viernes, 14 de diciembre de 2018

ARRUGAS, CANAS,…., DIGNIDAD.


ARRUGAS, CANAS,…., DIGNIDAD.

Vivimos tiempos convulsos. Lo peor de la crisis ha pasado, dicen. El coste está amortizado, dicen. Los grandes problemas actuales son más profundos, dicen. Los pajaritos cantan y las nubes se levantan. Tras los grandes titulares televisivos y las grandilocuentes palabras de unos y otros; en nombre pretendidamente de todos nosotros nos señalan las pautas de los acontecimientos y como directores de orquesta marcan el compás para que bailemos en su fiesta nacional. Unos y otros.

Mientras compiten por ver quién concentra más banderas y participantes por metro cuadrado o haber quién la tiene más grande (la bandera, claro); unas cuantas personas valientes, semana tras semana, desde hace muchos meses, pasean sus arrugas y sus canas, marea tras marea, marcha tras marcha, reivindicando unos derechos básicos pisoteados y no recuperados tras el genocidio económico de los últimos diez años que ha multiplicado las cifras de desamparados y de excluidos sociales.

Con frío o calor, con cansancio, rabia y frustración acumuladas; pero, con una enorme dignidad, muchos de nuestros mayores, nuestros yayos y yayas, muchas veces desde la soledad y el abandono por parte de los que deberían abanderar esas reivindicaciones, han sacrificado su tranquilidad, su comodidad, a sí mismo y a los suyos para intentar hacer visible en nuestras calles, la dura realidad de muchos de sus conciudadanos y las tragedias que se viven, aún hoy en día, en muchos hogares.

Trascendiendo, la mayoría de veces su propia situación, reivindican derechos fundamentales para todos, tan descabellados como pedir una jubilación, un trabajo, una sanidad, una educación dignas y nos dan un ejemplo de compromiso inconmensurable. No saben hacer otra cosa. Son los mismos que años atrás tuvieron que romperse la cara contra el franquismo, los que tuvieron que batallar en las fábricas y en los barrios y que forzaron la consecución de esos derechos humanos básicos pero fundamentales que los gobiernos neoliberales, de un color y de otro, han mandado al traste en los últimos años.

Quizá no sean grandes entendidos de la macro y la microeconomía, de las coyunturas y demás monsergas tertulianas con que nos aburren y nos adormecen desde las altas esferas. Desde su humildad, desde su sencillez, desde el compromiso activo y real, desde su coherencia sólo entienden una cosa: la lucha es el único camino.  Si los ves…únete. Es por ti, por mí, por todos.

diciembre 2018

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