Cuando no estaba de moda.
He leído que “cuando no estaba de
moda” hablar de Recuperación de la Memoria Histórica, allá por el 2004, ya
había en Andalucía grandes estudiosos que dedicaban sus energías a ello. No sé
si es cuestión de modas o de dineros para buscar a tus familiares, como dice
algún facineroso relevante, lo que está claro es que muchas personas, entre
ellas muchos familiares, llevamos ya
décadas detrás de rescatar a los nuestros del olvido, hacerlos visibles y
trabajar para su rehabilitación personal y profesional. Por desgracia, el
acceso a la información nos ha estado
siempre restringido, solo ha estado al alcance de unos pocos y no ha sido hasta
fechas recientes que han llegado a nuestras manos copias de los sumarios o de
las sentencias de los nuestros.
A pesar de las dificultades desde
hace ya bastante tiempo y paralelamente a ese gran trabajo de investigación y
recuperación de información realizada por el mundo académico fundamentalmente,
multitud de asociaciones y ciudadanos a título personal han estado trabajando
en ello. En nuestra familia, por ejemplo, ya en el año 1980 editamos un pequeño
libro LO QUE UN PUEBLO NO SABE donde explicábamos desde las limitaciones del
que lo hace todo desde el corazón y que ha sido el preludio de ME LO DECIA MI
ABUELITO, publicado este años 2016 y que ya lo hace en unas condiciones mucho
más presentables.
Nada más restaurada la “democracia” y
especialmente en Andalucía comenzaron a prodigarse los relatos familiares sobre
l@s represaliad@s por el franquismo en nuestros pueblos, los intentos de recuperación de víctimas y la búsqueda e
identificación de familiares desaparecidos. También es cierto que se hicieron
grandes estudios y grandes compilaciones de datos y nombres de represaliados.
Sin embargo, se echa a faltar, incluso hoy 40 años después, una acción
planificada y organizada que aglutinase todos esos esfuerzos y sirviese de
ayuda efectiva a los que siguen intentando localizar a los suyos. Esto podría
ser justificable en Comunidades y administraciones
que han estado durante estos años bajo la gestión “antimemoria” de los partidos
y fuerzas derechistas. Lo que resulta de más difícil comprensión es que en
otras, como la Comunidad Andaluza gobernada ininterrumpidamente por gobiernos
“progresistas”, a fecha de hoy sigamos así.
Sí, no faltan los actos oficiales de
homenaje y de celebración, ni los congresos, jornadas y debates de estudiosos y
doctos en materia, pero nuestras calles y plazas siguen plagados de monumentos,
placas, recordatorios y dedicaciones a los “vencedores” y que de manera
incomprensible se van perpetuando como elemento vergonzante, insultante para
las víctimas y sus familias y como prueba fehaciente que queda mucho por hacer.
La recuperación de la Memoria
Histórica va mucho más allá de los libros, las bibliotecas, las fotos y
reportajes autocomplacientes, la colocación de alguna placa y las declaraciones
de buenas voluntades e intenciones tan al uso. Existe una ley de Memoria
Histórica y una multitud de resoluciones adoptadas por diferentes instituciones
y administraciones pendientes de su cumplimiento. Franco y los suyos siguen
ocupando lugares de honor en muchos municipios y quizá “la moda” que debería
adoptarse ahora es hacer efectiva y evidente la apuesta por esa normalización.
La entrega de medallas podemos dejarlo para después.
1 de agosto de 2016
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