martes, 14 de agosto de 2018

La familia sigue creciendo







La familia sigue creciendo.



Abuelo, de nuevo por tu tierra.

Lo que antaño eran vacaciones se ha convertido en una especie de catarsis donde te has transformado en una fragancia o una melodía que va acompañando todos nuestros pasos en estos territorios. Siempre presente y cada vez más visible gracias al rescate de tu memoria a través de hermanos de lectura que emocionadamente transmiten las sensaciones y los recuerdos que les despiertan tus palabras y que refuerzan el rescate de tu nombre y de tu ejemplo. Más de dos años después el libro va pasando de mano en mano y cada día aumenta el número de miembros de esta, nuestra gran familia memorialística. Ayer fue un día especial ya que conocimos a Ventura, Buenaventura Rueda, un Socialista de los de verdad como me decía y una entrañable y agradable sorpresa en este periplo de recorrer tu corta, pero prolífica, biografía.

Oyó tu nombre, el de Ricardo Monleón y del niño Rueda. Tenía once años y fue testigo directo de vuestro encierro en la huerta de los Castañedas. Los tres que tuvisteis el triste privilegio de inaugurar aquella cárcel provisional donde acabaríais acompañados de decenas y decenas de republicanos más. Su familia vivía en la casa de enfrente, les fueron a buscar y a obligarles que rompieran la cerradura de la casa, vacía en aquellos tiempos; y a ser testigos del trasiego de transporte y de desplazamientos, de ir y venir al cuartel y  al instituto donde habían instalado la pantomima de tribunal militar donde se intentaba dar una apariencia legal a su ejercicio genocida de la justicia.

Ventura también fue testigo de cómo sacaban a los detenidos; unos, camino de la Azucarera, los sentenciados a cárcel; y otros hacia la ermita de San Antón, los condenados a muerte. Igual que vio tu llegada presenció tu salida, amarrado junto a otros compañeros más, hacia la ermita. A su lado debía estar tu Mercedes y tus hijos también.

Ventura también recuerda, a pesar de su corta edad, como era la ermita y la prohibición de acercarse por allí. También tiene muy presente a las hileras de republicanos procedentes de la Azucarera, que amarrados trabajaban con picos y palas en todo el paseo hacia la catedral.

Ventura recuerda muchas, muchas cosas que sus ojos inocentes tuvieron que presenciar y que, como la mayoría, ha tenido guardadas en un rinconcito oculto de su memoria por el obligado silencio.

Hoy, casi ochenta años después se emociona y nos contagia con el recuerdo y haciéndote una vez más visible. Sus noventa años no disimulan su vitalidad, su compromiso y sus energías para seguir explicando sus vivencias a quien le quiera escuchar. Estamos de acuerdo en lo importante que es mantener viva vuestra memoria y reivindicar vuestra honestidad. Sin pensárselo se ha ofrecido a colaborar en el nuevo libro que estoy preparando. Lo hemos comprometido, aunque le da reparo el estar de cara al público, para formar parte activa en la presentación que se haga en Guadix. 

Ventura y los suyos que con pasión devoran y difunden nuestros escritos se unen a los muchos que formamos parte de esta gran familia: la de los que perdimos la guerra, fuimos represaliados y perseguidos, a los que nos intentan silenciar pero que seguimos presentes elevando nuestras voces por encima de tanta adversidad. No podrán con nosotros.

Te dejo, estoy en plena vorágine de búsqueda de información y de superación de adversidades, de propios y de extraños. En un par de días nos vemos en la fosa. Como cada año pasaremos a adecentar aquello y a saludar a los nuestros. Te queremos.



Guadix, 14 de agosto de 2018

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