecución del golpe, bastante antes de ese 17 de
julio que lo puso en marcha, así como con la intervención directa de tropas
extranjeras alemanas, italianas y de miles de voluntarios fascistas de toda
Europa, con barcos, aviones y todo tipo
de material armamentístico y con la pasividad cómplice de los demás países bajo
el amparo de una falsa No Intervención, se alzaron en armas contra la legítima
República Española, en una clara expresión del conflicto de clases bien
presente en aquellos momentos, como forma de poner fin al intento de
construcción de una sociedad avanzada, democrática y socialmente, en nuestro
país.
Ese es un hecho objetivo por mucho que quiera desvirtuarse sobre la base
de que posteriormente, tras el fracaso del mismo por la heroica resistencia del
pueblo español, sí se produjo un conflicto bélico tradicional donde acabaron
enfrentándose españoles con españoles, en una confrontación que iba bastante
más allá de una lucha fratricida y que no era más que la preparación y
entrenamiento para lo que después sería la II Guerra Mundial. Donde los
republicanos españoles solo contaron con el apoyo de Méjico, la URSS y las
gloriosas Brigadas Internacionales. Sabemos cómo acabó.
80 años después podemos hacernos muchas
preguntas y podemos analizar y reflexionar sobre lo divino y lo humano. Para mí
una confirmación se eleva por encima de lo demás: el franquismo no ha muerto.
La dictadura se hizo un lifting, la transición se propuso borrar las huellas y
hoy estamos con la realidad que nos encontramos. ¿casualidad?
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