Abuelo, de nuevo por tu tierra.
Lo que antaño eran vacaciones se ha convertido en una especie
de catarsis donde te has transformado en una fragancia o una melodía que va
acompañando todos nuestros pasos en estos territorios. Siempre presente y cada
vez más visible gracias al rescate de tu memoria a través de hermanos de
lectura que emocionadamente transmiten las sensaciones y los recuerdos que les
despiertan tus palabras y que refuerzan el rescate de tu nombre y de tu
ejemplo. Más de dos años después el libro va pasando de mano en mano y cada día
aumenta el número de miembros de esta, nuestra gran familia memorialística.
Ayer fue un día especial ya que conocimos a Ventura, Buenaventura Rueda, un
Socialista de los de verdad como me decía y una entrañable y agradable sorpresa
en este periplo de recorrer tu corta, pero prolífica, biografía.
Oyó tu nombre, el de Ricardo Monleón y del niño Rueda. Tenía
once años y fue testigo directo de vuestro encierro en la huerta de los
Castañedas. Los tres que tuvisteis el triste privilegio de inaugurar aquella
cárcel provisional donde acabaríais acompañados de decenas y decenas de
republicanos más. Su familia vivía en la casa de enfrente, les fueron a buscar
y a obligarles que rompieran la cerradura de la casa, vacía en aquellos
tiempos; y a ser testigos del trasiego de transporte y de desplazamientos, de
ir y venir al cuartel y al instituto
donde habían instalado la pantomima de tribunal militar donde se intentaba dar
una apariencia legal a su ejercicio genocida de la justicia.
Ventura también fue testigo de cómo sacaban a los detenidos;
unos, camino de la Azucarera, los sentenciados a cárcel; y otros hacia la
ermita de San Antón, los condenados a muerte. Igual que vio tu llegada
presenció tu salida, amarrado junto a otros compañeros más, hacia la ermita. A
su lado debía estar tu Mercedes y tus hijos también.
Ventura también recuerda, a pesar de su corta edad, como era
la ermita y la prohibición de acercarse por allí. También tiene muy presente a
las hileras de republicanos procedentes de la Azucarera, que amarrados trabajaban
con picos y palas en todo el paseo hacia la catedral.
Ventura recuerda muchas, muchas cosas que sus ojos inocentes
tuvieron que presenciar y que, como la mayoría, ha tenido guardadas en un
rinconcito oculto de su memoria por el obligado silencio.
Hoy, casi ochenta años después se emociona y nos contagia con
el recuerdo y haciéndote una vez más visible. Sus noventa años no disimulan su
vitalidad, su compromiso y sus energías para seguir explicando sus vivencias a
quien le quiera escuchar. Estamos de acuerdo en lo importante que es mantener
viva vuestra memoria y reivindicar vuestra honestidad. Sin pensárselo se ha
ofrecido a colaborar en el nuevo libro que estoy preparando. Lo hemos
comprometido, aunque le da reparo el estar de cara al público, para formar
parte activa en la presentación que se haga en Guadix.
Te dejo, estoy en plena vorágine de búsqueda de información y
de superación de adversidades, de propios y de extraños. En un par de días nos
vemos en la fosa. Como cada año pasaremos a adecentar aquello y a saludar a los
nuestros. Te queremos.
Guadix, 14 de agosto de 2018
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