Marchal, Guadix…..memoria.
Días después, resuenan con fuerza las
palabras y los ecos de unos actos de homenaje que, desbordando todas las más
optimistas previsiones, se llevaron a cabo en estos dos municipios. Juntar más
de cien personas en el Marchal, un pueblo que apenas se acerca los quinientos
habitantes, lugar de nacimiento de Manuel Valenzuela Poyatos, el protagonista
eje del argumento de Me Lo Decía Mi Abuelito, es un ejercicio de fortaleza y de
reafirmación tal que difícilmente se haya vivido con anterioridad. Del mismo
alcance se puede considerar el acto de presentación del libro en Guadix donde
más de sesenta personas llenaron el patio del ayuntamiento de “la muy noble y
leal ciudad de Guadix”, en un emotivo acto de un nivel difícilmente visto hasta
la fecha, cuentan los propios del lugar.
Con el paso de las horas va quedando
patente que algo ha cambiado en el sentir colectivo en estas tierras. La dureza
de los relatos de los hijos, nietos y biznietos de los protagonistas directos
de los hechos sobre los que gira el argumento de este libro, amplificada más si
cabe, por un documental autobiográfico sobre Manuel Valenzuela, dejaron
petrificados en sus asientos a los asistentes a los eventos. Las canciones
comprometidas de Gente del Pueblo, Lucía Sócam, Juan Pinilla y David Caro
sirvieron de colofón a un ejercicio de recuperación de la memoria histórica de
Guadix y su comarca largamente postergado y cuya necesidad queda evidenciada
por la respuesta y la acogida, ya no exclusivamente silenciosa o discreta, de
muchas personas que nos paran en la calle y comentan aquellos hechos y
agradecen esta acción provocadora.
Ochenta años después, el colapso
expresivo parece dejar paso al grifo necesario que, poco a poco, abra el caudal
de tanta emoción y dolor contenidos. En un reencuentro de generaciones
herederas, de almas hermanas golpeadas y cercenadas por la represión fascista,
donde con naturalidad y con firmeza se reivindicó la memoria de nuestros
familiares martirizados y se hizo una clara expresión de lectura en clave
futuro, a través de la explicación pública y orgullosa de los compromisos
colectivos que fundamentaron las condenas a muerte de tantos y tantos
republicanos en nuestra comarca y en todo el territorio español, así como a
todo el dolor asociado al genocidio franquista ejecutado tras el 18 de julio de
1936 y el golpe de estado contra la
República, legítimamente constituida y refrendada claramente por la voluntad
popular.
Nos comentan algunas personas, de las llamadas informadas, que algo parece
haber sucedido en el sentir ciudadano, a
resultas de estos actos, que puede marcar un antes y un después alrededor de
estos temas. Con toda seguridad desatará pasiones de todo tipo, voces
defensoras y también detractoras que, un vez más, no aceptarán la libre
confrontación intelectual de las ideas y pretenderán evitar que algo cambie
sobre la hasta ahora, verdad exclusiva, acerca de unos acontecimientos y unas
vivencias de vergüenza colectiva difícilmente soportables y que, por el bien de
todos, deberíamos saber gestionar con respeto y tolerancia; y con el objetivo
primordial de sentar las bases para evitar su repetición.
Debe entenderse la necesidad evidente
de poder cerrar el círculo del duelo por parte de aquellas personas, niños
entonces, nuestros mayores ahora. El silencio, la represión, la mentira y la
negación no pueden enterrar esos sentimientos encontrados, al igual que las
toneladas de tierra que cubren los cuerpos agujereados y maltratados de
aquellos republicanos no consiguieron apagar el eco de su grito liberador. Es
de justicia un afrontamiento terapéutico y social diferente y de manera
valiente, que abriendo las ventanas a los hechos, explique la verdad de lo
acontecido, asuma la vil injusticia que se cometió con tantos cientos de miles
de conciudadanos, repare y los rehabilite a todos los efectos. Solo así y no
con, el hasta ahora, trato despreciativo al colectivo de las víctimas y
familiares de los represaliados por el franquismo, podrá darse el, tan
anhelado, cierre de esta negra página de nuestra historia. También en nuestras
comarcas.
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