IMPERIALISMO 2.0: NO GRACIAS.
Hablar de imperialismo en tiempos de modernidad y de
revolución tecnológica como son los actuales, eludiendo las convenciones
establecidas y utilizando, dicen, un lenguaje arcaico y caduco, ñoño y vintage,
trasnochado y no adaptativo, para describir la realidad actual, es para los
nuevos “portavoceroautorizados”, tanto de la ciencia política como de la
parapsicología tertulianológica, poco menos que un síntoma patológico de un
peligroso virus izquierdista que haciéndose resistente a
los antibióticos prosistema se niega a encerrar en el cajón de los tiempos, la
literatura y el lenguaje del pernicioso marxismo.
Los tiempos han cambiado, nos dicen. Hacer referencia a Marx,
Engels y no digamos a Lenin no tiene sentido, está superado. Hay que
evolucionar. Sin embargo, cada vez que la “depre pesimista-realista” me invade,
tengo la penosa distracción y costumbre malsana de rebuscar en mi extensa
biblioteca y sacar alguno de esos textos. Llámalo masoquismo.
Últimamente me ha dado por releer escritos sobre el imperialismo
de V.I. Lenin y puedo juraros por mis chiquillos que me quedo anonado por la
vigencia actual de muchas de sus palabras. Algo muy similar me sucedió cuando,
un tanto inquieto por las noticias que van apareciendo sobre Cuba y la
actualidad de su proceso político, la curiosidad me hizo volver los pasos hacia
mi tesoro literario y rescatar algún que otro documento del pasado, principalmente
de Fidel Castro y de Ernesto Ché Guevara.
En tiempos revueltos, de cambios inciertos me gusta leer todo
lo que se va publicando pero también echar una mirada a tiempos pretéritos para
huir un poco de la superficialidad y la banalidad con la que se abordan
determinados debates. Cuando me da, me desahogo ante un papel para desprenderme
un poco de la carga negativa acumulativa que tiene “tanta buena noticia” y
aunque bastante antisocial (en términos psicológico-adaptativos) me gusta
conversar con amigos y personas con las que comparto “delirios utópicos”. De
este modo y casi sin proponérmelo me he encontrado recogiendo en un pequeño
libro el espíritu inicial que sentó las bases del proceso revolucionario
cubano, de la mano de uno de sus forjadores originarios, el moncadista Pedro
Trigo López, con el que tengo amistad desde hace ya unos años. CONVERSANDO CON PEDRO TRIGO LÓPEZ: SEMILLA
DE REVOLUCIÓN es nuestra criatura.
Sobre la base, compartida por ambos, que no se pueden
afrontar los nuevos tiempos de espaldas a la historia. Ante el desembarco
mediático-propagandístico del coloso yanqui, ahora “amigo”; ante el posible
exceso de expectativas irreales y todo lo que lleva asociada esta nueva
coyuntura; resulta evidente la necesidad de rescatar y
divulgar el cómo y el porqué Cuba representa un ejemplo de dignidad y de
orgullo. Las nuevas generaciones de jóvenes cubanos que disfrutan de los logros
aportados por la Revolución Cubana durante estas décadas deben conocer todo el
proceso histórico para poder comprender y actuar de una manera coherente en los
momentos actuales.
Y entender los peligros existentes: aunque el imperialismo se vista de seda…….
Esta realidad ha movido a Pedro Trigo a tirar adelante este
proyecto, a aceptar mi propuesta y dar luz a CONVERSANDO
CON PEDRO TRIGO LÓPEZ: SEMILLA DE REVOLUCIÓN como manera de reafirmar su
compromiso revolucionario y de compartir con todo el mundo la experiencia y
vivencias de este revolucionario cubano, cofundador del glorioso Movimiento 26
de Julio junto a Fidel Castro y Abel Santamaría, allá en los meses previos de
lo que sería el asalto al cuartel Moncada, en Santiago de Cuba.
Pedro Trigo es de los combatientes que no se conforman con que se les asigne un mero
papel testimonial en la historia y de ahí su resistencia a jubilarse de la
lucha.
CONVERSANDO CON PEDRO
TRIGO LÓPEZ: SEMILLA DE REVOLUCIÓN, además de ser un homenaje a los moncadistas y luchadores que
entregaron su vida con generoso esfuerzo a lo largo de todo el proceso
liberador cubano, de ser también un acto de justicia con el propio Pedro Trigo
que siempre se ha resistido a este tipo de protagonismo y que sin duda merece,
queremos que sea una herramienta de trabajo, una excusa para que, a través de
las presentaciones y actividades que se organicen , podamos reflexionar y
aportar nuestra miguita solidaria internacionalista al pueblo hermano de Cuba
y, por ende, a nuestros propios procesos políticos tan necesarios de voces
sabias y autorizadas como la de Pedro Trigo y de que a las cosas se las llame
por su nombre.
Aunque para algunos ya no esté de moda.
Alberto Valenzuela
17 septiembre 2016


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